CIENCIA

Sismos en Uruguay: una vulnerabilidad desatendida

El Observatorio Geofísico se inició hace 10 años en un país que descree de los terremotos

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El Instituto Astronómico y Geofísico de la Universidad de San Pablo prestó el primer sismómetro por dos años en 2012. Foto: Leda Sánchez

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Eran las 00.20 del 5 de junio de 1888. Durante un momento que pareció eterno, todo tembló. Era un sismo de magnitud estimada 5,5 –considerado moderado– en la escala Richter al que le siguieron varias réplicas. El epicentro no fue San Francisco ni Haití ni Japón: fue a 14 kilómetros al suroeste de Colonia. “Si se repitiera un sismo como el de 1888 es seguro que tendríamos muchas instalaciones con problemas muy, muy serios”, dijo Leda Sánchez, geóloga y presidenta del Consejo Directivo del Observatorio Geofísico de Uruguay.

Ese no fue el único. Hubo otros el 9 de agosto de 1848, el 14 de enero de 1884, el 4 de enero de 1948, el 26 de junio de 1988, el 10 de enero de 1990, el 23 de marzo de 2016, el 24 de noviembre de 2016 y el 4 de setiembre de 2017. Estos fueron los eventos más significativos porque, lejos a lo que se cree, la tierra se mueve bajo Uruguay.

“La probabilidad de ocurrencia de sismos es baja, pero no es cero. Hay sismos históricos que fueron importantes y que seguramente pueden volver a ocurrir. No sabemos cuándo; puede ser mañana o dentro de 200 años. Es necesario investigar”, indicó.

Sánchez lo ha estado haciendo desde el 12 de enero de 2010. Ese día, Haití fue azotada por un devastador terremoto que mató a decenas de miles de personas y dejó a muchos más sin techo. Duró solo 35 segundos pero sus cicatrices aún se pueden ver.

“La probabilidad de ocurrencia de sismos es baja, pero no es cero. Hay sismos históricos que fueron importantes y que seguramente pueden volver a ocurrir. No sabemos cuándo; puede ser mañana o dentro de 200 años. Es necesario investigar”

Leda SánchezGeóloga

“Al ver la vulnerabilidad de la población, la falta de toma de conciencia, el dolor de ver la devastación, me pregunté qué nos pasaría a nosotros frente a un evento sísmico, qué nos pasaría si se repite un sismo como el de 1888. ¿Cómo hacemos acá, si desde la escuela te enseñan que no hay sismos? ¿Cómo explicamos que es importante medir la actividad sísmica natural? ¿Cómo enseñamos que algunas cosas no son culpa de la suerte o mágicas sino que se deben a movimientos del suelo y que, aunque no estamos en zona de convergencia de placas, igual hay sismos?”, increpó.

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El sismómetro es un instrumento para medir terremotos o pequeños temblores provocados por el levantamiento de placas tectónicas: Foto: Leda Sánchez

A juicio de la experta, Uruguay es un país vulnerable, en particular, por los daños materiales que provocaría un terremoto en edificios, casas antiguas, estructuras industriales y granjas eólicas, los que son “muy frágiles a movimientos del terreno”. Hay que recordar que no hay estudios sobre riesgo sísmico en el país. “La ONU sugirió un proyecto sobre este tema para los países del Atlántico sudamericano hace algunos años. Pero Uruguay optó por cambiar y hacer otro proyecto sobre riesgo del agua. El riesgo sísmico quedó para más adelante”, apuntó. Y remató: “No hay cultura de que esto pueda ser importante en Uruguay”.

La historia del Observatorio Geofísico de Uruguay comenzó a pulmón. El camino desde 2010 fue “duro, muuuuuuuuy difícil”, en palabras textuales de Sánchez. Al principio, “si no estaba loca, era border” como dijo el expresidente José Mujica sobre ella cuando pidió financiamiento para la compra de equipos. La ayuda vino de afuera: el Instituto Astronómico y Geofísico de la Universidad de San Pablo prestó un sismómetro por dos años en 2012. “Había que formar gente y mostrar lo que hacíamos; demostrar para qué servía y que no era el capricho de una loca (op cit Mujica)”, contó.

A partir de 2015, se contó con el apoyo del Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) luego de los eventos del 23 de marzo y el del 24 de noviembre, ambos de 2016. Por el primero se registró un sismo en la zona entre Punta de Lobos y Punta del Tigre, en la costa oeste de Montevideo, por el que vibraron techos y paredes, se rompieron vidrios y se rajaron planchadas; en la otra fecha hubo un movimiento que fue sentido en “gran parte” de Montevideo y en el sur de Canelones.

