Abuela Coca celebra 35 años en la Rural: "El ritmo del barrio" y cómo el Toto Da Silveira apareció en el disco

La banda celebra sus 35 años este sábado 17 en la Rural del Prado. Chole Giannotti habla del regreso, del vinilo de “El ritmo del barrio” y de cómo el Toto Da Silveira terminó en aquel disco del 2001.

Chole Giannotti, de la Abuela Coca.
Chole Giannotti, de la Abuela Coca.
Foto: Estefanía Leal.

Cuando se le pregunta a Chole Giannotti qué recuperó la Abuela Coca al volver después de ocho años, elige una imagen doméstica: “La comida con toda la familia un domingo a las dos de la tarde en la casa de la abuela”. Con eso intenta nombrar la sensación de volver a estar juntos. El sábado 17, esa historia tendrá una nueva escala: la banda celebrará sus 35 años en la Rural del Prado con el concierto más grande desde su regreso.

"Está el encuentro físico con la banda y las personas, el ensayo, y después el ‘¿te acordás?’, ‘¿en qué año fue?’... Desandás el camino y ves la cantidad de tiempo compartido, que es más de media vida", dice. "Y qué lindo volver a vivirlo y poder presentarlo para un público que, en gran cantidad, es más joven que la propia banda. Ahí decís: ‘Qué vigencia tiene esta locura que empezamos hace 35 años’".

El recital, de dos horas y media, tendrá invitados y una consigna: 35 canciones por 35 años. Las entradas cuestan 1290 pesos y están a la venta por RedTickets.

La Rural quedó asociada a esta segunda vida. Allí, en Cosquín Rock Uruguay 2025, la banda volvió después de ocho años y dejó uno de los shows más memorables del festival. “Esta fue una noche de resurrección. El milagro fue hecho: Abuela Coca con ustedes”, dijo Gonzalo Brown antes de bajar del escenario. Chole anticipó que en 2026 llegarían los 35 años. Un año después vuelven al mismo lugar para celebrarlos.

Mientras los ensayos recuperan canciones fuera del repertorio, uno de sus discos emblema vuelve a las bateas: El ritmo del barrio, publicado en 2001, acaba de editarse por primera vez en vinilo.

Abuela Coca
Abuela Coca en mayo de 2025, antes del primer ensayo para el Cosquín Rock.
Foto: Darwin Borrelli / El País

Fue el tercer álbum de la banda y llegó en un momento decisivo. Después de Abuela Coca y Después te explico, este último editado por Sony Music, el grupo volvió a trabajar por su cuenta. “Siempre pasa que en el tercer disco una banda está más madura, porque aprendiste mucho en los dos anteriores”, dice Chole. “El ritmo del barrio nos marcó. Nos impulsó a salir de Uruguay y conocer el mundo. Fue un pasaporte a la profesionalidad”.

Veinticinco años después, el vinilo devuelve algunas historias.

—En El ritmo del barrio conviven milonga, reggae, candombe, metal, chamarrita... ¿Ese mestizaje era también una forma de definir qué entendían por “el ritmo del barrio”?

—Sí. Nuestra música es como una especie de mestizaje de lo que podés escuchar en un dial. Está "Cría cuervos", que es metal pesado; "Cable", que va por el nu metal; “Quién lo diría”, que es una chamarrita; hacemos un tema de El Príncipe, está “Ta salao” con Contrafarsa, hay candombe, reggae, milonga... Está todo. Ese es el ritmo verdadero del barrio, el que nos identifica. Somos una banda de barrio: yo me crié jugando a la pelota y al cordoncito.

—Y entre las voces aparece el Toto Da Silveira presentando “Quién lo diría”. ¿Cómo terminó ahí?

—(Imita al Toto) “Muchachada, en todo lugar, a toda hora, el ritmo del barrio... ¡Escuchá!” (se ríe). Estábamos grabando en Octopus, en Río Negro y San José. El estudio hacía publicidad y justo el Toto había ido a grabar una. Nosotros teníamos secuestrado el estudio y dijimos: “Bueno, que venga, que diga algo”. Y la rompió. También están Cecilia Baraldi y Martín Abuchalja. La idea era que el disco funcionara como una radio, con esas voces enlazando las canciones; que subiera, bajara y te fuera llevando.

—El disco está muy atravesado por el exilio económico. ¿Sentís que también capturó una foto de aquel Uruguay?

