Era setiembre de 2001 y Gran Hermano 2 estaba al aire. Dentro de la casa, los participantes no sabían nada del mundo exterior; afuera, acababan de caer las Torres Gemelas. ¿Había que contárselo? En Argentina "fue un debate nacional". La producción decidió no hacerlo y esperar a que cada uno saliera. La primera fue Carolina Chiappetta cuatro días después de los atentados: Soledad Silveyra se lo contó frente a las cámaras: "Vas a tener que hacerte fuerte, como todos nosotros". Ella no entendió nada, en una escena que todavía circula como video viral. "Nadie que está dos meses aislado completamente del mundo exterior (...) llega a tener la dimensión real de lo que fue", dice hoy el hombre que estaba al frente de aquella producción. "Ni siquiera nosotros, que estábamos afuera y teníamos toda la información".
Marcos Gorban acaba de volver a Buenos Aires después de casi dos años viviendo y trabajando en Chile, donde lideró los realities de Canal 13. Lleva al menos 25 años produciendo el género y suma, en su cuenta, 13 o 14 ediciones de Gran Hermano en toda América. Fue el productor general de las primeras temporadas argentinas, las que instalaron el formato en el Río de la Plata a partir de 2001.
Hoy su empresa, Sinapsis Producción, asesora a Canal 10 en la primera edición uruguaya del programa, que debutó el 20 de setiembre con 25,7 puntos de rating. Pero lo primero que hace al empezar la charla es corregir la premisa: "Gran Hermano Uruguay es una producción de Canal 10".
— ¿Cuál es tu rol en Gran Hermano Uruguay?
— Gran Hermano Uruguay es una producción de Canal 10, y todo el equipo que lo produjo y lo produce es de Canal 10. Lo que pasa es que Gran Hermano es un formato completamente distinto a todos los demás que se hacen en televisión: se produce al revés en muchos sentidos y tiene un sistema propio. Como es la primera vez que un equipo uruguayo lo produce, soy consultor del formato. Y hay un equipo de Sinapsis Producción, la empresa que lidero, trabajando junto con el equipo uruguayo en las cuestiones estratégicas.
Pero el casting, las notas, cómo se cuenta la historia y los contenidos los maneja y los decide el equipo de Canal 10. Nosotros los asesoramos, trabajamos con ellos, debatimos todas las ideas. Si vamos a poner medallas, son para Canal 10 y su equipo de producción. Nosotros somos los que conocemos mucho el formato.
Cuando hablás de adaptación de formatos, son dos patas: formato y contenido. El formato son las reglas del juego. El contenido es el color local: lo que se discute, el casting, el cómo, el qué. Las reglas del fútbol son universales; cómo juega cada equipo es local y lo decide cada técnico.
Gran Hermano: la versión Uruguay y los secretos del formato
— ¿Qué se debate entre tu equipo y la producción?
— Te doy un ejemplo. Una de las mejores cosas que logró Gran Hermano Uruguay es el casting: es muy bueno el grupo, es muy atrapante. Nos sentamos todos a discutir quiénes eran los 20 que entraban: tales perfiles, tenemos mucho de esto, un poco de aquello. Nuestra experiencia importó mucho y fuimos muy escuchados. Pero trabajamos sobre la muestra que hizo la gente de Canal 10. No es que yo fui a entrevistar gente a Uruguay. Con la metáfora futbolística: nosotros ayudamos a discutir cuáles eran los once, pero los 26 que fueron al Mundial fueron un trabajo uruguayo.
— ¿Qué es clave en un participante?
— Que sea una persona. Voy a decir algo de mucha experiencia: toda la gente que viene al casting miente. No porque sean mentirosos, sino porque todo el mundo, incluso en una entrevista de trabajo, dice lo que cree que quieren escuchar. El que entrevista tiene que leer qué es cierto y qué no te dice. El 90% de las veces, lo que no te dice no te enterás; quizás sale a lo largo del programa y quizás no sale nunca.
Hay que entender que estás entrevistando personas y no personajes. Las personas son redondas, no planas. Superman, Batman: esos son planos, buenos o malos. Los seres humanos tenemos 1.500 abordajes y dependemos de qué pasa, con quién y en qué momento. Muchas veces, "soy un personaje" es la excusa para tapar una cagada.
— ¿Los casting se aciertan siempre?
