Gabriel Book tiene una ventaja poco habitual para un detective: vive rodeado de las respuestas. En Bookish, la serie creada, escrita y protagonizada por Mark Gatiss, el protagonista regenta una librería de libros antiguos en el Londres de 1946 y utiliza el conocimiento acumulado entre miles de páginas para ayudar a la policía a resolver asesinatos. Pero la serie no se queda en el policial clásico: hay humor, elementos sobrenaturales, secretos personales y una mirada particular sobre la Inglaterra de posguerra.
Film&Arts estrenó el 17 de setiembre la segunda temporada (también disponible en NSNow y Flow), en la que Book se enfrenta a nuevos casos, desde una investigación vinculada al espiritismo hasta un asesinato en una sastrería de Savile Row.
La temporada también lo lleva fuera de Londres, a un pueblo alemán donde una misión aparentemente sencilla termina en un castillo rodeado de sospechosos. Mientras tanto, su vida privada se complica con la aparición del coronel Reggie Winters, interpretado por Rupert Graves.
Para Gatiss, Bookish reúne varias de las obsesiones que atravesaron su carrera. El actor, guionista y showrunner fue uno de los creadores de Sherlock, la serie protagonizada por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, y escribió numerosos episodios de Doctor Who, programa del que además fue fan desde niño y en el que llegó a interpretar al profesor Lazarus. El misterio, el terror, lo fantástico y las historias con un giro forman parte de un territorio creativo al que vuelve una y otra vez.
Bookish nació hace casi una década durante un viaje en avión, cuando Gatiss imaginó el título, la librería como una especie de computadora analógica y a un hombre homosexual que, en una época en la que las relaciones entre hombres todavía eran ilegales, estaba casado con una mujer como forma de protegerse. El resultado es una serie que el propio Gatiss prefiere no encerrar bajo la etiqueta de “cozy crime”: puede tener la comodidad de los relatos clásicos, pero también quiere ser filosa, extraña y capaz de moverse entre distintos géneros.
—Has trabajado durante años con detectives, ciencia ficción, terror y personajes bastante inusuales. ¿Qué sigue atrayéndote del misterio?
—Mucho tiene que ver con el gusto. Creo que, un poco como cuando comes, tus gustos cambian a medida que envejeces. Mis primeros gustos estaban mucho más orientados hacia el terror gótico y ese tipo de cosas. Siempre me gustaron los policiales, pero en algún momento empecé a interesarme muchísimo por los detectives de la Edad de Oro y por toda esa estética.
—¿Y Bookish terminó siendo una especie de síntesis de esas influencias?
—Sí. Y eso es algo que me gusta. En la superficie es una serie de detectives de la Edad de Oro ambientada justo después de la guerra, pero tiene elementos sobrenaturales, mucha comedia, rareza y también patetismo. Me gustaría que, a medida que avancemos —ya estamos haciendo una tercera temporada y acabamos de terminar el especial de Navidad— podamos incorporar todavía más de esas cosas. Es un mundo que puede contener muchas historias diferentes.
—Gabriel Book está rodeado de libros y utiliza todo lo que sabe para resolver sus casos. ¿Hay algo de vos en esa manera de mirar el mundo?
—Sí, completamente. Pero no quiero que sea yo. Tengo que tener cuidado de no darle simplemente mis propios prejuicios. Uno de ellos, por ejemplo, es mi odio declarado hacia los médiums, que es justamente de lo que tratan los episodios uno y dos. Eso soy yo hablando. Pero no quiero que sea simplemente yo con una peluca.
—Aunque los libros parecen ser una parte bastante personal del personaje.
—Él ha leído muchísimo más que yo, obviamente. Ese es su superpoder. Hay una línea en los episodios tres y cuatro de la segunda temporada sobre un libro y yo dije: “No sé, nunca lo leí”. Todos me miraron asombrados. Y yo dije: “Bueno, no lo he leído todo”. ¿Quién puede? Intenté leer Los hermanos Karamázov tres veces, pero tiene demasiados signos de exclamación.
—¿Cuándo apareció por primera vez la idea de Bookish?
—Estaba en un avión. El título apareció en mi cabeza y todo llegó de golpe: la idea de que la librería fuera como una especie de computadora analógica, el escenario... Y pensé: ¿qué pasaría si él fuera un hombre gay en una época muy peligrosa? ¿Y si estuviera casado con una mujer en un matrimonio de conveniencia? Todo empezó a encajar.
—Entonces el título tiene algo autobiográfico.
