Violencia Rivas, Jesús de Laferrere, Micky Vainilla, Bombita Rodríguez, Pomelo. Esos son solo algunos de los personajes del universo de Peter Capusotto y sus videos, el programa televisivo creado por Pedro Saborido y Diego Capusotto en 2006 y que hasta el día de hoy está instalado en el imaginario popular. No solo tenía humor, sino que también estaba muy presente la cultura del rock y la música, algo que Capusotto atribuye a la libertad creativa que tenían en el proyecto.
Pero incluso antes, el actor argentino ya había demostrado su talento en programas como De la cabeza, Chachachá y Todo por dos pesos. En los últimos años, también lo ha hecho de manera ocasional en cine y teatro.
Hace un año se integró al elenco de Tirria, una obra teatral de comedia negra dirigida por Carlos Branca, escrita por Lucas Nine y con un elenco formado por Andrea Politti, Rafael Spregelburd y Capusotto. La trama sigue a los Sobrado Alvear, una familia patricia que está al borde de perderlo todo. Para escondero, simulan viajar a Europa y se esconden tres meses en los baúles de su mansión. Hilario, el personaje que interpreta Capusotto, es el mayordomo de la familia y el que hace todo lo posible por mantener la farsa.
La obra, que ya se presentó en Montevideo el año pasado, vuelve el 8 y 9 de octubre al Teatro El Galpón. Las entradas están a la venta por Redtickets de 1.640 a 3.270 pesos.
Tirria recibió cinco nominaciones a los Premios ACE, concedidos por la Asociación de Cronistas del Espectáculo de Argentina, dentro de las cuales hay una a Capusotto por Mejor Actor en Comedia.
Sobre Tirria, sus futuros proyectos, la posibilidad de volver a la televisión y más, Capusotto conversó con El País.
—¿Qué significado tiene para vos tu nominación a los Premios ACE?
—Es un halago. Lo que no me gusta mucho es ir a los eventos, salir de mi casa para ir a un lugar donde hay mucha gente me genera un poco de tensión y no lo disfruto. Pero me gusta el premio, no solamente por mi actuación, sino porque también hay una nominación a la obra, a Andrea Polliti y a la dirección.
—El público está más acostumbrado a verte en proyectos televisivos. ¿Qué es lo que te gusta de hacer teatro?
—La actuación teatral me parece la más genuina y arriesgada. Hay un campo expresivo mucho más intenso y un ritual en curso. Ese momento en el que uno es un personaje me parece casi sagrado, si es que la palabra lo amerita. Disfrutamos mucho de lo que hicimos en televisión porque partió de nuestras propias decisiones, el programa con Pedro tuvo un rebote mucho mayor que el teatro. Entonces, atraviesa distintas capas sociales y públicos. Ahora estoy más proclive a lo teatral porque me parece que el programa no tiene la capacidad expresiva de volver y menos que menos a la televisión. El teatro tiene la fuerza expresiva de lo que ocurre y después se desvanece, solamente quedan los espectadores que vieron la función ese día. En la televisión, lo que hagas va a ser visto por muchísima más gente luego de que terminaste de actuar.
—¿Y qué te gusta de interpretar a Hilario?
—Al principio parece estar abocado a ser el testigo de la historia familiar y después se desencadena algo que explota más lo actoral. Disfruto mucho de la obra, la hacemos hace un año y me coloca en otro registro, aunque haya cosas que van a ser identificables por tener que ver con alguno de mis otros personajes, pero eso siempre me va a pasar porque estoy atravesado por el lenguaje cómico. Pero hay matices del personaje en donde el registro es otro.
—Si bien Tirria está ambientada en otro momento histórico, el conflicto es algo que podria suceder ahora. ¿Eso fue una de las cosas que más te atrajo de la obra?
—La historia es cíclica. La obra apunta a una determinada época en Argentina y a familias patricias que hicieron daño porque son la élite que se está cayendo a pedazos, entonces tienen que sostener esa mentira como corresponde a su estirpe. Pero lo que se está viendo es otra cosa. La obra se ubica no solamente en cierto periodo histórico, sino que también hace referencia a ese cine donde el teléfono blanco estaba más ligado a las películas de amor. Aca se resignifica y cada vez que suena, está la posibilidad de que esa mentira se haga visible. Además trabaja sobre distintos lenguajes teatrales: la historia del teatro rioplatense, del absurdo, del payaso. Ahí es donde va tocando distintos puntos de la historia, que siempre se repite, para bien o para mal, para tragedia o para comedia. Eso me pareció muy interesante de mostrar.
—A pesar de que Peter Capusotto y sus videos terminó hace años, hay personajes que cobran cada vez más vigencia. ¿Qué sentís cuando ves que pasa esto?
—Algunas cosas no me sorprenden, y no lo digo desde la soberbia, pero siempre hay una puja de poderes, intenciones y voluntades que es la misma, tienen la misma narrativa, pero cambian de acuerdo con la época. Me parece que hay algo de la condición humana que se reitera. Después puede haber hechos puntuales, como la vez que hicimos un reality de papas en broma y después termino habiendo un papa argentino. Algunas cosas suceden de forma más contundente que en el programa porque incide más en la vida de la gente y es mucho más peligroso. El programa, por lo menos, es una ficción. Las intenciones humanas son tres o cuatro, no muchas más. Así que no sé si nos anticipamos o simplemente las cosas ocurren siempre de una misma manera.
—La música siempre estuvo relacionada con tu humor, de ahí salieron varios personajes arquetípicos, como Pomelo.
—Hemos conocido a varios Pomelos y todavía hay algunos. Pomelo ya es más que un rockero, puede ser cualquier otra persona en otro cargo y otro rol en el país. Todos los personajes estaban ligados a un mundo del que nosotros fuimos parte, la pertenencia de ser rockeros en una época fue una firmeza que teníamos de estar en un territorio elegido. Después uno deja de serlo y empieza a ser escucha, pero eso siempre nos acompaña. Yo no puedo evitar haber crecido con un hermano mayor que escuchaba esa música. Haber escuchado el primer disco de King Crimson a los 12 años fue el primer golazo que me dejaron hacer.
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