Camila Sosa, a corazón abierto tras el Carnaval más doloroso de Doña Bastarda: "Agustín fue la murga”

Tras el bicampeonato de Doña Bastarda, la cantante habla del duelo que atraviesa la murga tras la muerte de Agustín Ríos, cómo sostuvieron el espectáculo y el amor inmenso que han recibido del público.

Camila Sosa concursando con Doña Bastarda, durante el Carnaval 2026.
Camila Sosa concursando con Doña Bastarda, durante el Carnaval 2026.
Foto: Mauro Cardozo @maucardozo12

Camila Sosa (30) le debe su pasión por la música a su abuelo Walter. Empezó a hacer murga en 2018 simplemente porque amaba cantar. En 2025 vivió un Carnaval soñado: ganó con Doña Bastarda y salió mejor voz femenina mientras hacía malabares para recibirse de enfermera, trabajar mil horas y criar a su hijo, Byron, con su familia como sostén. El 2026 la encontró a ella y a su murga “sin padres ni padrinos” rotas en mil pedazos tras la muerte de Agustín Ríos. La felicidad de volver a alzar la copa quedó desplazada por una sensación de haber cumplido con su amigo y hermano, cuya presencia sienten intacta.

Para Camila Sosa, Doña Bastarda ya había ganado mucho antes de que, en la madrugada del 4 de marzo, levantaran la merecida copa de campeones por segundo año consecutivo. El Concurso Oficial, la fiesta y el placer de desparramar alegría por los barrios quedaron por el camino aquel fatídico 22 de febrero, cuando se enteraron de la muerte de Agustín Ríos. La noticia destrozó a la murga y sacudió al país. La Bastarda estaba partida por dentro, pero siguió adelante con los pedazos que quedaban y se subió al Teatro de Verano para pelear esa Liguilla como Agustín hubiera deseado y como también quería su familia: su hermano Nicolás Ríos, que integra el plantel; sus padres y su sobrino “Chinito”, que hoy ocupa el lugar de su tío en el ómnibus.

En ese escenario y en otros tablados donde un montón de almas abrazaron a la murga a la distancia —con aplausos cerrados, lágrimas y hasta silencios llenos de respeto—, Camila sintió que tenían el mejor espectáculo del mundo. Pero, ante todo, que estaba rodeada de los mejores amigos que alguien puede tener. Miraba a un lado y al otro en ese Templo de Momo y solo podía sentir amor y orgullo al ver a esos artistas dejar cuerpo y alma.

Con el dolor a flor de piel, se repetía: “Perdimos mucho, pero la murga ya ganó”. Ganó en ser familia sin lazos sanguíneos, en hermandad, en resiliencia, en el amor infinito recibido y en ser red antes que murga.

Era imposible sentirse feliz por el bicampeonato, pero esa Noche de Fallos miró al cielo con la sensación de deber cumplido. Abrazó a su hijo Byron, a sus padres y a su hermana, y sintió un orgullo inmenso por cada uno de sus compañeros y por pertenecer a la familia Bastarda.

“Es una sensación muy extraña. Sabemos que perdimos más de lo que ganamos, pero juntamos todos nuestros pedacitos, paramos a la murga y la defendimos a morir”, expresa sobre esa Liguilla que se postergó cuatro días y que, de haber dependido de ellos, podría haber esperado un poco más.

“Sentimos que cumplimos con los nuestros, con los que están y con los que no, que también están con nosotros”, añade, emocionada.

Doña Bastarda levantó la copa por segundo año consecutivo y también repitió los galardones a Figura Máxima (Imanol Sibes) y Mejor Espectáculo de Carnaval gracias a Patria o tumba, que fue aplanador desde la primera rueda y que en esa Liguilla confirmó que, ante la adversidad, salir a cantar con el corazón y honrar a Agustín desde el arte era su salvación.

Quizás fue premonición o apenas destino, pero el saludo 2026 dice: “Vuelve la Bastarda y en el cielo hay un disfraz”. Y la noche del lunes 2 de marzo ese disfraz fue el de Agustín, que estuvo en cada verso, cada aplauso, cada chiste, cada gol que la murga metió —que fueron muchos—. Hubo otra señal mágica: el asiento que Agustín ocupó en la primera rueda, a la que no subió porque se estaba sintiendo mal, quedó vacío esa noche en la que no cabía un alfiler en el Teatro de Verano. “El corazón deja de funcionar. El alma sigue y el alma estaba ahí. Nunca nos abandonó ni nos abandonará. Agustín cantó con nosotros. Agustín fue la murga”, resume Camila.

De este Carnaval agridulce, de los últimos días de Agustín Ríos y los primeros sin él, de su amor por el Carnaval y por Doña Bastarda, y hasta de la polémica con el INAU, va esta charla íntima con Camila Sosa.