Tres de los ganadores de las ediciones argentinas que hice no estaban en el grupo inicial. Marcelo Corazza, que ganó Gran Hermano 1, entró como suplente. A Viviana Colmenero la encontramos revisando entrevistas cuando el casting de Gran Hermano 3 ya estaba listo. Y en Gran Hermano 4, Marianela Mirra no había quedado: dos días antes de empezar, Alejandra Maglietti, que todavía no era conocida, nos avisó que no podía entrar porque su familia no estaba de acuerdo. Salimos a buscar quién entraba a último momento, y la que podía era Marianela.
En Gran Hermano Uruguay pasa lo mismo. Gente que creíamos indispensable y que no entró no era tan indispensable, y gente que creíamos que no tenía que entrar y que finalmente entró es buenísima. Esto es lo que pasa cuando trabajás con personas.
— Gran Hermano Uruguay decidió no tener repechaje. ¿Es volver a las raíces?
— No es un cambio sustancial: así es el formato. Cuando se pensó Gran Hermano en el mundo, era un sistema de juego muy sencillo. Dentro de la casa conviven; todas las semanas los participantes nominan y el público elimina a uno de los nominados.
Es un mecanismo perfecto porque hace que la producción no pueda incidir, y ese es uno de los secretos del éxito de este formato. Quién se va lo decide el público, no la producción. Y quiénes quedan nominados lo deciden los participantes, no la producción. Es insospechable.
Ah, sí, podés meter la mano en los teléfonos, pero es un delito. Si vas a cometer un delito, estás hablando de otra cosa. Dentro de las reglas del juego, dentro de lo legal, las reglas son claras: los participantes nominan y el público elimina. ¿Y vos, producción, dónde jugás? Sos el que hizo el casting. Vos decidiste cuáles eran los 20 que entraron. Si dentro de esos 20 metiste 10 errores, es un problema tuyo.
El repechaje aparece cuando hay que estirar: pensabas terminar en noviembre y, por la programación, un auspiciante o lo que sea, tenés que ir hasta diciembre. La televisión es un negocio, y si un canal tiene la oportunidad de estirar, está bárbaro. Pero el repechaje también desgasta: hay un público que pagó para votar que una persona saliera, y vos la metés de vuelta. Es una decisión polémica, que a veces funcionó y a veces no. En esta temporada no se necesita: sabemos cuándo vamos a terminar y hay gente de más.
— ¿Se puede adelantar algo de las sorpresas que vienen?
No tienen que ver con el repechaje; todo lo contrario. Todo el tiempo vamos a jugar con sorpresas. Eso es lo que hace la producción: desde poner un solo mate hasta comunicar que no hay repechaje, y cosas que les van a ir pasando a los participantes con la complicidad del público.
— ¿Y cómo se cuenta todo lo que pasa en la casa? ¿Qué papel juega el guionista?
— El guionista de Gran Hermano hace exactamente el mismo trabajo que vos: es un trabajo periodístico. Se sienta, ve lo que pasa y registra y cataloga todo lo importante: "Catán le dice a Bruno tal cosa, y Bruno sale y habla con Jessica". Recopila esa información para después contarla. Gran Hermano es eso: una pequeña sociedad cuyos vínculos recogés con la herramienta periodística y contás como una novela. Ni siquiera contás la historia de las personas: contás la historia de los vínculos. Usás algo de su perfil para el backstory (de dónde vienen, a qué se dedican, cómo es la familia), pero lo que contás es cómo se lleva uno con el otro, la estrategia, la convivencia.
— ¿Qué tiene de uruguayo lo que pasa en la casa?
— No podemos ser tan pretenciosos de creer que Gran Hermano es un reflejo de Uruguay. Difícilmente lográs una representación del 100% en la Cámara de Diputados; imaginate en un casting de 20 personas. Pero a la gente que entra le pasan cosas que les pasan a los uruguayos, y algunos colores de lo que hoy pasa en Uruguay se cuentan en esa casa. Si vieras Gran Hermano Suecia, escucharías otras conversaciones, otros miedos, otras historias.
A mí lo que más me sorprendió no pasó dentro de la casa, sino afuera: el prejuicio de que, por ser uruguayos, iban a estar todo el día sentados en un sillón tomando mate. Nos divertimos con eso: la producción decidió que el primer día hubiera un solo mate para todos. Pero no somos iguales los uruguayos y los argentinos; somos iguales los seres humanos. Sí, el uruguayo toma más mate que el brasileño. Pero la música es la música, el amor es el amor, las hormonas son las hormonas, y la solidaridad, el humor, la amistad y la estrategia están en todos lados.
