La del lunes no fue una noche más para Doña Bastarda, ni tampoco para el Carnaval entero. La repentina muerte de Agustín Ríos, el pasado 22 de febrero, en pleno Concurso Oficial, opacó la fiesta y la competencia. Pero el show debía continuar y sus compañeros salieron a defender el título y a seguir mostrando su espectáculo, como pudieron, por los barrios. Como él hubiera querido: para devolverle a la gente el amor que reciben en cada mensaje, en cada bandera o remera que les acercan y en cada abrazo de retirada.
La murga debía actuar el jueves, pero tras el consenso de los conjuntos clasificados a la Liguilla y el aval de la directiva de DAECPU, se resolvió posponer la presentación. Finalmente, fue el lunes por la noche. Y se convirtió en una de las experiencias más conmovedoras y dolorosas que haya vivido el Ramón Collazo.
Mientras Doña Bastarda documentaba cada paso en Instagram —la ida en ómnibus, la llegada al Teatro de Verano, el calentamiento en las canteras del Parque Rodó junto a su gente, el recinto colmado, los instantes detrás de escena—, su hinchada llenaba de bote a bote el anfiteatro, que fue más Templo de Momo que nunca.
Ya había ocurrido en las dos ruedas anteriores, pero esta vez no cabía un alfiler. El objetivo era claro: sostener y acompañar. Y así fue. La brisa de verano y el amor del público abrazaron a los 18 murguistas. Porque, como ellos mismos repitieron en redes, Agustín se subió con ellos.
El Teatro de Verano se llenó de amigos y antes del arranque la gente coreó un “dale campeón” que trascendió el título que aún ostenta la murga de los Abellá. La Doña salió a cantar con una fuerza arrolladora, por su amigo. “En el cielo hay un disfraz”, entonaron en ese saludo tan especial, que esta vez sonó premonitorio. Un disfraz que, el lunes, llevó Agustín.
Ese tramo provocó un aplauso cerrado. El público dejó las manos, la garganta y el corazón en cada momento. Incluso antes de empezar, con el telón aún cerrado, la ovación de pie fue unánime y sostenida, como pocas veces se vio.
La murga cantó y brilló como en las ruedas anteriores. Elevó su voz al cielo y desplegó un libreto sin baches, con Imanol Sibes al frente, liderando con temple y una conexión única con el público. Demostró que tiene todo para volver a levantar la copa, aunque esta vez el Concurso parezca apenas una circunstancia.
El propio Imanol sumó un guiño a Agustín en su recitado previo a la retirada: "Si la patria está en la familia, en el barrio, si está en los amigos con los que elegimos hacer murga, entonces la patria es el otro", dijo. Y provocó otro aplauso cerrado antes del final.
“Para vos, hermano”, “Para vos, Agustín, tripulante eterno”, se leía en las historias que compartía el conjunto, donde también se veía una bandera hecha por los hinchas: “La murga siempre te va a cantar”. Las publicaciones buscaban acercar lo que pasaba adentro a los miles que quedaron afuera por entradas agotadas.
La retirada sonó más fuerte que nunca. Los aplausos también. El aliento y el “vamo arriba” se extendieron hasta el pedregullo, donde la gente los esperó para acompañarlos: algunos con abrazos físicos, otros simplemente con su presencia, pero todos con la misma intención de sostener y contener.
El detalle que enmudeció al Teatro de Verano
La presencia de Agustín se sintió en cada momento. Desde antes de que Doña Bastarda pisara el escenario. El conjunto anterior, Los Rolin, dedicó su retirada y envió un abrazo apretado. Su nombre apareció en banderas, en remeras, en ojos llenos de lágrimas y en la presencia de su hermano Nicolás Ríos en el escenario y sus padres en la platea.
Pero hubo un detalle que terminó de estremecer a todos.
En un Teatro de Verano colmado, donde era casi imposible circular y había personas sentadas hasta en las escaleras, un único asiento permaneció vacío: el número 22 de la fila 2. El mismo que había ocupado Agustín en la primera rueda del Concurso, desde donde vio a su murga brillar aquella noche en la que no subió a cantar.
“El único asiento vacío hoy en el Teatro de Verano, con entradas agotadas y gente parada, fue en la fila 2, asiento 22, donde se sentó Agustín en la primera rueda”, escribió en Instagram Alejandro Moreira, fotógrafo oficial de DAECPU. El mensaje fue compartido por Camila Sosa, integrante de Doña Bastarda, que sumó una frase que terminó de decirlo todo: “Hay almas que cantan solas”.
Y no hizo falta agregar nada más.
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