"La casa de Bernarda Alba", García Lorca con dos versiones de Amelia Ochandiano en el Solís: elenco y detalles

La directora española Amelia Ochandiano regresa al Teatro Solís con una doble apuesta de Lorca y una curiosa anécdota personal. Fechas, entradas y los detalles de una Bernarda Alba en teatro y ópera.

Roxana Blanco, Dulce Elina Marighetti y Alejandra Wolff.
Roxana Blanco, Dulce Elina Marighetti y Alejandra Wolff.
Foto: Gentileza Comedia Nacional.

La directora española Amelia Ochandiano llegó a Montevideo con una anécdota que ya se le volvió costumbre. Un tropiezo en la calle —esta vez, subiendo la escalera del teatro Solis— la dejó con la rodilla inflamada. No es la primera vez que le ocurre algo así en la ciudad: cuando vino a dirigir la zarzuela La revoltosa, también al Solís tuvo un percance similar. Ella lo recuerda con humor, porque cada vez que viaja a Uruguay, dice, “algo me tiene que pasar”.

Ochandiano está en Montevideo para dirigir dos versiones de la obra de Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba: una puesta teatral y una adaptación operística, que se realizarán de forma consecutiva en el Solís

A cargo de la Comedia Nacional, La casa de Bernarda Alba tendrá a Roxana Blanco como Bernarda, Alejandra Wolff (quien también actuará en la ópera) como María Josefa, y Dulce Elina Marighetti como Adela. Las funciones irán del 25 de julio al 6 de setiembre y las entradas (para la obra y la ópera), están a la venta en Tickantel.

Amelia Ochandiano.
Amelia Ochandiano. Foto: Archivo.
Foto: Difusión.

Desde su última visita, Ochandiano se quitó el pendiente de dar clases. “Como se retrasó un proyecto de ópera barroca en el Teatro de la Zarzuela hasta 2027, aproveché para dedicarme a eso y también para preparar este proyecto grande y otro para España, porque los proyectos se presentan con más de un año de anticipación”, dice. Claro que hacer estas dos versiones del texto de García Lorca, le permiten revisitar una obra que ya había realizado, en 2006. ”El primer reto siempre es no hacer lo mismo. Ver cómo ha cambiado tu mirada con el tiempo”, dice.

“Hay cosas que siguen siendo interesantes para mí, que forman parte de mi punto de vista sobre la obra, pero también hay una mirada distinta, inevitablemente. En este caso, curiosamente, más optimista. La obra es durísima, pero encontré un punto de liberación”, adelanta la directora.

La propuesta parte de una premisa: considerar la obra como un “drama de mujeres” sin la segunda parte del subtítulo, “en los pueblos de España” para no anclarla a un contexto específico. Desde ese enfoque, la puesta busca reflejar dinámicas de represión y tensiones vinculadas al patriarcado, a partir de recursos escénicos y de movimiento, sin modificar el texto original.

Las dos versiones —teatro y ópera— están concebidas como proyectos autónomos, aunque vinculados. Cada una tiene un desarrollo completo, pero en conjunto ofrecen una lectura complementaria. Comparten un mismo espacio escénico, que se transforma para adaptarse a cada formato.

Amelia Ochandiano
Amelia Ochandiano. Foto: Archivo.

El calendario de trabajo prevé el estreno de la obra teatral con el inicio de los ensayos de la ópera. Para Ochandiano, se trata de una dinámica poco habitual en su trayectoria, que requiere organización y trabajo en equipo.

Sobre la nueva mirada al clásico de García Lorca que celebra 90 años, lo que representan los personajes, y la vigencia del texto, es este fragmento de la charla con Amelia Ochandiano.

—Dijo que vuelve a esta obra con una nueva mirada. ¿Cómo piensa hoy a Bernarda como figura central?
—Bernarda representa el patriarcado, pero lo interesante es que esa figura esté encarnada en una mujer. No es solo un personaje autoritario o un verdugo, sino que también es víctima del mismo sistema que reproduce. Todo lo que hace está atravesado por la idea de proteger a sus hijas frente a lo que considera un peligro externo, que es lo que la obra muestra constantemente. En ese proceso, se anula como mujer y también como madre, porque no se permite ningún tipo de expresión emocional. Por eso me parece más interesante entenderla en esa doble condición, no solo como quien ejerce el control sino también como alguien que está atrapada en esa lógica.

—En esa casa no hay lugar para la sororidad.
—No, lo que predomina es el enfrentamiento. Es un espacio donde no hay salida y donde las relaciones están marcadas por la tensión constante. La única posibilidad de generar una salida sería a través de la unión entre ellas, pero eso no sucede. Y justamente, cuando las personas se unen, suelen aparecer alternativas o formas de resistencia. En este caso, esa unión no se da, y eso refuerza el encierro.

—¿Y Adela encarna esa posibilidad de ruptura?
—Adela es el personaje que no acepta el status quo. Es una joven que, frente a una situación de encierro extremo —ocho años sin salir—, busca todas las estrategias posibles para encontrar una salida. No se plantea resignarse. En ese sentido, actúa desde el impulso y desde la necesidad de romper con lo que se le impone. No diría que responde a una ideología concreta, pero sí representa una actitud de no aceptación frente a las normas establecidas.

—¿Qué lugar ocupa María Josefa en su lectura?
—Es un personaje fundamental. Está encerrada, es mayor y se la considera loca, pero en realidad tiene una lucidez muy particular. Al estar en ese lugar tan extremo —incluso físicamente, en un nivel inferior dentro de la casa—, lo que hace es trascender esa realidad. Para mí vive en otro plano, donde lo que dice está cargado de poesía y también de una comprensión muy clara de lo que ocurre. Tiene una relación distinta con la realidad.

—¿Funciona como un punto de fuga dentro de la obra?
—Sí, porque a través de la imaginación logra salirse de esa situación de encierro. Cuando no hay nada —ni contacto, ni posibilidad de acción—, lo que queda es la capacidad de imaginar. Y eso es lo que hace: construir imágenes, recuerdos, escenas que le permiten desplazarse de ese lugar. Es una forma de escape dentro de un contexto donde no hay otras salidas.

—¿Por qué creé que la obra sigue vigente?
—Porque es una obra que trabaja sobre conflictos muy profundos en las relaciones humanas. Más allá del contexto en el que fue escrita, lo que plantea sigue siendo reconocible. Las tensiones, los vínculos, las dinámicas de poder que aparecen en la obra siguen presentes, y eso hace que no se agote con el tiempo.

—Si alguien nunca la vio, ¿por qué debería verla ahora?
—Porque es un texto con una fuerza muy grande, tanto desde lo que cuenta como desde cómo está construido. La historia de esas mujeres encerradas tiene un peso dramático muy fuerte, y además es una obra que el público suele querer ver. Tiene elementos que la hacen muy atractiva desde el punto de vista teatral.

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