—Bookish es definitivamente un título que me gusta. Siempre me gustó esa palabra. De niño me decían que era bastante “bookish”, que era un chico muy metido en los libros. Es una palabra agradable, confortable. No me gusta demasiado el término “cozy crime”, porque creo que podemos disfrutar de la nostalgia y de los elementos de un género conocido sin que necesariamente sea algo cómodo. Puede ser bastante filoso, y espero que esta serie lo sea. Pero, al mismo tiempo, puede disfrutar de todas esas otras cosas. Curiosamente, la palabra bookish me hace sentir bien. Es como un abrigo cálido.
—Pasaste de ser fan de Doctor Who a escribir para la serie y finalmente a formar parte de su historia. ¿Qué aprendiste de trabajar dentro de un universo con una comunidad de seguidores tan grande?
—Es interesante porque, ahora que han pasado 20 años desde que volvió la serie, me doy cuenta de que hay dos mitades muy distintas. Una es la serie con la que crecí y que amaba. La otra es la serie que amé y en la que trabajé. Por supuesto que hay una intersección entre ambas. Pero de lo que más orgulloso estoy es de haber intentado hacer avanzar Doctor Who, para que no fuera simplemente un ejercicio de nostalgia. Y creo que eso es lo correcto. Nunca dejó de ser algo especial para mí, aunque, obviamente, muchos de los mecanismos de hacer televisión eran como los de cualquier otro trabajo. Cuando interpreté por primera vez al profesor Lazarus fue el mejor día de mi vida, porque siempre había querido estar en Doctor Who. Pero hacer la serie es otra cosa.
—¿Qué significa entrar en una obra que admirabas desde afuera y después tener que formar parte de ella?
—Recuerdo que, cuando estaba filmando, conocía a David, que es uno de mis amigos más antiguos, conocía a todo el equipo y llevaba tanto tiempo trabajando en Cardiff que pensaba: “¿Cuándo voy a sentir que esto es Doctor Who?”. Y finalmente sucedió. Fue algo muy específico que me afectó y me hizo sentir un poco abrumado. Pero si realmente te encuentras dentro de aquello que amas, no puedes simplemente quedarte sentado mirándolo. Tienes que hacer algo positivo con eso. Eso es lo que más me enorgullece: haber sido parte de una historia y de una tradición tan enorme. Y saber que algún día habrá un libro de referencia en el que aparecerán los nombres de mis monstruos... Me encanta. Significa que formas parte de una historia que sigue adelante.
—Has contado que Bookish apareció en tu cabeza durante un viaje en avión. ¿Cómo hacés para transformar ese impulso inicial en una serie?
—Por suerte tenía algo con qué escribir (risas). Siempre tengo algo para escribir. Hay una historia maravillosa sobre Roald Dahl: estaba conduciendo de regreso a algún lugar, había niebla, tuvo una idea para una historia y no tenía una lapicera ni nada. Entonces detuvo el auto en medio de la nada y escribió la palabra “elevator” sobre la suciedad del parabrisas. Siempre hay que escribir las ideas. Porque pensás que vas a recordarlas y después no. Al día siguiente te despertás y pensás: “Ayer tuve una idea buenísima”. ¿Cuál era? Es aterrador.
—En Sherlock tomaste un personaje conocido y lo llevaste a otro lugar. ¿Te atrae trabajar con personajes que ya tienen una historia?
—Sí, pero también es maravilloso hacer algo nuevo, como Bookish. Y cada vez es más inusual porque inevitablemente los canales tienen miedo de correr riesgos. Es caro y, si no funciona, es un problema. Por eso estoy muy agradecido y muy feliz de que el canal haya apostado por la serie. Además, la renovaron antes de que se estrenara y volvieron a renovarla antes de que saliera la segunda temporada. Es un voto de confianza maravilloso. Es muy lindo hacer algo que, aunque toma una enorme cantidad de mis propias influencias, es algo nuevo. Y eso merece ser celebrado.
—Si mirás tu carrera, desde The League of Gentlemen hasta Doctor Who, Sherlock y ahora Bookish, ¿qué cosas sentís que se mantienen?
—Siempre hay cambios. Esa es la respuesta sencilla. Pero los relatos de fantasmas, las historias de misterio, cualquier cosa que tenga un giro o un elemento sobrenatural me entusiasman desde que era niño. Son las cosas que te emocionan. Y nunca son del todo sencillas.
—¿Es esa mezcla entre lo cotidiano y lo extraño lo que todavía te interesa explorar?
—Sí. Es algo parecido al realismo mágico: introducir algo extraordinario dentro de una situación cotidiana. Me gusta mucho esa idea.