Años de abandono, obras frenadas y una deuda con el barrio: el Espacio Lorca finalmente se prepara para abrir

Quince años después de una inauguración que nunca llegó, el edificio de Pocitos recibirá al público con una muestra sobre Tutankamón, mientras sus impulsores buscan convertirlo en un centro cultural.

Espacio Lorca.
Espacio Lorca.
Foto: Ignacio Sánchez.

"El Espacio Lorca está casi pronto”, tituló El País en diciembre del 2011. Quince años más tarde, la sensación es casi la misma. Este jueves, a metros de la esquina de Avenida Brasil y Benito Blanco, un puñado de personas trabaja a contrarreloj. Faltan menos de 24 horas para que el centro cultural proyectado hace más de dos décadas reciba, finalmente, al público.

Desde la calle, el espacio parece dividido en dos. A la izquierda, detrás de un gran ventanal, los obreros golpean a martillazos un mar de cemento. En algún momento, eso será una cafetería. Por ahora, sin embargo, el foco está en lo inmediato, y los afiches de Tutankamón, la experiencia, dan la pauta. Será la propuesta con la que el Espacio Lorca, finalmente, se pondrá en movimiento.

Entre idas y vueltas, pasaron más de 20 años desde la promesa de un centro cultural que le diera otra vida a la cuadra. El proyecto se anunció en 2005, la construcción comenzó en 2010 y —como anticipaba aquel titular de El País— planeaba inaugurarse al año siguiente. No ocurrió. Las obras continuaron con interrupciones hasta 2015, cuando finalmente se paralizaron. Ya no quedaba dinero para seguir adelante.

La iniciativa, según relató El País en aquella nota de 2011, había partido de Ricardo Beiro, actor y director. Al ver que la antigua oficina del Correo Uruguayo llevaba décadas cerrada en una de las zonas más transitadas de Pocitos, propuso convertirla en un centro cultural donde pudieran realizarse espectáculos y talleres teatrales.

Durante años, el rostro de Federico García Lorca, acompañado de algunas de sus frases más célebres, custodió un lugar que nunca terminaba de convertirse en aquello que alguna vez se había proyectado.
Ahora, la máscara de Tutankamón y varias imágenes del antiguo Egipto ocuparon su lugar. Mañana a las 13.00 se inaugurará la propuesta que, en principio, continuará hasta el domingo 8 de noviembre. Abrirá los siete días de la semana y ofrecerá hasta 14 funciones diarias. En total serán 262 y varias ya están agotadas. Entradas en RedTickets.

La muestra reunirá 150 réplicas de objetos hallados en la tumba del faraón egipcio, acompañadas por material audiovisual. También habrá un espacio de merchandising. Por ahora, sin embargo, los organizadores no permiten ver prácticamente nada: no quieren arruinar la sorpresa antes de la inauguración. Con los martillazos todavía de fondo, apenas se divisan algunas telas colgadas del techo y varias sillas apiladas junto a la puerta de entrada.

“Si García Lorca hacía teatro en una barraca, el mejor homenaje que podemos hacer es abrirlo, aunque sea de forma precaria, aunque no tenga todos los elementos de un gran teatro”, dice Daoiz Uriarte, integrante de la Asociación Civil El Camarín de Pocitos y uno de los principales impulsores de que el espacio cobre vida.
Después de ensayar durante años distintas estrategias que no llegaron a buen puerto, el plan cambió: abrir y empezar a hacerlo funcionar, aunque las instalaciones no estén listas.

En junio hubo una primera presentación al público, con dos escenas de Bodas de sangre y lecturas de poemas de Lorca. Uriarte aclara, sin embargo, que aquello no fue una inauguración, sino una apertura para que los vecinos “vieran lo que había, porque creían que no había nada”. “Con los escasos recursos que teníamos, arreglamos los baños, compramos alfombras y sillas, además de poner las barandas”, dice.
Después comenzaron a llegar propuestas: un ciclo de jazz y rock, una trilogía de Lorca junto a la Escuela del Actor y Tutankamón, la experiencia. Esta última terminó siendo la prioridad porque, explica Uriarte, “resolvía muchísimos problemas”, entre ellos “la posibilidad de aumentar la sala grande”. Los otros dos proyectos siguen en carpeta y, según adelanta a El País, la intención es concretarlos entre fines de este año y comienzos del próximo.

Espacio Lorca.
Espacio Lorca.
Foto: Ignacio Sánchez.

Uriarte aclara que la idea no es producir contenidos propios, sino “brindar una sala accesible para las organizaciones culturales, para quienes difunden la cultura y tienen dificultades para encontrar una sala bien ubicada a un costo bajo”. También pretende que el espacio pueda recibir reuniones de la alcaldía y articular con otras instituciones culturales. “Hablé con el director del Teatro Solís y me dijo que le faltaba lugar para los ensayos, entonces podríamos hacer una sinergia”, cuenta.

Si todavía sigue embarcado en un proyecto que lleva más de dos décadas, asegura, es también por una deuda con algunas personas por las que siente un enorme respeto. Menciona a Enrique Iglesias, “un amigo que ha hecho todo el esfuerzo para conseguir el dinero y construir esto”, y a Graciela Rompani, Belela Herrera y Mariano Arana. Los últimos dos fallecieron sin llegar a ver el Espacio Lorca en funcionamiento.
Para Rubén Larrosa, de la productora argentina Artes Group, traer la muestra hasta allí implicó un desafío distinto de los habituales. “No es un centro de exposiciones como en los que solemos trabajar, donde llegás y lo único que tenés que hacer es montar”, explica.

Cuando recibió la propuesta desde Uruguay, su primera reacción fue pensar que estaban “totalmente locos”. No solamente por el estado del edificio: una exposición de estas características supone, dice, una apuesta considerable. “Es un movimiento muy grande, viajan dos camiones, son muchos días de armado, pero ellos decidieron asumir el riesgo económico”, señala.

Larrosa, sin embargo, dice quedarse con la satisfacción de haber participado de la recuperación de un espacio que había quedado “muy a la deriva”. Recién al conocer el lugar, su historia y el vínculo de los vecinos con el proyecto terminó de dimensionar lo que significaba aquella apertura. “Es una enorme satisfacción porque el barrio y la ciudad se lo merecen”, sostiene.

Espacio García Lorca en Pocitos, por dentro. Foto: Leo Mainé.

Tutankamón, la experiencia requirió dos años de trabajo antes de estrenarse en Buenos Aires, aunque la idea había comenzado a rondar mucho antes. Larrosa cuenta que durante unos 15 años evaluaron la posibilidad de concretarla, entre otras razones porque “en Latinoamérica no habían girado muestras de esa envergadura”. Uno de los principales desafíos fue encontrar los “proveedores idóneos” capaces de producir las réplicas con la calidad que buscaban.

Luego de idas y vueltas, períodos de financiación y otros sin recursos, ocupaciones que dejaron daños de miles de dólares y la perseverancia de quienes siguen convencidos de que vale la pena tener un centro cultural en Pocitos, el Espacio Lorca vuelve a estar casi pronto para abrir y convertirse, finalmente, en un pulmón que respire cultura.

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