De “Orgullo y prejuicio” a “Señora Volpe”: la actriz Emilia Fox repasa una carrera que empezó de casualidad

La actriz británica habla de su identificación con Silvia, la protagonista de la serie “Señora Volpe”, su llegada a la actuación junto a Colin Firth, y los personajes que marcaron su carrera.

Emilia Fox en la serie "Señora Volpe".
Emilia Fox en la serie "Señora Volpe".
Foto: Difusión.

La actuación es parte del ADN de la familia de la británica Emilia Fox. Su bisabuela fue actriz, su abuelo trabajó como agente y sus padres también son intérpretes. Su padre, Edward Fox, quedó en la historia del cine como el Chacal en el clásico de Fred Zinnemann. Además sus tíos, primos y hermanos completan un árbol genealógico estrechamente ligado al mundo del espectáculo británico.

Emilia, sin embargo, no pensaba seguir ese camino. A los 19 años estudiaba Letras en Oxford y trabajaba como moza cuando consiguió un papel que le cambió la vida: Georgiana, la hermana del señor Darcy en la serie de la BBC, Orgullo y prejuicio, que lanzó a Colin Firth a la fama internacional.

Desde entonces participó en películas como El pianista y El retrato de Dorian Gray, y en series como Rebecca, Merlín y Una vacante imprevista. También lleva más de 20 años interpretando a la doctora Nikki Alexander en Silent Witness, una de las producciones más duraderas de la TV británica.

Desde su casa, cerca de Kew Gardens, a las afueras de Londres, Fox habló con El País sobre su carrera y Señora Volpe, la serie policial que protagoniza y mañana estrena su tercera temporada en Europa Europa.

Creada por Rachel Cuperman y Sally Griffiths, en la serie policial interpreta a Sylvia Fox, una exespía británica que viaja a Italia para el casamiento de su sobrina. Lo que inicia como un reencuentro familiar se vuelve en la oportunidad de cambiar de rumbo.

—En Señora Volpe, Sylvia deja atrás una carrera exitosa para iniciar una nueva vida. ¿Qué te atrajo de una mujer que decide cambiar de rumbo en un momento en el que, en teoría, ya tiene todo resuelto?
—Creo que tiene que ver con el momento de mi vida en el que estoy. Tengo 52 años y recuerdo que, cuando cumplí 50, pensé que era un momento para reflexionar sobre las experiencias que había vivido. También era la entrada a la segunda mitad de la vida y la oportunidad de pensar cómo me gustaría que fuera esa etapa. Me identifiqué con la idea de una mujer que se ha dedicado por completo a su trabajo y profesión.

—Sylvia sacrificó su vida personal por su carrera. ¿Te identificás con ese conflicto entre lo que conseguimos profesionalmente y lo que dejamos atrás por el camino?
—Me identifico con una mujer que se entrega por completo a su trabajo, cuya identidad está muy vinculada con lo que hace y que, además, disfruta de su profesión. Pero hay diferencias entre Silvia y yo. Tengo una hija que está por cumplir 16 años, así que también tengo una vida personal bastante plena. Sigo unida a mi mamá y papá, mi media hermana y mi hermano Fred. No he tenido que hacer sacrificios como ella. Sin embargo, sí me identifico con esa sensación de pasar largos períodos lejos de la familia y los amigos. Cuando eso sucede, uno siente que pierde el contacto con ellos.

Emilia Fox en la serie "Señora Volpe".
Emilia Fox en la serie "Señora Volpe".
Foto: Moris Puccio/AcornTV

—La serie se filmó en Italia, no es un mal destino para ir a trabajar.
—¡Dios mío! ¡De todos los lugares del mundo en los que se puede rodar una serie! Soy muy afortunada porque me encanta Italia. Ya había trabajado allí antes. Hice dos películas cuando tenía alrededor de 20 años. Una fue dirigida por Roberto Faenza, y una de Roberto Benigni, a quien adoro, tanto a él como a su trabajo. Así que Señora Volpe fue una oportunidad para volver a Italia y, esta vez, hacer una serie. Pude vivir allí durante un período considerable, unos tres meses, y después tuve la posibilidad de regresar en tres ocasiones. Fue algo realmente especial. Viajábamos a Umbría, donde se encuentra el pueblo en el que transcurre la historia, Panicale. Así que cada día filmamos en lugares extraordinarios. Era como recibir el mejor regalo posible una y otra vez.

—Tu primer rol fue en la serie Orgullo y prejuicio, hace varios años, junto a Colin Firth. Es una de esas adaptaciones que siguen ocupando un lugar especial en la memoria del público, 30 años después.
—Lo sé. Y lo curioso es que lo hice porque estaba en la universidad y trabajaba como camarera en vacaciones. Mis padres me decían que tenía que conseguir un trabajo para las vacaciones y ganar mi dinero. Desde mis 14 años, esa era la regla: tenía que trabajar para tener mi dinero. Con 19 años estaba en mi primer año de universidad y por alguna razón era una camarera bastante mala. Audicioné para Orgullo y prejuicio y conseguí el papel. No tenía ni idea de lo que significaba participar en una producción que iba a ser tan apreciada por el público. Lo que sí hizo aquel trabajo fue ayudarme a conseguir un agente. Y cuando terminé los exámenes finales de la universidad, ese agente empezó a proponerme para otros trabajos. Y pasé directamente de la universidad a trabajar como actriz. Tuve mucha suerte.

—Creciste viendo de primera mano lo que implicaba ser actor. ¿Eso te impulsó a seguir los pasos de tus padres y continuar con ese legado familiar, o te hizo pensarlo dos veces antes de elegir esa profesión?
—Definitivamente, lo pensé dos veces. De hecho, no quería dedicarme a la actuación. Quería seguir otro camino, hacer algo relacionado con mi carrera de Letras. Pensaba en enseñar, escribir o trabajar como periodista. Realmente no quería hacer lo mismo que mis padres. Ellos habían tenido éxito en su profesión y yo no quería seguir sus pasos. Pero apareció Orgullo y prejuicio: y, una vez que descubrís el entusiasmo y la alegría de actuar, te enganchás. Terminás enamorándote de la profesión. Y eso es lo que me pasó. Desde entonces, la actuación se ha convertido en mi gran pasión.

—Después de más de 20 años en Silent Witness, ¿qué te sigue motivando para volver al papel de Nikki Alexander?
—Me encanta el personaje. La respeto como persona, por lo que hace y los principios morales que defiende. También me gusta mucho el trabajo que realiza como patóloga.

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