De un despido a los escenarios: la historia de "220", el podcast que llega por primera vez a Montevideo

Tomás Quintín Palma y Nicolás Guthmann debutan en Uruguay con el proyecto que nació de un despido, creció durante la pandemia y convirtió su amistad, sus roces y la improvisación en un show sin guion.

Nico Guthmann y Tomás Quintin Palma, creadores de "220 podcast".
Nico Guthmann y Tomás Quintin Palma, creadores de "220 podcast".
Foto: Difusión.

220 podcast nació después de un despido. Tomás Quintín Palma, actor, humorista y comunicador rosarino, y Nicolás Guthmann, periodista y conductor, se habían conocido trabajando en Línea Caliente, de la porteña FM Blue. Después de dos años, los echaron junto al resto del equipo. Ellos querían seguir haciendo algo juntos.

Probaron durante un tiempo con un programa on demand y, cuando irrumpió la pandemia, encontraron otra salida: vivos de Instagram a oscuras. Mientras las videollamadas dejaban ver casas, fondos improvisados y el paisaje doméstico de la cuarentena, ellos preferían apagar la imagen y conversar como si todavía estuvieran en la radio.

Después llegó el video, el programa encontró su forma y apareció una comunidad. Seis años más tarde, 220 recorrió escenarios argentinos y el viernes 30 de octubre debutará en Montevideo, con una función en Inmigrantes. Las entradas cuestan 700 pesos y están disponibles en RedTickets.

"Dos tipos que estaban en sus cuartos de la pandemia y de repente terminan yendo a otro país a hacer un espectáculo... Es muy loco", dice Guthmann a El País.

Palma recuerda que el primer eslogan de 220 era “una botella con un mensaje arrojada al mar”. Cada uno estaba encerrado en su casa y ninguno sabía cuánto había de real detrás de las vistas o el chat. Las funciones presenciales despejaron esa duda. “Cuando estamos en los teatros decís: existen. Son cuerpo, tienen cara, ojos, pelo”, cuenta. Con el tiempo vieron que muchos reconocían en ellos dinámicas propias: “Hay amigos que dicen: ‘Yo soy Nico’, ‘yo soy Tomi’, ‘tengo un amigo como vos’”.

La amistad está en el centro del proyecto. Guthmann marca una diferencia con buena parte del streaming, donde a veces se construye una relación para cámara. “Hay como una actuación de la amistad”, dice. En su caso, el vínculo viene antes que el programa. "Tuvimos la capacidad de hacernos daño, a veces realmente, y volver a seguir trabajando juntos", resume.

Los dos hicieron una promesa: seguir con el podcast hasta que alguno muera. "Parece muy extremo", reconoce Guthmann, pero la decisión les dio tranquilidad. No necesitan llegar a fin de año preguntándose si habrá otra temporada.

Palma lo analiza desde otro lugar. "Lo siento como un amor", dice sobre su vínculo con Guthmann. Habla de algo que lo sostiene, con contradicciones, peleas y neurosis incluidas. En ese recorrido también cambió su relación: cuando se conocieron, Guthmann recién empezaba la relación con quien hoy es su pareja y está a punto de convertirse en padre. Palma suele decir que los dos vínculos crecieron en paralelo.

"A veces estamos comiendo y decimos: 'Qué loco lo que nos inventamos'", cuenta. Haber creado algo propio, viajar gracias a eso y encontrar un público es, asegura, "lo máximo" a lo que podía aspirar.

El escenario modificó el formato. Desde 2024, con la gira de Un fenómeno barrial, el podcast incorporó videos, guitarra, pizarrón, imitaciones e improvisación. Experimentaron con recursos más teatrales hasta entender que el desafío principal estaba en otro lado: conservar frente al público la intimidad que consiguen cuando están solos.

"220 podcast".
"220 podcast".
Foto: Difusión.

"El trabajo más importante es que la gente que venga sienta que la incorporamos a la intimidad que nosotros tenemos cuando estamos solos", explica Guthmann. Una risa, un murmullo o un silencio pueden cambiar el rumbo de la función. No hay una fórmula: leen la sala y trabajan con lo que sucede esa noche.

La actualidad también interviene. Una noticia puede obligarlos a cambiar parte del espectáculo pocas horas antes de empezar. "Siempre antes del show pasa alguna noticia tremenda", dice Guthmann. "A veces nos da miedo poner una fecha porque sabemos que el día anterior algo va a pasar", bromea.

Ese margen de riesgo es parte del atractivo. Guthmann compara el podcast con aquellos espectáculos de Las Vegas en los que el público veía a un domador junto a un animal salvaje sabiendo que algo podía descontrolarse. "Es una improvisación con algún grado de peligro", define.

Palma tiene un ejemplo concreto. En una función en Rosario contó que Guthmann iba a ser padre antes de que él lo hubiera hecho público. Su compañero se enojó toda la noche. "Cruzamos límites que no cruzamos en YouTube", admite. Las funciones tampoco se graban: lo que ocurre queda entre quienes estuvieron ahí.

Guthmann define a 220 como "una especie de espejo amable". Son dos tipos mostrando vulnerabilidades, errores y fracasos en un ecosistema que suele premiar a quienes parecen tener todo bajo control. “No sabía si iba a ser atractivo para alguien ver a dos tipos fracasando tanto”, reconoce.

El formato tampoco responde demasiado a la lógica de los algoritmos: una conversación de más de una hora, sin una estructura rígida y con espacio para detenerse, equivocarse o cambiar de tema. "Si yo se lo presentara a cualquier productor me diría: ‘Flaco, esto no es ni una idea’", bromea Guthmann. "Me gusta que sea improbable".

Palma ya vino varias veces a Montevideo con otros proyectos, pero nunca junto a Guthmann y nunca con 220. Para Guthmann, Uruguay tampoco es un territorio ajeno: viene desde chico, tiene amigos uruguayos y dice que la fecha representa “un hito” para el programa y para la relación entre ambos. Los comentarios y las estadísticas del podcast, además, les mostraban desde hacía tiempo que había público de este lado del Río de la Plata.

Palma imagina para el 30 de octubre una noche intensa, con sus mejores videos, referencias a la coyuntura uruguaya y margen para cambiar sobre la marcha. "Lo imagino como un show más punk", dice. "Imagino calor, imagino cerveza".

Guthmann evita prometer qué ocurrirá en Inmigrantes. Sería contradictorio con el programa que hicieron durante estos seis años. "Lo mejor que pueden esperar es algo inesperado", dice.

El viernes 30 se sentarán frente a los micrófonos. Parte del material estará preparado; otra parte dependerá de lo que haya pasado ese día, de la respuesta de la sala y de ellos mismos. Es, en definitiva, la mecánica que encontraron después de quedarse sin radio y que todavía no tienen demasiado interés en controlar.

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