Un grupo de científicos de la Universidad de California en Riverside (UCR) asegura haber desarrollado un método capaz de identificar con precisión dónde ocurrirán los próximos grandes terremotos del planeta. La herramienta no predice cuándo se producirá un sismo, sino que detecta las zonas de las fallas geológicas donde se acumula tensión y, por lo tanto, dónde es más probable que se produzca la ruptura.
El hallazgo, publicado en la revista Geophysical Research Letters, podría cambiar la forma en que se planifican las respuestas ante desastres en algunas de las regiones sísmicas más peligrosas del mundo.
El estudio estuvo liderado por los geofísicos Gareth Funning y Axel Periollat, especializados en analizar cómo la superficie terrestre se deforma lentamente antes de que las placas tectónicas se traben y finalmente se rompan. En una prueba reciente, el modelo señaló con exactitud el sector de la zona de subducción de Kamchatka, en el este de Rusia, donde tiempo después ocurrió un terremoto de gran magnitud.
Cómo funciona el método para localizar terremotos antes de que ocurran
La técnica se concentra en las zonas de subducción, los sectores donde una placa tectónica se desliza por debajo de otra. Estas regiones generan los mayores terremotos del planeta, incluidos los que superan magnitud 8,5, y suelen provocar tsunamis devastadores. A partir de mediciones GPS que registran movimientos sutiles del terreno, el equipo diseñó un algoritmo capaz de identificar los tramos de las fallas que permanecen "trabados" y acumulan energía. Esas zonas, llamadas asperezas, funcionan como parches de fricción que resisten el movimiento hasta que la tensión acumulada supera un umbral y desata un sismo mayor.
"Los terremotos ocupan los titulares cuando ocurren, pero durante años la falla acumula tensión en silencio. Esa tensión se puede medir", explicó Funning, uno de los autores del estudio.
Antes del sismo reciente en Kamchatka, los investigadores ya habían identificado una zona trabada bajo esa península. Si bien el momento exacto del evento escapaba al alcance del método, la ruptura se produjo justo donde el modelo indicaba que se había acumulado la tensión. "Teníamos una idea de dónde se acumulaba la tensión, a partir de un conjunto de datos relativamente limitado. Ver que funcionó tan bien confirmó que este enfoque tiene un potencial real", señaló Periollat.
Qué reveló la comparación entre los terremotos de Kamchatka de 1952 y 2025
El análisis también mostró que un mismo tramo de falla puede comportarse de manera distinta según el evento. Kamchatka registró grandes terremotos tanto en 1952 como en 2025, pero el más reciente generó un tsunami mucho menor, lo que sugiere que la parte más superficial de la falla se deslizó menos que en la ruptura anterior. Los investigadores remarcan que su método no permite anticipar el tamaño de un tsunami ni el momento en que ocurrirá un sismo, pero sí puede acotar dónde se concentran los mayores riesgos, algo que consideran valioso para la planificación a largo plazo.
El equipo ya extiende el análisis a otras zonas de subducción de alto riesgo, en Japón, México, Nueva Zelanda y el noroeste del Pacífico de Estados Unidos, cada una con particularidades, como fallas que liberan energía de forma gradual en lugar de sismos súbitos. También evalúan aplicar la técnica en California. "En el área de la bahía de San Francisco, la falla de Hayward tiene tramos que se deslizan de forma continua y otros trabados, de manera similar a las zonas de subducción. Estamos investigando si podemos identificar las partes con mayor probabilidad de generar futuros terremotos", indicó Funning.
Ampliar el método a escala global exige mejores observaciones. Las estaciones GPS en tierra firme aportan datos valiosos, pero las mediciones en el mar, donde se ubican muchas de las fallas más peligrosas del mundo, son mucho más escasas. En Japón ya se utilizan instrumentos acústicos instalados en el fondo marino para medir la deformación lenta durante largos períodos, y se proponen iniciativas similares en Chile y en el noroeste del Pacífico. Un satélite lanzado recientemente podría sumar mediciones en regiones que hoy carecen de cobertura GPS, aunque persisten grandes vacíos en el monitoreo sísmico global, en particular en sectores del Pacífico donde la falta de datos dificulta evaluar el riesgo de tsunamis.
Los científicos insisten en que este avance debe complementar, y no reemplazar, la preparación de la población ante desastres. "La tranquilidad no debería venir de creer que podemos pronosticar el terremoto exacto. Especialmente donde vivimos, en el sur de California, no es una cuestión de si va a ocurrir, sino de cuándo. No hay sustituto para la preparación", advirtió Funning.
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.