En tanto, la Dirección Nacional de Minería y Geología adquirió 14 acelerómetros para monitoreo de canteras, detección de voladuras ilegales o voladuras mal hechas a fines de 2015 y Pedeciba Geociencias financió el 80% de un sismómetro. Brasil prestó otros dos y Sinae financió la conectividad. A la par fueron llegando los estudiantes de la Facultad de Ciencias.

Hoy el Observatorio Geofísico de Uruguay cuenta con una red de sensores sísmicos, seis acelerómetros y tres sismómetros de banda ancha en estaciones del Instituto Geográfico Militar, comisarías del interior, estaciones permanentes GPS y de la Red Geodésica Nacional Activa. El observatorio participa de un convenio de colaboración con China y Brasil que permitirá la conexión con cinco acelerómetros más. Se tiene planificada, además, la instalación de otro en la Base Científica Antártica Artigas. “Nosotros hacemos la instalación y la construcción de los nichos: desde la mezcla hasta colocar el instrumento y dejarlo funcionando”, relató la experta.

“El primer registro de actividad sísmica (en Uruguay) fue el 9 de agosto de 1848, hace unos 171 años. Podría ser que la recurrencia sea de 200 años, o más, o menos; pero no hay registros escritos anteriores. Ni estudios suficientes para estimar. Por lo que decir un ciclo, hoy, es pura especulación"

Leda SánchezGeóloga

Y añadió: “Con el paso de los años se nos han descompuesto muchos equipos. El paradigma es en Aiguá donde por la calidad de la red eléctrica rural hemos perdido muchos y que, obviamente, no los puedo reemplazar. El Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba) me financió tres sensores de muy bajo costo como para cubrir aquellas estaciones donde el equipamiento había dejado de funcionar; yo compré dos más”.
Ahora no funcionan un riómetro (instrumento que mide cambios en la absorción ionosférica de ondas electromagnéticas) y varios magnetómetros (aparato que mide la inducción de un campo magnético).

A pesar de los avances, no se tiene un historial de registros instrumentales con los que se pueda estudiar qué sucedió antes y así inferir qué podría ocurrir en el futuro. Tampoco se tiene hecho un estudio que muestre “ciclos”. Por ejemplo, estudios sugerían que un sismo importante estaba por ocurrir cerca de Haití, donde ya se habían registrado eventos 240 años, y que fueron desatendidos por el gobierno.

Sánchez es geoóloga y no sismóloga, pero el proyecto que dirige la convirtió  en la principal referente local en sismos. Foto: F. Ponzetto
El terremoto de Haití llevó a Leda Sánchez a monitorear la actividad magnética y sísmica de Uruguay. Foto: F. Ponzetto

“El primer registro de actividad sísmica (en Uruguay) fue el 9 de agosto de 1848, hace unos 171 años. Podría ser que la recurrencia sea de 200 años, o más, o menos; pero no hay registros escritos anteriores. Ni estudios suficientes para estimar. Por lo que decir un ciclo, hoy, es pura especulación”, explicó Sánchez a El País.

Y apuntó: “Los sismos no matan. Matan los edificios y estructuras que aplastan a las personas. Lo que se precisa son normas de construcción que soporten movimientos equivalentes a la mayor magnitud esperable de un sismo. El riesgo existe. Se debe tomar una decisión sobre cómo se lo gestiona. Eso es diferente a decir que no existe y que luego nos tome por sorpresa”.

Haití conmemora 10 años del terremoto

Durante unos 35 largos segundos, un terremoto de magnitud 7 transformó Puerto Príncipe y las ciudades cercanas de Gressier, Leogane y Jacmel en ruinas polvorientas, matando a más de 200.000 personas e hiriendo a otras 300.000. Más de 1,5 millones de haitianos quedaron sin hogar ese día de enero de 2010, dejando a las autoridades de la isla y a la comunidad humanitaria internacional ante un desafío colosal en un país que carece de un registro de tierras o de reglas de construcción.
“Ha sido una década perdida, totalmente perdida”, dijo el economista haitiano Kesner Pharel. “La capital no ha sido reconstruida, pero nuestra mala gobernanza no es responsabilidad exclusiva de las autoridades locales; a nivel internacional no hemos visto un mecanismo para administrar la ayuda que permita que el país se beneficie”. El terremoto destruyó edificios públicos y el 60% del sistema de salud.

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