El camino de Camila Sosa en Carnaval
Camila Sosa en el Teatro de Verano.
Camila Sosa en el Teatro de Verano.
Foto: Mauro Cardozo

Camila Sosa tiene 30 años y una de las voces más bellas de Momo. Entró al Carnaval de la mano de Falta y Resto en 2018, y se enamoró de la murga. Llegó a Doña Bastarda en 2022, pasó por Curtidores de Hongos, hasta que Fidel Abellá la devolvió a La Bastarda y ese 2025 todo fue alegría. Salieron campeones, Imanol Sibes ganó Figura Máxima y ella mejor voz de murga. “Quería regalarle el premio a Fidel”, dice sobre el director que murió en 2024.

Este año y a pesar del dolor, lo hicieron otra vez. Se impusieron por 111 puntos ante La Gran Muñeca, que salió segunda, y hoy son bicampeones. Imanol Sibes repitió como Figura Máxima; Patria o tumba fue el mejor espectáculo, y obtuvieron la mejor puesta en escena de murgas, además de varias nominaciones colectivas. El lunes Doña Bastarda volverá a reencontrarse con su hinchada en el Teatro de Verano, en la rueda de ganadores. Entradas en Abitab.

—Estaban viviendo un Carnaval mágico, con un espectáculo redondo, agotando entradas, con una respuesta hermosa de la gente, hasta que la muerte de Agustín les dio un golpazo y fue el fin de la fiesta...
—Sin lugar a dudas que para nosotros desde ese momento la fiesta y el Concurso terminaron. Seguimos porque es el camino que hubiera elegido Agus. Él también luchó en todos los ensayos y cumplió. Fue un sacrificio en familia y colectivo que quisimos defender. La familia de Agus también quiso que esta Bastarda suba y diga lo que tenga que decir. Estamos destrozados, pero muy unidos.

—¿Cómo fueron los últimos días con Agustín y los primeros sin él?
—Los días con Agustín son siempre alegres. Agustín era sonrisa, murga, desfachatez. No había tristeza. Es símbolo de familia y unión. Es tío de todos nuestros hijos e hijas. La herencia más grande que nos deja es hacernos entender que no necesitamos ser hijos de la misma madre para ser todos hermanos. Perdimos un hermano, además soy mamá y estoy cerca de su edad (tenía 34). Se empezó a sentir mal y no subió a la primera rueda. La murga lo acompañó en el proceso. Subió a la segunda y mandó un mensaje hermoso que decía que esperaba haber estado a la altura. Sigo en shock. No lo procesé. Sé que detrás de cualquier sonrisa estamos muy destruidos, pero hay que meter.

—También está su hermano Nicolás en la murga, ¿eso lo hace todavía más difícil?
—Nico le ha puesto el cuerpo y la garganta de una manera increíble. Parece que llevara a la murga más que nosotros, porque él más que nadie sabe el amor que sentía Agustín por Doña Bastarda, y quiso sostener esto que él construyó desde el día uno.

—¿La contención entre todos fue clave que para afrontar este dolor?
—Ganas de salir a cantar no tenemos, pero sí de estar juntos. No nos despegamos: nos vemos, nos lloramos, nos abrazamos, compartimos con los papás de Agus y su gente porque nos necesitamos. Falta una pieza del puzzle e intentamos encontrarle sentido para seguir con esto que amamos, que es la murga, y que también amaba él. Nos sostenemos unos a otros: de repente cae uno y está el otro atrás. Tenemos el peor dolor.

—Se tomaron unos días para transitar el duelo lejos de la fiesta. ¿Encontraron en el cariño de la gente el impulso para seguir?
—Nos tomamos unos días porque no teníamos fuerza para pararnos a cantar y tampoco para hacer reír a nadie. Quisimos volver porque el arte nos salva, la murga nos sostiene. Agus hubiera querido eso. Nico quiere eso. Nos paramos sabiendo que nos íbamos a priorizar en esta fiesta que para nosotros terminó: si alguien no podía con la situación, se bajaba. Nos seguimos quebrando. Mirás para el costado y tratás de levantar al compañero.

—Unos hinchas pintaron un mural con el rostro de Agustín en una escalera cerca de su casa y la murga visitó el lugar entre tablado y tablado. ¿Cómo fue ese momento?
—Pasamos después del segundo tablado y casi no podemos remontar los que quedaban. Es muy duro ver plasmado algo que estás procesando. Y también ver la tristeza de los compañeros. Agustín era uno de los gurises más queridos del Carnaval, por eso el amor se ve en un muro donde paraba, en banderas y remeras que nos arriman, en amor hacia Nico y su familia. La vida nos saca físicamente a Agustín, que es un pilar, y estamos siendo más red que murga.

