Un equipo de la Universidad de Oxford analizó las emisiones de gases en ocho manantiales y pozos geotérmicos de Zambia, seis dentro del Rift de Kafue y dos fuera de él. En las fuentes asociadas al rift detectaron proporciones inusuales de helio-3 y dióxido de carbono de origen profundo, indicios claros de una conexión directa con el manto terrestre.
Las relaciones entre helio-3 y helio-4 medidas solo pueden explicarse si la corteza está intensamente fracturada en esa zona. Según el estudio de Oxford, esto apunta a un rift continental activo, capaz de canalizar gases desde decenas de kilómetros de profundidad y, potencialmente, a la formación incipiente de un nuevo límite de placas tectónicas.
¿Por qué unas simples burbujas en el agua preocupan a los científicos?
Las burbujas de estas aguas termales de Zambia arrastran gases que se liberan mientras los fluidos ascienden por la corteza terrestre. En entornos tectónicamente estables, predominan componentes superficiales; en el Rift de Kafue, en cambio, las mediciones muestran una aportación destacada de gases mantélicos, típica de litosferas estiradas y debilitadas.
Esa señal química singular no aparece en los manantiales ubicados fuera del rift, donde el helio presenta valores normales de origen atmosférico o cortical. La diferencia refuerza la idea de que el Kafue no es una simple falla superficial, sino parte de un sistema de fracturas profundas capaz de revelar el estadio temprano de un rift incipiente, anterior a grandes volcanes o sismos de gran magnitud.
¿Qué parte del continente africano podría desprenderse en el futuro?
El rift de Kafue integra el sistema de rift del sudoeste de África, una franja de debilidad de unos 2.500 kilómetros que se extiende desde Tanzania hasta Namibia y posiblemente hacia el Atlántico. Conecta con los rifts de Luano y Luangwa y con la rama occidental del rift de África Oriental, dibujando un arco interno que podría delimitar un futuro bloque tectónico independiente en la África subsahariana.
Los modelos geodinámicos sugieren que, si este sistema continúa abriéndose, la separación seguiría ese corredor debilitado y, a muy largo plazo, podría generar un nuevo mar interior que se conecte con el Atlántico o el Índico. Son procesos de millones de años, sin impacto directo en escalas humanas, pero relevantes para entender cómo se reconfiguran los continentes y para evaluar recursos como la energía geotérmica y gases de interés industrial, entre ellos el helio y el hidrógeno.
Los investigadores insisten en que las conclusiones son aún provisionales: el muestreo cubre solo un tramo del rift de Kafue y no todos los rifts terminan convirtiéndose en bordes plenos de placas. Ampliar los análisis geoquímicos y geofísicos en otros sectores del sistema de rift del sudoeste de África será clave para confirmar si las anomalías detectadas responden al nacimiento real de un nuevo límite tectónico. Si se corroboran más adelante estos indicios, el rift de Kafue podría convertirse en un lugar de separación continental: un proceso silencioso pero capaz de redibujar el mapa de África.