El biólogo Diego Golombek analizó la ciencia en Uruguay y advirtió sobre la falta de comunicación

Durante su paso por la Universidad de la República, el docente argentino valoró las políticas públicas de largo plazo del país, pero remarcó la importancia de divulgar el conocimiento académico.

 Diego Golombek
Diego Golombek.
Foto: Juan Pablo Sudera.

Para el biólogo y divulgador argentino Diego Golombek, comunicar ciencia no debería ser una tarea secundaria ni una actividad reservada para quienes tienen tiempo o ganas de hacerlo. “Contar ciencia es parte de hacer ciencia”, sostuvo en diálogo con El País, y planteó que los investigadores tienen la responsabilidad de explicar qué hacen y por qué ese conocimiento resulta relevante para la sociedad.

Golombek, profesor de la Universidad de San Andrés y titular de la Cátedra UNESCO Estudio del Tiempo para un Futuro Sostenible de Argentina, estuvo en Uruguay para participar del evento “Comunicar la ciencia para transformar: narrativas, experiencias y articulación”, organizado por Unesco en la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la Universidad de la República.

Durante la actividad se abordaron distintos aspectos vinculados a la comunicación científica. Para Golombek, existen dos elementos centrales. El primero es el rigor: aquello que se comunica “tiene que estar bien o lo mejor posible”. Pero una vez asegurada esa condición, sostuvo, “todo vale” a la hora de aprovechar los recursos que ofrece cada formato, ya sea un medio gráfico, digital, un libro o un programa de televisión.

El segundo aspecto tiene que ver con el propio rol de los científicos. Según el divulgador argentino, quienes trabajan en ciencia todavía suelen considerar la comunicación como una actividad extra, que se realiza solamente “si tengo tiempo, ganas”. A su entender, debería ocurrir exactamente lo contrario.

“Debe ser una obligación de los científicos contar lo que hacemos”, afirmó. Entre los motivos mencionó la necesidad de devolverle a la sociedad parte de lo que la ciencia recibe, pero también el valor que tiene el conocimiento científico para comprender la realidad.

Golombek agregó que comunicar ciencia cumple además una función vocacional, porque puede contribuir a que más jóvenes se interesen por las carreras científicas, y también una función ciudadana. “¿Por qué no formar mejores ciudadanos que decidan sobre la base de evidencia y no de creencias o de encuestas?”, planteó.

Diego Golombek
Diego Golombek durante evento organizado por Unesco en la Facultad de Información y Comunicación.
Foto cedida a El País.

“La ciencia está siendo atacada”

El tema adquiere, según Golombek, una dimensión todavía mayor en un contexto en el que la ciencia enfrenta cuestionamientos políticos y presupuestarios. El biólogo puso especial énfasis en la situación argentina, donde, dijo, existen actualmente dos problemas.

“Uno, el obvio, es el presupuestario. Es muy grave, el presupuesto es inexistente, los salarios son de miseria, no hay financiamiento”, señaló. Pero agregó que existe un elemento nuevo que, a su juicio, resulta especialmente preocupante: “el factor ideológico”.

Según Golombek, se trata de que desde el gobierno nacional se ataque o se deslegitime a la ciencia como una herramienta para mejorar la vida de las personas y avanzar hacia un sistema más productivo y eficiente. “Eso es nuevo y nos tiene bastante desconcertados”, afirmó.

En ese escenario ubicó también otro de los desafíos actuales para los científicos: la velocidad con la que circula la información, independientemente de si es verdadera o falsa.

“Hay algo que tienen las fake news, las noticias falsas, que las hacen muy apetecibles y que lleguen más rápido a la mayor cantidad de gente”, sostuvo.

diego golombek biólogo argentino
Diego Golombek, biólogo y divulgador argentino.
Foto: Romina Santarelli.

Para Golombek, no todas las noticias falsas tienen el mismo impacto. Algunas, dijo, pueden resultar relativamente inocuas, como las afirmaciones vinculadas a que la Tierra es plana. Pero existen otras que pueden tener consecuencias concretas sobre la sociedad, especialmente aquellas vinculadas con la salud.

“Hay fake news y fake news”, resumió. Entre las que considera más peligrosas mencionó las relacionadas con las vacunas y los tratamientos alternativos.

Frente a ese escenario, consideró que la ciencia debe “plantar bandera” y responder con los mejores argumentos posibles, tanto racionales como emocionales. “No toda explicación es igual”, afirmó. La diferencia, explicó, está en que el conocimiento científico se construye a partir de evidencia, discusión y repetición de resultados, por lo que no puede colocarse en el mismo nivel que una afirmación sin sustento.