—Mirá: el 11 de setiembre estábamos grabando la introducción de "Cable", que decía: “La naturaleza se hace humo y nadie tira una señal, entonces si la pregunta es: y si se quema, ¿quién la va a cuidar?”. Y justo llaman por teléfono: "Bo, ¡se queman las Torres Gemelas!". No había tele en el estudio, cruzamos al Bar Hispano y cuando entramos estaban cayendo. El disco quedó marcado por todo eso. Después vino la crisis: toda la inversión era en dólares y terminamos pagando como tres veces ese disco independiente. Y ese mismo año, en noviembre, lo presentamos con The Wailers en la Estación de AFE. Fue un año de muchas emociones.

—La canción que abre el disco habla justamente de gente que se va.

—Sí. Primero Uruguay vivió un gran exilio político y después vino ese exilio económico. Nosotros también tuvimos que salir como banda. El ritmo del barrio se estaba componiendo mientras nuestros amigos se iban. Entonces, ¿de qué ibas a cantar? Un amigo te decía que se había comprado una camioneta y al otro día que se tenía que ir porque la había comprado en dólares y se fundía. Después salíamos de gira y los encontrábamos en Alemania, Italia o España. Fue una época difícil.

—Y, sin embargo, muchas de esas canciones se bailan.

—Ahí está la magia y el poder de la música. En una crisis la gente también busca encontrarse, divertirse, y esa alegría puede convertirse en un vehículo de resistencia y pensamiento. Podés bailar Abuela Coca, cantar “Sueño latino con tu voz" y, al mismo tiempo, encontrarte con una letra que está hablando de todo eso.

—"Santa Soledad" junta a Larbanois & Carrero con el Enano de La Vela Puerca. Parece resumir bastante bien ese espíritu de mezclar mundos.

—Nosotros siempre tratamos de unir las tribus urbanas (sonríe). Ya está en nuestra música: en una misma canción podés escuchar varios estilos. Eso también nos abrió puertas y nos permitió compartir escenario con artistas que admirábamos y que después terminaron siendo amigos.

—En el texto que acompañaba al disco aparece una frase llamativa: “Eternamente agradecidos serán los asesinos de Abuela Coca”. ¿De dónde sale?

—Fue una idea de Gonzalo Brown. Veníamos también de una época atravesada por la impunidad, por la pregunta de dónde estaban los desaparecidos, por toda esa confusión. Y la Abuela Coca siempre tuvo esa reivindicación de igualdad y justicia. Son imágenes que dan a entender de qué lado estamos. Para nosotros eso también era el ritmo del barrio.

—Una de las canciones de ese disco que se volvió clásico es “Walking”. ¿Cómo surgió?

—De un dolor de amor. Cada vez que lo recuerdo todavía puedo sentir esa sensación de soledad, de “¿dónde estás?, si estoy acá, ¿hasta dónde llega la mente?”. Cuando digo “la enciclopedia de la vida, lo que anda mal hay que cambiar”, me estoy hablando a mí, pero al ponerlo en una canción cada uno lo puede tomar como suyo. Fue una de esas canciones que dejan huella.

—¿Y ya era un milongón?

—Sí. Era parte de mi repertorio. La compuse muy joven, pero la grabamos 18 años después. Siempre estaba ahí, nunca la terminaba. Hasta que apareció el estribillo y se hizo canción.

—Además de la histórica foto de la abuela, el vinilo incluye la foto del carrito Abuela Coca...

—(Se ríe) ¡Calidad e higiene! Existía, sí. No es Photoshop ni nada. El carrito estaba en Avenida Italia y Propios. Y la abuela es la mamama de Martín; estuvo toda la vida junto a él. Nosotros buscábamos una cara para la Abuela Coca, nos imaginábamos una muy especial, y era ella. Después se apoderó del personaje: le gritaban “¡Abuela Coca!” por la calle.

—Ahora, al preparar 35 canciones, aparecen los clásicos pero también lados B. ¿Qué te devuelve revisar todo ese camino?

—Las historias. Y no solo las nuestras. Estamos haciendo 35 momentos de 35 personas que nos mandan recuerdos. Hace más de 20 años, un niño nos fue a ver a Paysandú y yo me saqué una remera y se la regalé. Le quedaba como una carpa. Ahora tiene hijos, sigue escuchando a Abuela Coca y va a ir el 17 a la Rural. Eso me vuela la cabeza. Y después aparecen historias mucho más fuertes. Una persona nos contó: “Abuela Coca me salvó la vida. Yo me iba a suicidar y escuché 'Curo mis heridas', y estoy acá”. Ahí decís: ¿hasta dónde llega la música?, ¿hasta dónde llega una canción?

—¿Sos nostálgico?

—Yo voy para adelante, pero no me olvido de mi pasado. Tengo todo: desde el primer ensayo de Abuela Coca hasta el último. Siempre estoy buscando el siguiente paso, sin olvidar el recorrido. Igual no te das cuenta del tiempo. Hay ciertas cosas que parecen de ayer.

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