El fanatismo puede llevar a situaciones difíciles de imaginar. El argentino Gonzalo Heredia lo sabe bien: durante los años de mayor popularidad, el actor vivió episodios tan insólitos como el de una mujer que se le abalanzó a primera hora de la mañana con un pedido muy particular. No quería una foto ni un autógrafo. Quería olerlo.
La anécdota fue una de las que compartió en PH, Podemos Hablar, el programa que conduce Andy Kusnetzoff y que en Uruguay emite Canal 12. Allí recordó algunas de las experiencias más llamativas que le tocó vivir con sus seguidores, desde acercamientos inesperados hasta situaciones en las que su intimidad quedó expuesta.
“Entrando a grabar, bajó una mujer de un auto y se me abalanzó encima solo diciéndome: ‘Déjame olerte’. No: ‘Déjame, solo quiero olerte, solo quiero olerte’”, contó Heredia al reconstruir la escena.
El contexto hacía todo todavía más insólito. Eran cerca de las ocho de la mañana y el actor acababa de bañarse antes de entrar a los estudios de grabación. “Y era como: ‘Bueno, dale’”, recordó. La mujer consiguió acercarse, volvió a subir a su auto y se fue. Sin foto, sin autógrafo y sin mayores explicaciones: su objetivo estaba cumplido.
Pero aquel no fue el único episodio en el que la admiración de sus seguidores cruzó los límites de lo esperable. El actor de la telenovela Malparida, que protagonizó junto a Juana Viale, contó que, en una época en la que alcanzaba una gran popularidad, algunas personas que lo esperaban a la salida de las grabaciones llegaron a conseguir la dirección de su casa y comenzaron a tocarle el timbre.
El actor señaló lo desconcertante que resultaba encontrarse con fanáticos en la puerta de su propio domicilio. Además, recordó que esas situaciones ocurrieron hace más de una década, cuando las redes sociales todavía no tenían el peso que adquirieron después en la circulación de información personal.
También vivió un episodio violento a la salida de una función teatral. Mientras atravesaba el espacio entre las vallas de seguridad y el público, alguien lo agarró del pelo largo y tiró de él con fuerza hacia la multitud.
Heredia consiguió soltarse y entonces descubrió quién había protagonizado el tirón: era un padre que llevaba a su hijo sentado sobre los hombros. Una escena que, entre lo absurdo y lo desconcertante, completó el repertorio de experiencias que el actor recordó al hablar de los límites del fanatismo