“Tenemos que dar esa batalla, tenemos que estar presentes los científicos y seguir contando lo que hacemos y de dónde viene la evidencia científica de esta afirmación”, sostuvo.

Su mirada sobre la ciencia uruguaya

Consultado por el sistema científico uruguayo, Golombek destacó la continuidad que, a su juicio, han tenido las políticas científicas del país.

“En Uruguay hay una continuidad de políticas científicas. La ciencia, de alguna manera, se ha convertido en una política de Estado”, señaló, aunque aclaró que existen “matices” y cambios según los distintos gobiernos.

Para el biólogo argentino, esa continuidad se refleja en distintos indicadores, desde las publicaciones científicas hasta la capacidad de conseguir financiamiento nacional e internacional.

“Por supuesto, el sistema científico de Uruguay es pequeño, es un país pequeño, pero de nuevo ha tenido avances sostenidos y significativos que se notan en el resto del mundo”, afirmó.

Científico trabajando en laboratorio.
Científico trabajando en laboratorio.
Foto: Leonardo Mainé.

Sin embargo, consideró que todavía existe una deuda importante en materia de comunicación. Reconoció que Uruguay cuenta con “ejemplos extraordinarios” de comunicadores y periodistas científicos, pero sostuvo que no son suficientes.

“Falta también trabajar mucho en comunicación de la ciencia”, dijo. “Necesitamos más, necesitamos seguir contando lo mucho y lo muy bueno que se hace”.

Para Golombek, el desarrollo sostenido de las políticas científicas termina reflejándose en los resultados. “Las políticas científicas sostenidas en el tiempo rinden sus frutos y se ven en cualquier índice que uno pueda considerar de productividad y de calidad de la ciencia”, afirmó.

Por qué en el Río de la Plata se duerme más tarde

Golombek, cuya especialidad también está vinculada con la cronobiología, abordó además una característica que, según explicó, comparten argentinos y uruguayos: la tendencia a horarios más tardíos.

Cada persona tiene un “reloj biológico” que le indica al organismo qué hora es, explicó, aunque ese reloj no funciona de la misma manera para todos. Hay personas con horarios naturalmente más tardíos y otras más matutinas. Ese comportamiento, conocido como cronotipo, tiene un componente genético y, en algunos casos, puede ser hereditario.

Pero no todo está determinado por la biología. También existe un componente social y cultural. Y allí, según Golombek, el Río de la Plata presenta características particulares.

“En el Río de la Plata toda la población, especialmente los jóvenes, tienden a ser más nocturnos”, explicó.

La cena tardía, además, puede tener un papel en esa dinámica. “Es por otro lado la comida más pesada del día, porque cuando nos juntamos con la familia o los amigos, eso resta horas de sueño”, señaló.

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Una persona durmiendo.
Foto: Pexels.

Las consecuencias de dormir poco o hacerlo en horarios inadecuados pueden aparecer durante el día, con mayor somnolencia y mal humor, pero también pueden tener efectos sobre la salud. Golombek mencionó una mayor tendencia a trastornos metabólicos y otras alteraciones.

En ese punto destacó trabajos realizados por investigadores de la Universidad de la República, entre ellos Bettina Tassino y Ana Silva, junto con colegas argentinos, que han estudiado el cronotipo tardío en el Río de la Plata, particularmente entre adolescentes.

La adolescencia tiene además una particularidad biológica: durante esa etapa el reloj interno tiende naturalmente hacia horarios más tardíos. A esto se suma un entorno social que puede profundizar el fenómeno.

“Se quedan chateando hasta cualquier hora, estudian a la noche, la fiesta empieza a cualquier hora en nuestros países, en nuestras ciudades”, explicó.

El problema aparece cuando esa tendencia choca con los horarios escolares. Los adolescentes pueden acostarse y levantarse más tarde por razones biológicas, pero deben ingresar a los centros educativos temprano, muchas veces a las 7:20 o 7:30. “Es la tormenta perfecta”, resumió Golombek.

La falta de sueño puede traducirse, según señaló, en mayor ausentismo, llegadas tarde, peores resultados académicos y una mayor tendencia a enfermarse.

Para el científico, este es un ejemplo de cómo una investigación que puede comenzar en el laboratorio termina teniendo consecuencias concretas en ámbitos como la educación y las políticas públicas.

“Es un gran ejemplo de cómo la ciencia, la ciencia básica, la ciencia de laboratorio, puede llegar a formular cuestiones de educación, de capacitación y eventualmente políticas públicas”, concluyó.

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