GEOLOGÍA

Sepa qué es lo que hace temblar a la Antártida desde agosto

Hace cinco meses son casi permantentes los movimientos de tierra; el sábado se registró un terremoto de 7,5 de magnitud

Base Artigas. Foto: archivo El País.
Base Artigas. Foto: archivo El País.

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"Enjambre sísmico”. Ese es el término que utilizó la geóloga Leda Sánchez, investigadora del Área Geociencias de PEDECIBA y de Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, sobre la ocurrencia casi permanente de eventos sísmicos en la Antártida desde agosto de 2020. Solo el 23 de enero de 2021, el sismógrafo del Observatorio Geofísico de Uruguay registró 14 movimientos: el más importante tuvo una magnitud de 7,5 (lo que se considera “mayor”), mientras que el menor fue de 3,5. Pero, desde el primer día, la dotación de la Base Científica Antártica Artigas (primero la de invierno y ahora la de verano) ha tenido que soportar “miles y miles” de terremotos de diferente gravedad. Hubo días con hasta 500 eventos.

“La cuenca Bransfield –una incipiente dirsal oceánica– se está abriendo. Hay volcanes asociados a esta apertura y hay periodos en los que hay estos enjambres sísmicos”, explicó la experta.

Esta se ubica entre el archipiélago de las Islas Shetland del Sur –donde se ubica la isla Rey Jorge y en ella la base– y el margen de la Península Antártica.

En el pasado agosto el más grave fue de 5,1 en la escala Richter. El epicentro de esos eventos se determinó entre 18 y 22 kilómetros de la base. Para noviembre se notó una reducción de los movimientos diarios. Pero ahora volvieron los temblores fuertes. La buena noticia es que el epicentro del terremoto de 7,5 estuvo más alejado de la infraestructura uruguaya.

Elbio Rubio, jefe de la base, señaló a El País que “todo el personal y las instalaciones edilicias están bien”. La dotación de verano incluye 17 personas entre grupo de trabajo y científicos.

Ante la actividad sísmica, es rutina verificar que no haya ninguna parte dañada en las construcciones. Y, además, se tiene definido un plan de evacuación, si se corre peligro de vida por terremoto o por tsunami. Si esto sucediera y, dependiendo del clima, se evacuaría desde el aeropuerto hacia Punta Arenas (Chile).

Al respecto de la dotación, Sánchez expresó: “Lo que importa es llevarle tranquilidad a la gente de la base. La valentía de quienes estuvieron hasta diciembre se merece un reconocimiento por estar ahí sin cultura sísmica. Esas nueve personas quizás son los uruguayos que han vivido más terremotos en el mundo”.

Un enjambre sísmico difiere de los grandes terremotos que acostumbran a seguir un patrón: un fenómeno intenso, el seísmo principal, seguido de réplicas cuya magnitud y frecuencia van disminuyendo a lo largo del tiempo. Los enjambres, en cambio, constan de cientos o miles de pequeños o moderados terremotos, de intensidad similar. La mayoría de los enjambres duran horas, días o meses.

El sábado 23, a unos 2.400 kilómetros de la Antártida, se sintió un sismo de 5,9 en la zona central de Chile. ¿Casualidad o un evento desató el otro? Sánchez indicó que se desconoce si existe una conexión pero no hay que olvidar que las placas tectónicas son “como un rompecabezas” y siempre están en movimiento.

“Muchas veces se rompe en un lado y se empiezan a generar tensiones y procesos en otro lado que pueden estar vinculados o no a un evento importante o a un desplazamiento importante, ya sea porque una corteza se mete por debajo de la otra, se abre o se desplaza de forma horizontal. Se sabe que todo se mueve y que los movimientos importantes se acomodan por otros movimientos. Esos movimientos generan rupturas y esas rupturas generan una liberación súbita de energía que son los terremotos”, explicó a El País.

Los datos se conocen porque el Observatorio Geofísico de Uruguay tiene instalado allí un sismógrafo que, por el momento, funciona de forma correcta. Este fue colocado en marzo de 2020, antes de que se decretara la emergencia sanitaria por la pandemia por COVID-19. No obstante, pronto dejó de transmitir información por problemas satelitales y se perdió la conectividad. “La recuperamos el 7 u 8 de agosto. Justo”, contó Sánchez. Esto permite que el personal de la Base Científica conozca la gravedad del problema.

Falta de presupuesto para el observatorio.

El Observatorio Geofísico de Uruguay cuenta con una red de sensores sísmicos, seis acelerómetros y tres sismómetros de banda ancha en estaciones del Instituto Geográfico Militar, comisarías del interior, estaciones permanentes GPS y de la Red Geodésica Nacional Activa. El observatorio participa de un convenio de colaboración con China y Brasil que permitirá la conexión de otros acelerómetros. No obstante, en el presente, solo cuatro estaciones están en funcionamiento. “El mantenimiento el año pasado lo banqué todo yo”, dijo la geóloga Leda Sánchez. Hasta 2018, Antel colaboraba con routers y chips pero no han vuelto a ayudar con el presupuesto. Esta ocurrencia de terremotos en la Antártida le valió a Sánchez una reunión con el presidente Luis Lacalle Pou el año pasado y un compromiso para fortalecer la red de monitoreo que, hasta ahora, no ha tenido ningún avance.

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