La murga Doña Bastarda en un tablado de Montevideo.
La murga Doña Bastarda en un tablado de Montevideo.
Foto: Ignacio Sánchez

¿Por él siguieron saliendo y concursando?
—-Un día nos juntamos y mencionamos que esto lo íbamos a hacer por él. Y hubo una persona que se cargó de valentía y nos dijo: “Por él no. Agustín no hubiera querido que nosotros hagamos algo por él. Quería que lo hiciéramos por su murga, por su familia”. Así que no lo hacemos por él. Lo hacemos por algo que él construyó: su Doña Bastarda.

—El público agotó las entradas para la Liguilla antes de esta triste noticia y también lo había hecho en las dos ruedas anteriores. Pero la energía de ese lunes fue especial. Desde la platea parecía que se los quería abrazar. ¿Eso se sintió?
—Estamos profundamente agradecidos. Nunca viví algo igual. Para donde miraras había gente de nosotros. No se me va a olvidar nunca: silencios, aplausos cerrados. Es muy difícil llenar un teatro y que todos vivencien el dolor de la misma forma que uno. Pensábamos que iba a ser un caos el pedregullo y la gente fue muy respetuosa. Cantaban la retirada más fuerte que nosotros. No hay palabras. Fue el gesto de amor más grande que pudo haber existido.

—A pesar del dolor, el espectáculo fue aplanador y el público respondió notable. ¿Fue un regalo para Agustín?
—No hay duda. Ese día me levanté con un único pensamiento: quería honrar el sacrificio que hizo Agustín de ir a todos los ensayos, sentirse mal en algunos tablados, bajar y que suba otro, y al otro día estar ahí de nuevo. Lo mínimo que podía hacer desde mi lugar artístico era ir y darlo todo. Entregar el alma. De los pedazos de nosotros hicimos una red y salió. El Concurso no me quita el sueño, pero siempre hay un motivo para cantar y dejar la murga allá arriba, y ese día el motivo se llamaba Agustín.

—El arranque del Carnaval también fue controvertido: desde el INAU calificaron como no apto parte del espectáculo por conceptos vinculados al nazismo, ¿cuánto golpeó a la murga?
—Nos ha costado mucho. Arrancamos golpeados desde el día uno con un libreto que no estaba aceptado. Venimos cinchando una carreta de muchas agresiones. Hoy es el dolor más duro, pero lo que nos salva es esto que tenemos que es Doña Bastarda.

—Y el cariño de la gente, que les demostró que estaban de su lado ovacionando ada vez que cantaban esa cuarteta cuestionada…
—Sin dudas. El amor de la gente es infinito. Y en estos momentos más duros ha sido el triple de lo que imaginamos. Estando Agustín con nosotros, nos esperaron nuestras familias e hinchas con tortas y postres para darnos un abrazo porque estábamos pasando un momento jodido. Ahí levantamos la cabeza y dijimos: “Tenemos que seguir”.

—¿Es cierto que los amenazaron?
—Sí, por teléfono y en los tablados. Mensajes de gente de más arriba. Jefes. Somos una murga de gurises que quiere hacer arte y decir lo que nos interpela a todos. Pasan muchas cosas dolorosas en el mundo, mencionarlas no es estar a favor.

—La murga venía golpeada por la muerte de Fidel Abellá, su histórico director, que además te hizo volver a Doña Bastarda ese 2025, y ese año ganaron por primera vez...
—Fidel para mí era todo. Volví a Doña Bastarda porque él me pidió que estuviera. Muchas personas confían en mi arte, pero muy pocas te devuelven a casa y yo estoy en casa por él. Fue un añazo el 2025: poder estar y con la camiseta puesta.

—Ese Carnaval también saliste mejor solista femenina de murga, ¿qué significó ese premio?
—Amé el mimo. Quiero subirme y romperla porque quiero que la murga donde estoy sea la mejor y que cada uno llegue a hacer el gol desde su rol, pero ese año me dio mucha alegría haber obtenido el premio porque quería regalárselo a Fidel.

—¿Por qué sentís que Doña Bastarda es tu casa? ¿Qué encontrás?
—Doña Bastarda es mi familia, son mis amigos. Encuentro un refugio, gente que te salva. Es mi terapia, mi militancia. Es respeto y resiliencia. Ante el dolor, no hay nada mejor que una “curita bastarda”. Ojalá todos tuviéramos una Doña Bastarda al lado que nos sostenga el corazón.

—¿Hay Camila para siempre en Doña Bastarda?
—Ojalá. Es el lugar donde quisiera estar siempre.

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