Antes de la corona de flores, está el grito. En Midsommar (2019), Florence Pugh llora con la boca abierta, el cuerpo encogido y una desesperación que parece quitarle el aire. Su personaje, Dani, acaba de sufrir una pérdida devastadora. Después vendrán un viaje a Suecia, una comunidad inquietante y el horror a plena luz del día. La película de Ari Aster encontró su centro: esa joven que no consigue contener lo que siente. Pugh tenía 23 años cuando se estrenó y su rostro terminó convertido en una de las imágenes reconocibles del cine de terror contemporáneo.
Ese mismo 2019 fue una luchadora profesional en Luchando con mi familia y la menor de las hermanas March en Mujercitas. Tres películas, tres registros y una aceleración que la llevó a construir una carrera alrededor de mujeres que desean, se equivocan y rara vez atraviesan una historia sin incomodar a alguien.
Ahora, a los 30 años, esa trayectoria suma a Cathy Ames, la figura perturbadora de Al este del Edén (ver recuadro). La adaptación de Netflix también la tiene como productora ejecutiva, un lugar desde el que empieza a intervenir en las historias más allá de su actuación. Entre aquel debut adolescente en el cine británico y este presente hubo películas pequeñas, una nominación al Oscar, dramas románticos y producciones gigantescas. La escala cambió varias veces pero su interés por personajes difíciles de descifrar se mantuvo.
Donde todo empezó
Pugh nació el 3 de enero de 1996 en Oxford y creció junto a sus tres hermanos en una familia vinculada al arte ya que su madre era bailarina. Cuando tenía 3 años, se mudaron al sur de España, en parte con la esperanza de que el clima más cálido aliviara sus problemas respiratorios, que habían requerido hospitalizaciones. Según contó a Vogue, aquella infancia también marcó su manera de relacionarse con el cuerpo, con una naturalidad que conserva de adulta (como defendió ante las críticas por su vestido transparente en el desfile de Valentino de 2022).
La actuación comenzó en los escenarios escolares. No había pasado por una escuela de arte dramático cuando apareció la oportunidad de presentarse a The Falling, la película de Carol Morley estrenada en 2014. Todavía estudiaba y llegó al casting a partir de una convocatoria que encontró en un folleto. Consiguió el papel de Abbie, una alumna carismática en un internado femenino atravesado por misteriosos desmayos. Fue un comienzo poco discreto ya que su personaje debía ejercer una atracción suficiente para que la historia siguiera girando alrededor de ella incluso cuando dejaba de estar presente.
La primera aproximación a Hollywood, sin embargo, le dejó dudas. A los 19 años viajó a Los Ángeles para trabajar en un piloto televisivo y recibió indicaciones para modificar su aspecto, desde el peso hasta rasgos de su cara. Según contó después, aquella experiencia la hizo preguntarse si se había equivocado de profesión. El proyecto no prosperó y regresó a Inglaterra. Allí apareció Lady Macbeth (2016), una película que le devolvió el entusiasmo por actuar y le ofreció algo que escaseaba entre las propuestas que recibía: una protagonista con deseos propios. Katherine, su personaje, pasaba de soportar la autoridad ajena a ejercer violencia. Pugh podía permanecer inmóvil y volver amenazante una habitación; podía hacer comprensible su hambre de libertad sin volver inocentes sus decisiones. Allí quedó planteada una de sus cualidades: sostener la cercanía del espectador incluso cuando el personaje empieza a perder su aprobación. “También se trata de hacer lo que puedas cuando llega ese momento. Y creo que Lady Macbeth fue ese momento para mí”, dijo a TheWrap en 2019.
Después llegó la televisión. En The Little Drummer Girl (2018) encarnó a una actriz reclutada para una operación de espionaje, bajo la dirección de Park Chan-wook. También participó en King Lear y fue Elizabeth de Burgh en Outlaw King. El recorrido le permitió moverse entre literatura, historia y suspenso antes de que 2019 concentrara sus primeras grandes conquistas internacionales.
En Mujercitas, Greta Gerwig le confió interpretar a Amy, dándole varias camadas al personaje, desde la niña caprichosa hasta la joven que entiende las condiciones económicas del matrimonio y las limitaciones impuestas a una artista. La hermana que podía quedar reducida a obstáculo adquirió una perspectiva propia. Por ese papel recibió en 2020 una nominación al Oscar como actriz de reparto.
La entrada a Marvel amplió todavía más su público. En Black Widow (2021), Yelena Belova combinaba entrenamiento para matar, heridas familiares y un humor seco que Pugh convirtió en parte de su atractivo. Retomó el personaje en Thunderbolts (2025), donde el desgaste emocional de la espía adquirió mayor peso.
En paralelo, siguió buscando dramas de otra escala. En El prodigio (2022), de Sebastián Lelio, fue una enfermera que investigaba el supuesto ayuno milagroso de una niña en la Irlanda del siglo XIX. Su personaje observaba, desconfiaba y debía decidir cuándo dejar de obedecer. Después llegaron Jean Tatlock, en Oppenheimer (2023), de Christopher Nolan, y la princesa Irulan, en Duna: parte dos (2024), de Denis Villeneuve. Eran intervenciones dentro de relatos enormes, distintas de los protagónicos que habían impulsado su carrera, pero confirmaban su presencia en el cine de mayor alcance internacional.
Con El tiempo que tenemos (2024), de John Crowley, volvió a una historia sostenida en la intimidad. Junto a Andrew Garfield interpretó una relación atravesada por el deseo, la maternidad, la vocación y el cáncer. Pugh encontró allí una mujer reconocible, obligada a decidir qué hacer con un tiempo que nunca parecía suficiente.
Fuera de los rodajes, también empezó a revisar su propia relación con el tiempo. En 2024 contó a Vogue británica que había pedido un descanso después de años de trabajo casi continuo. Le preocupaba cuánto de su vida había quedado afuera mientras encadenaba películas. En otra entrevista habló de sus ganas de escribir y dirigir, y de participar en una historia desde su origen. La producción de Al este del Edén forma parte de ese movimiento hacia decisiones que ya no se limitan a aceptar un papel. La adolescente que llegó al cine sin formación profesional tiene hoy más margen para elegir su próximo paso, incluso cuando esa elección sea detenerse por un tiempo.
En Al este del Edén, Pugh interpreta a Cathy Ames, uno de los personajes más inquietantes de John Steinbeck. Estrenada el 1º de octubre en Netflix, la miniserie de siete episodios recupera la saga de los Trask y los Hamilton, sus rivalidades y las heridas que pasan de una generación a otra. La adaptación fue escrita por Zoe Kazan, nieta de Elia Kazan, director de la película de 1955 que convirtió a James Dean en una figura del cine. Esta versión amplía el recorrido de aquella y desplaza la atención hacia Cathy, busca explorar a la mujer detrás de una figura leída durante décadas como encarnación de la maldad. Pugh también es productora ejecutiva. La acompañan Christopher Abbott como Adam Trask, Mike Faist como Charles y Hoon Lee como Lee.
El estreno tuvo repercusión también fuera de la pantalla: Netflix informó que la serie había acumulado 19,1 millones de visualizaciones durante sus primeras dos semanas en el Top 10 global y, según Penguin Classics, las ventas de la novela aumentaron casi un 200%.