— ¿Cómo ves al Colo Gianarelli?
— No lo conocía; me lo presentaron cuando faltaba poco para salir al aire. Durante el proceso inicial del casting yo estaba en Chile haciendo otro reality y opinaba de forma remota. Recién fui a Montevideo para los días en que decidimos los 20, y ahí lo conocí. Me parece un tipo brillante: cuenta muy bien, explica muy bien y se ubica muy bien.
— ¿Te sorprendió el debut con 25,7 puntos de rating?
— No, para nada. Gran Hermano siempre funcionó muy bien en Uruguay, aun produciéndose en Argentina. Era sentido común que la versión propia fuera muy exitosa. El uruguayo siempre vio mucho Gran Hermano: ¿cómo no va a ver el propio? Y el trabajo de Canal 10 fue muy serio, muy responsable y significó mucho sacrificio, porque el riesgo es muy grande.
— Con tantas plataformas, ¿cómo se mide hoy el éxito?
— Estamos aprendiendo todos. Antes era fácil: más rating, más éxito. Yo hice Combate en Canal 9, de 2014 a 2016. Canal 9 era el cuarto de los cinco canales de aire y nosotros marcábamos 3 o 3 y medio, cuando Telefe marcaba 8. Para Canal 9 era un exitazo, pero el periodista te decía "apenas mide 3 puntos". Un día descubrimos que teníamos 350 millones de videos vistos en YouTube. De ahí salieron Nicolás Occhiato, el fundador de Luzu; Flor Vigna, Mica Viciconte, Estefanía Berardi. Y en el Bailando mataban para que los chicos de 3 puntos fueran a bailar.
Hoy es tan multivariable que es difícil. Pero hay un fenómeno inapelable: cuando estás en un éxito, la calle habla de eso. Cuando terminó el primer Gran Hermano, me invitaron a dar una charla en Montevideo. Yendo en auto desde Carrasco, empecé a ver las paredes pintadas: "(Jorge) Batlle, estás nominado". Cuando ya estás metido en el discurso político de ese momento, estás hablando de algo que no se mide en rating. Hoy entrás a un bar y escuchás: que si Catán, que si Jessica, que si Victoria, que si Fabricio.
— También hubo repercusiones desde Argentina con periodistas de espectáculos
— Gran Hermano da que hablar. Siempre dijimos que es una vaca lechera que alimenta a todos. Después, cada uno dice lo que dice y tiene que hacerse cargo de las consecuencias, para bien y para mal. Leí gente que decía que era aburrido. Me llama la atención que, de un programa que marca el doble de rating que la versión anterior, alguien diga que es aburrido en vez de preguntarse: "¿Por qué está teniendo tan buen rating?". Me ha pasado mil veces estar al frente de un programa y tener enfrente a alguien que mide el doble que yo. No siempre encuentro la respuesta, pero por lo menos me hago la pregunta.
— ¿Hay espacio para una segunda temporada en un mercado de 3 millones de personas?
— Te puedo dar la seguridad absoluta de que en 2026 no se va a hacer otro Gran Hermano. Te digo dos variables. Por un lado, nadie se baja de un éxito. Por otro, hacer Gran Hermano en un mercado tan chico es un esfuerzo y un sacrificio muy grandes. Ojalá se pueda, porque está buenísimo.
— Trabajaste muchas veces en Uruguay. ¿Qué fortalezas y debilidades tiene la industria local?
— Uno de mis orgullos profesionales es haber trabajado en casi toda América: Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, México, Estados Unidos, Colombia y Argentina. El mercado audiovisual uruguayo está creciendo enormemente con el PUA (Programa Uruguay Audiovisual) y los planes de fomento, aunque eso está más volcado a la ficción y a las plataformas.
En televisión trabajé sobre todo en el 10 y en el 4, y en los años 90 viví un par de meses en Montevideo grabando cámaras ocultas para Tinelli. Siempre me encontré con excelentes profesionales, muy serios, muy cuidadosos, y que no eran conscientes de lo buenos que eran. Hace 30 años, gente del 4 me advertía: "Mirá que acá tenemos un nivel de desarrollo menor". A los dos días no sabíamos quién era argentino y quién uruguayo. Somos mucho más parecidos de lo que admitimos. Después, ustedes tienen la grappamiel, que para mí está mucho mejor que otras cosas.
