Amelia Ochandiano, tras el éxito de Bernarda Alba y el estreno de la ópera: “La música es la que manda”

La directora española, responsable de la exitosa La casa de Bernarda Alba de la Comedia Nacional, estrena ahora la versión operística del clásico en el Teatro Solís.

Ópera "La casa de Bernarda Alba".
Ópera "La casa de Bernarda Alba".
Foto: Teatro Solís.

La española Amelia Ochandiano ha atravesado estoicamente el invierno uruguayo, y eso no es poca cosa. Llegó a Montevideo el 26 de mayo y desde entonces no paró de trabajar. Su versión de La casa de Bernarda Alba con la Comedia Nacional consiguió, además, dos cosas inéditas: unanimidad crítica y entradas agotadas en todas sus funciones.

Y simultáneamente ha estado dirigiendo la versión operística de Miquel Ortega del texto póstumo de Federico García Lorca, con dirección musical de Martín Jorge con la Orquesta Filarmónica de Montevideo y la mezzosoprano española, Nancy Fabiola Herrera en el protagónico. Es parte de la Temporada Lírica y tendrá funciones el 8, 10 y 12 de setiembre en el Teatro Solís. Las entradas están a la venta en Tickantel y van de 900 a 2.500 pesos.

Sobre eso, Ochandiano -quien después de esas funciones vuelve a España, a unas plantas de apartamento que soportaron el calor madrileño- charló con El País.

—Cuando está trabajando en una obra, ¿sabe si va a ser un éxito?
—Siempre te imaginas que la cosa va a funcionar. Y la experiencia te dice que algunas veces sí y otras no tanto. El teatro, además, tiene esa cosa intangible: se empiezan a sumar elementos, pero todo está en un equilibrio completamente inestable. Todo puede cuajar o desmoronarse. Y luego hay algo -no quiero llamarlo magia, porque no lo es- que hace que todo encaje o no. El público, además, lo nota enseguida. Se acostumbra rápidamente a lo que fluye y, cuando algo se atasca, lo ve.

Amelia Ochandiano
Amelia Ochandiano. Foto: Archivo.

—Y usted también...
—Claro, es mi trabajo: lo noto todo.

—¿Cuánto cambia una obra después de estrenada?
—Voy a estar, afortunadamente, hasta la última función. Igual, no voy a verlas todas -ni quiero- porque llega un momento en que tu visión está contaminada por cada detalle, por cada cosa. Suelo llegar al estreno bastante ensayada pero me gustan mucho las primeras funciones porque todos estamos muy pendientes de la partitura interna que hemos construido. La repetición con verdad, frescura, autenticidad es lo más difícil de hacer en el teatro. Esta es una obra muy exigente y, sin querer, algunas veces se afloja un poco o buscas recursos más sencillos. Pero si tienes un equipo como este, en el que las actrices estamos muy conectadas, les doy algunas notas y enseguida se recompone.

—Se lo pregunto porque sé que la escena final, con la escopeta y la muerte de Pepe el Romano, cambió de las primeras funciones.
—Eso lo cambié directamente a los pocos días. Ya había dirigido esta obra hacía 20 años y siempre pensé que lo de la escopeta era un gag que Lorca escribió sin darse cuenta. Estoy segura de que no quería que en ese momento el público se riera. Lorca revisaba mucho sus obras, pero con esta no tuvo tiempo. La otra vez que la hice, la gente se reía en ese momento y yo les decía: “Se van a reír, no pasa nada; hay que remontarlo y seguir”. Pero después me empezó a dar coraje y comencé a pensarlo. Y cambiamos. Lo de la escopeta se dice más bajo, luego entra Bernarda y, en vez de ser tan contundente, va directamente hacia Adela. Creo que es normal que, cuando hay una tensión tan acumulada durante tanto tiempo y, además, está todo el mundo con “Pepe Romano” para acá y allá si alguien se levanta y dice “¿dónde está la escopeta?”, el público se ría. Lo hemos cambiado porque creo que el público no merecía salir de ese estado para entrar en otro y volver a salir.

—¿Cómo juega en la puesta de Bernarda Alba, el vínculo de la obra con Uruguay a través de Margarita Xirgu?
—Soy bastante osada, porque si no, no puedes meterte en esto. Admiro a Margarita, adoro a Lorca, me encanta esta obra y ya la había dirigido. En un momento dije que me daría muchísima ilusión hacerla y trabajar con la Comedia, con quienes había estado en algunos de los espectáculos que traje a Uruguay a lo largo de los años. Cuando se planteó, lógicamente sabía que me la jugaba. He estado leyendo mucho sobre Margarita, sobre su vida, y descubrí realmente la importancia que tenía en este país. El coraje que tuvo para hacer lo que hizo, el coraje que tuvo para apostar por Lorca. Porque él fue quien fue gracias a muchas cosas, entre ellas, a Margarita. Ella realmente apuesta por él cuando Lorca no era nadie. Y el hecho de que aquí una mujer haya marcado tanto la trayectoria del teatro en Uruguay también era muy importante para mí.

Ópera "La casa de Bernarda Alba".
Ópera "La casa de Bernarda Alba".
Foto: Teatro Solís.

—¿Era un modelo a romper por ejemplo, en la forma de actuarla?
—Hay que pensar que la actuación lleva mejorando no desde tiempos de Margarita, sino desde antes. Es una de esas cosas que evolucionan. Hay otras cosas en la vida que mejoran, pero la interpretación, tanto en teatro como en cine, siempre lo ha hecho. Cada vez las interpretaciones son mejores. Por otro lado sabía que, a pesar de que es un autor muy amado y querido, tampoco había habido grandes puestas. Y yo estaba segura de que podía hacer algo con esta compañía, con ese texto y con un teatro como el Solís. A partir de ahí, el período de ensayos ha sido para mí un regalo. Lo he disfrutado muchísimo y creo que hemos conectado muy bien.

—¿Cómo ha sido el trabajo con la ópera?
—Me ha costado un poco más -quizás porque estoy algo cansada- porque vamos muy rápido que es algo que siempre pasa en la lírica. Se trabaja con otros códigos, porque los intérpretes son diferentes y tienen otras herramientas para trabajar, entre ellas la voz.

—¿Cuáles son las diferencias con la puesta teatral?
—Menos el personaje de María Josefa, la abuela, que vuelve a interpretar Alejandra Wolff, todos los personajes cantan, claro. La escenografía es la misma, pero hay cosas diferentes. La casa se cierra y luego hay alguna cosa que se verá por ahí, pero tampoco quiero revelar mucho.

—La ópera suele ser más difícil, digamos, para el público...
—Sí, pero es muy sorprendente. No sé cómo va a ser la experiencia para la gente, pero ver la misma historia, porque es la misma historia, pero cantada, es muy curioso. Hay momentos subrayados por la música y, de alguna manera, lo que ha subrayado la música no es lo mismo que he subrayado yo en la puesta de teatro. Entonces tengo que ir con eso y encantada, porque es así: la música es la que manda.

—En ese sentido, ¿cómo es la partitura de Miquel Ortega?
—Es música contemporánea basada en el conflicto de los personajes. La partitura me encanta, pero es muy exigente porque está todo un poco reducido y eso obliga a ir muy al grano. Hay que estar muy concentrados e ir a por todas. Son los mismos personajes, el texto es casi igual, pero no es exacto. Entonces, con eso tengo un poquito de nervios.

—Pero eso debe ser habitual antes de un estreno...
—Un poco. Es como soy.

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