La última lección de Vicky en el final de "Envidiosa" y la canción uruguaya que acompaña su viaje en Netflix

La cuarta y última temporada de "Envidiosa" llegó a Netflix para cerrar la historia de la compleja Vicky y reflexionar sobre la maternidad, con una banda uruguaya como parte clave de su soundtrack.

Envidiosa
Griselda Siciliani como Vicky en "Envidiosa".
Foto: Alina Schrwarcz / Netflix

Aunque lo que más se suele subrayar es la intensidad de Vicky, ese desborde constante por el que circula Griselda Siciliani para la construcción del personaje, en la cuarta y última temporada de Envidiosa aparece con más claridad otra de las virtudes de la actriz: la capacidad de pasar de la furia a la angustia con apenas un gesto facial y un cambio mínimo en el tono de voz. Siciliani lo hace varias veces en los 10 episodios que concluyen quizás la gran aventura de su trayectoria: una serie bien hecha que le dio visibilidad global.

Atropellada como siempre, pero con más margen para frenar y poner reversa: así es la última vuelta de Vicky en Envidiosa, la serie de Adrián Suar que firma Carolina Aguirre y, en los últimos dos años, se convirtió en uno de los títulos más populares de la región, con una popularidad —cortesía del streaming— que trasciende lo estrictamente sudamericano.

Estrenada el miércoles, y como ha pasado con las anteriores, la temporada 4 ya se coló entre las 10 series más vistas del mundo en Netflix, según las cifras de Flixpatrol. Al cierre de esta nota estaba primera en Chile, Costa Rica, Paraguay, Uruguay y Argentina, y bien posicionada en lugares como España, Serbia o Israel.

La temporada final está surcada por la maternidad, un tópico que ha sido relevante desde el comienzo y que se había acentuado aún más en el tercer ciclo. Allí, a pesar de que toda la vida había perseguido de manera casi obsesiva el modelo ideal de carrera, esposo e hijo, Vicky se daba cuenta de que en verdad no quería ser madre.

Pero la vida obra de formas misteriosas y en la ficción eso ocurre a la enésima potencia. Así que ante su epifanía, apareció un niño de nueve años que es un hijo del que Matías, el novio de Vicky —el personaje de Esteban Lamothe— no tenía idea. Su llegada vino a sacudir la estantería y a cambiar las prioridades de una convivencia que recién estaba empezando a ocurrir. Como si fuera poco, Bruno (el niño, interpretado sólidamente por Dante Barbera) acarrea una madre poco convencional, Nora (Julieta Cardinali), un blanco fácil para las críticas de la protagonista, que está siempre lista para el combate.

Pero este nuevo eje de tensión entre madre y madrastra es apenas un elemento en la red de maternidades que propone la temporada que, con un abordaje feminista, pone en escena diferentes situaciones.

Por allí está Carolina (Pilar Gamboa), la hermana de la protagonista, que en pleno puerperio y depresión post parto decidió separarse de Fermín (Adrián Lakerman) y ahora se arrepiente. También está Lu Pedemonte (Violeta Urtizberea), canalizando angustias propias a través de una hija que se inicia en el patinaje artístico. Y Débora (Marina Bellati), que decidió ser madre junto a su nueva pareja y todo se desarmó en el camino. E incluso la madre de Vicky, Teresa (Susana Pampín), quien está iniciando una nueva vida y a quien su hija todavía le reclama algunas traumáticas ausencias de la infancia.

Todos los caminos conducen a la misma idea: a la maternidad no como un ensueño, sino como un ejercicio en el que se hace lo que se puede, con las herramientas que se tiene, con aciertos, pero sobre todo con errores. Y también a la realidad como una foto que se mira con distintos lentes cuando se trata de cómo cumplen ciertos roles los hombres y las mujeres.

Envidiosa, la temporada 4, tiene mucho de eso en clave de humor entre contratiempos, pasajes oníricos y el ligero enredo que propone la reaparición de Nicolás (Benjamín Vicuña), viejo amor de Vicky, que regresa a su vida justo cuando todo parecía estar enderezándose. Todo con los condimentos de siempre: escenas que transcurren esencialmente en interiores, un par de paisajes pintorescos, vestuarios de lo más llamativos que llenan la paleta de colores vivos, estridentes. Y una banda sonora tan placentera como atinada que esta vez incluye una canción uruguaya para musicalizar una escena definitiva.

Ocurre en el episodio final, cuando Vicky intenta por todos los medios llegar a un evento importante en la vida de Bruno, como si en ese gesto pudiera resarcir sus viejas heridas, sus profundas carencias. Intenta e intenta, pero todo le sale mal. Encuentra la salvación en un recolector de basura y entonces viaja, como una Cenicienta del conurbano porteño, aferrada a la parte de atrás de un camión de basura mientras la voz de Camila Rodríguez de Niña Lobo canta “Hay pocas cosas de las que estoy segura / Y vos seguro sos una”, de “Flores celestes”, una de las joyas del último disco de la banda, Montevideo despierta. Es un gran momento.

De alguna forma, en esa ternura triste y en esa épica mínima, Envidiosa sintetiza su final. Vicky cierra esta historia haciéndose —un poco— cargo de sus miserias, entendiendo que la vida no es lo que se sueña sino lo que se construye, disfrutando de la cosecha. Que puede ser imperfecta, sí, pero es suya. Eso también está en la forma en que Envidiosa se despide: la temporada final se siente un tanto superficial, predecible, pero le hace justicia a sus personajes y no deja a Vicky en el mejor lugar posible sino en un lugar real, consciente de una felicidad que está, que existe, aún cuando no sea rosada, brillante y pulida. La vida se trata de otra cosa.

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