El otro costado de Gran Hermano
— ¿Cómo cambió la responsabilidad del productor con la salud mental de los participantes?
— Nunca me hicieron esta pregunta. Hicimos el primer Gran Hermano hace 25 años y ya teníamos muchísimo cuidado con la salud mental. Siempre, siempre, siempre hubo en Gran Hermano un equipo de psicólogos, no solo para contener a los participantes, sino para leer lo que pasaba y prender una luz amarilla cuando hiciera falta.
No fue así en muchos programas de farándula, periodísticos o de otro tipo, donde se expuso gente, se la puso en la picota y muchas veces se generó mucho daño. No en todos, por supuesto. Pero a ellos esta pregunta no se les hace.
— ¿Qué les recomendás a los participantes cuando salen de la casa?
— Que disfruten los 30 segundos de fama, que se diviertan y que no se lo crean. Son las mismas personas que entraron, con una experiencia muy grande que no les garantiza nada. Ninguno entró por ser talentoso, cantante o gran actor. De golpe son muy conocidos y tienen una gran oportunidad para hacer cosas que antes no podían, o para cagarla. La familia, los amigos, los vínculos primarios son lo más importante. Es como saltar de un trampolín: saltás más alto que si no lo tenés.
— Las Torres Gemelas cayeron durante Gran Hermano 2. ¿Cómo se decidió qué contarles a los participantes?
— Pongamos ese momento en perspectiva. Estás haciendo Gran Hermano, los chicos están completamente aislados y de golpe caen las Torres Gemelas. ¿Se lo contás? Fue un debate nacional. Era la segunda temporada, un formato que ni siquiera tenía un año de vida. Decidimos no contarles, llenos de dudas, y decirlo a medida que iban saliendo. La primera fue Carolina, la del video que se hizo viral: no entendió nada. A partir de ahí decidimos contarlo fuera de cámara.
Yo me senté con varios de los que salieron después, y hubo reacciones más ridículas todavía. Pero nadie que estuvo dos meses aislado del mundo podía dimensionar lo que había pasado. Ni siquiera nosotros, que teníamos toda la información. El mundo está en guerra desde entonces. ¿Vos en ese momento tenías esa dimensión? Yo tampoco.
— ¿Qué formato te gustaría hacer que todavía no hiciste?
— Llevo 25 años produciendo realities y me siento un privilegiado: lideré producciones de varios de los formatos más grandes del mundo, como Big Brother, Operación Triunfo, Got Talent o La casa de los famosos. Soy beneficiario y víctima al mismo tiempo de mi experiencia en reality: claramente me llaman por eso. Pero estoy en un proceso personal de explorar otros formatos. Tengo muchas ganas de trabajar más en el género documental y en otros programas de entretenimiento. Hay un tironeo muy rico y muy contradictorio: te llaman para que hagas lo que ya sabés hacer, y vos tenés ganas de hacer algo nuevo.
Ping-pong
El mejor jugador de Gran Hermano. Gastón Trezeguet, lejos.
Un participante que te arrepientas de haber elegido. No los voy a nombrar. Hay cuatro o cinco de los que dije "esto es un error", y muchas veces el que cerró la decisión fui yo. Por suerte, ninguno llegó a la final: los compañeros los nominaron y el público los eliminó. Pero hasta ese momento fue un dolor de cabeza.
¿Streaming o televisión abierta? Van a convivir siempre. Eso de que la televisión abierta se muere es mentira. Se alimentan y van a generar un círculo virtuoso, como en su momento la radio y la televisión.
El mejor conductor. Jorge Rial, que contaba muy bien la historia en las galas. Pero mención especial y de oro para Mariano Peluffo, que lo traducía a lo popular y llevaba los debates a un lugar siempre entretenido.
Un momento icónico. La espontánea de Marianela Mirra y Diego Leonardi. El complot de Gastón: "Votá a Tamara". Roberto Parra barriendo la casa todo el día. Y uno que no viví, pero me encanta: los 15 kilos de lechuga de Pepa. Alguien le podría haber aclarado cuánto pesa una lechuga, y no lo hicieron. Esa decisión de producción es sensacional: años después seguimos hablando de eso.