NATURALEZA

Cómo una bióloga uruguaya pretende salvar a los pingüinos

Experta monitorea su reproducción y alimentación en la base antártica Artigas; estudia tres especies: adelia, papúa y barbijo

Los pingüinos adelaida encontrados en las islas Danger. Foto: AFP
Los pingüinos adelaida encontrados en las islas Danger. Foto: AFP

Cada 20 de enero es el Día de la Concienciación por los Pingüinos. Ese día es necesario porque muchas de las 18 especies de estas aves, desde el gran emperador hasta el pingüino pequeño de Australia, están amenazadas por el cambio climático y la actividad humana y cada año que pasa hay menos ejemplares en las colonias.

Eso es lo que estudia la bióloga Ana Laura Machado en la fría Antártida desde donde habló con El País: monitorea las poblaciones de las especies adelia, papúa y barbijo, las tres que habitan en las islas Shetland del Sur, el archipiélago donde se ubica la isla Rey Jorge y en ella la Base Científica Antártica Artigas.

De estos tres grupos, los adeila y los barbijo corren con menos suerte que los papúa. En las diversas expediciones científicas en las que ha participado Machado como Jefa del Departamento de Ciencias del Instituto Antártico Uruguayo (IAU) se ha registrado un descenso de sus poblaciones. Una explicación se debe a esta cadena de eventos: debido al calentamiento del océano (en febrero de 2020 la Antártida alcanzó los 18,3ºC, según las mediciones de la base argentina Esperanza), hay menos hielo; como hay menos hielo, hay menos algas que crezcan por debajo; y como hay menos algas que crecen por debajo, el krill no tiene alimento y, sin el krill, los pingüinos adeila y barbijo tienen menos comida. Con menos hielo y menos comida, la reproducción se vuelve cada vez menos exitosa. A esto también se suma la sobrepesca del crustáceo.

Una reciente expedición de dos universidades de EE.UU. relevó que las colonias de pingüinos barbijo han pasado de 122 mil parejas reproductoras a 52 mil en los últimos 50 años. “Las disminuciones que hemos visto son definitivamente dramáticas”, dijo a Reuters Steve Forrest, un biólogo conservacionista que formó parte del estudio.

En cambio, la población de papúa registra un leve aumento. “Tiene la capacidad de adaptarse a comer otras cosas, como peces. Tiene menos restricciones en cuanto al hielo marino, más capacidad para adaptar su fecha de reproducción ˗lo hace cuando hay más nieve˗. Tiene más plasticidad para adaptarse a la situación”, apuntó Machado. Y añadió: “Está siendo más exitosa. Las otras especies este año van a poner menos huevos”.

El estudio de Machado, también investigadora de PEDECIBA Geociencias, toma a los pingüinos como “centinelas”; es decir, como son “predadores tope” pueden ser utilizados como indicador de cómo está el ambiente marino. Con este objetivo, la bióloga realiza censos poblacionales: cuenta la cantidad de parejas reproductoras ˗–son especies monógamas–, los nidos, los huevos y los pichones nacidos y sobrevivientes al final del verano. Esta información se relaciona cada año con la cantidad de krill disponible y así se conoce si se reducen las colonias y si tienen menos alimento.

Los pingüinos de estas tres especies llegan a tierra entre setiembre y octubre para reproducirse. Ponen dos huevos y los incuban por aproximadamente 30 días. La pareja se alterna en la tarea. Los pichones son cuidados por sus padres por un mes; después viene la fase que se conoce como “guardería”, que es la actual, en la que las aves ya están más grandes y se reúnen para ser alimentadas. Para finales del verano ya son juveniles. Y todos vuelven al mar.

La investigación incluye la colocación de un GPS a cada ejemplar que registra los puntos donde van a comer en la bahía, así como los comportamientos asociados a la alimentación: cuánto bucean, cuánto nadan y cuán profundo bajan en el mar. Mediante análisis de sangre luego es revisado su estado de salud.

Estos datos son cruzados con la presencia de barcos en la zona. “Este año es particular porque prácticamente no hay barcos con esto de la COVID-19; no hay ni turísticos ni logísticos. La cantidad de embarcaciones venía aumentando año a año, así que ahora vamos a poder determinar si hay interferencia en los viajes de alimentación”, explicó.

A priori se puede entender que menor presencia humana, menor ruido bajo el agua y menos movimiento son condiciones favorables para los pingüinos, pero el estudio llegará a una conclusión al respecto.

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