Por primera vez en su historia, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de la República (Udelar) incorporó una materia electiva dedicada a la Arquitectura Espacial, una disciplina que estudia cómo diseñar hábitats y espacios habitables fuera de la Tierra.
El curso, dictado por los arquitectos Gastón Ibarburu y Lucía Nicotera, busca acercar a los estudiantes uruguayos a un área de conocimiento que gana relevancia a nivel internacional a medida que avanzan los programas de exploración lunar y marciana.
“Cuando hablamos de arquitectura espacial, en el fondo seguimos hablando de arquitectura: imaginar cosas que todavía no existen y encontrar la manera de traerlas a la realidad. La diferencia es que se trabaja en otro contexto y bajo otras restricciones, fuera del planeta Tierra”, explicó Ibarburu, arquitecto y maestrando en Ingeniería Física, que se desempeña como profesor del Instituto de Proyecto y del Instituto de Tecnología en la FADU.
La iniciativa surgió luego de la participación de ambos docentes en congresos y simposios internacionales sobre la temática. En 2024 y 2025 presentaron trabajos en encuentros especializados en Italia y República Checa y tomaron contacto con investigadores y universidades que ya cuentan con programas de formación en Arquitectura Espacial.
A partir de esa experiencia, impulsaron la creación de la materia dentro del Instituto de Proyecto de la facultad. Además, en el marco del Instituto Universitario del Espacio de Udelar que ambos integran, una convocatoria financiada por la Embajada de Estados Unidos permitió traer a Uruguay al especialista Georgi Petrov, cuya visita se convirtió en una de las actividades inaugurales del año académico de la facultad.
Un tema nuevo que despertó interés más allá de Arquitectura
Si bien la propuesta fue aprobada rápidamente por la facultad, los docentes reconocen que la convocatoria inicial representó un desafío debido al desconocimiento que existe sobre la disciplina.
“Parte de la dificultad fue que es un tema muy nuevo. Cuando uno ve el nombre de otras materias ya tiene una idea de qué tratan, pero en este caso los estudiantes no tenían antecedentes ni referencias previas”, señaló Nicotera, que es miembro del CIDAE (Centro de Investigación y Difusión Aeronáutica-Espacial).
Sin embargo, la experiencia reveló un interés inesperado por parte de estudiantes de otras áreas. Según los docentes, hubo consultas desde las facultades de Ciencias y Química, así como de integrantes de la Fuerza Aérea.
Por razones administrativas, en esta primera edición la materia solo pudo ser cursada por estudiantes de Arquitectura, pero los responsables planean abrirla a otras carreras en futuras instancias.
“La interdisciplina es clave. La arquitectura espacial se enriquece enormemente cuando participan ingenieros, médicos, químicos o especialistas de otras áreas. Los mejores resultados aparecen cuando diferentes disciplinas trabajan juntas”, afirmó Ibarburu.
Diseñar para vivir en Marte
La primera generación está integrada por ocho estudiantes avanzados de la carrera, quienes deben desarrollar proyectos arquitectónicos ubicados en el cráter Jezero de Marte, uno de los sitios de mayor interés científico para las agencias espaciales internacionales.
Los trabajos debieron responder a desafíos concretos que enfrentaría cualquier asentamiento humano fuera de la Tierra. Entre ellos, la necesidad de minimizar el peso de los materiales, proteger a los habitantes de la radiación cósmica y de los micrometeoritos, garantizar la presión atmosférica adecuada y aprovechar recursos disponibles en el lugar.
“En el espacio hay que contar hasta el último átomo de materia que se utiliza, porque transportar un kilogramo desde la Tierra requiere enormes cantidades de energía”, explicó Ibarburu.
Los estudiantes desarrollaron propuestas que abordaron desde sistemas constructivos hasta formas de organización comunitaria y estrategias para garantizar la resiliencia de las bases ante eventuales fallas.
“En la Tierra, cuando ocurre una emergencia, la lógica es evacuar un edificio. En el espacio sucede exactamente lo contrario: cualquier problema dentro del hábitat sigue siendo mejor que salir al exterior”, ejemplificó el arquitecto.
Un campo con potencial para Uruguay
Aunque Uruguay está lejos de fabricar cohetes o construir estaciones espaciales, los docentes consideran que el país puede aportar conocimiento en áreas vinculadas al diseño, la planificación y la investigación.
“Todavía existen muchísimas preguntas sin responder sobre cómo construir y vivir fuera de la Tierra. La mayoría de esas respuestas tienen que pensarse aquí antes de ser probadas en el espacio. Ahí hay una oportunidad para aportar desde Uruguay”, sostuvo Ibarburu.
Según explicó, el crecimiento de la industria espacial ya es visible a través de sectores como las telecomunicaciones, los sistemas satelitales y el monitoreo ambiental, actividades que generan demanda de profesionales especializados.
Una pasión nacida en la infancia
Tanto Nicotera como Ibarburu reconocen que su interés por el espacio comenzó muchos años antes de convertirse en arquitectos.
Nicotera recordó que durante su adolescencia participó en la Olimpiada Uruguaya de Astronomía, en la que fue medallista nacional. “Me fascinaban la ciencia ficción y la astronomía, pero en aquel momento no veía una salida profesional clara vinculada a esos intereses”, relató.
Ibarburu, por su parte, rememoró las misiones de los transbordadores espaciales y una observación de los anillos de Saturno a través de un telescopio durante su infancia. Más adelante, ya como arquitecto, participó en un concurso internacional para diseñar una base lunar. Ese proyecto obtuvo una mención y le abrió las puertas para cursar un posgrado en Arquitectura Espacial en Italia.
“Hoy existe una industria real que está creciendo. Hay empresas, investigación, demanda de profesionales y proyectos concretos. No sabemos exactamente hasta dónde llegará, pero es un proceso que ya comenzó”, concluyó.
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