Invitada al programa Historias de verano (Concierto Punta), la princesa Laetitia D'Arenberg protagonizó un mano a mano sin filtro con Berch Rupenian, donde repasó su historia, su vínculo con Uruguay y uno de los capítulos más personales de su vida.
Oriunda del Líbano y parte de una reconocida familia aristocrática europea, D’Arenberg habló con pasión de su vida en el campo, un ámbito en el que encontró su lugar en el mundo. “Fui la mujer más feliz del mundo en el campo”, aseguró. Y fue tajante: “Sin campo el ser humano no puede vivir. Todo viene de la tierra”.
Aunque ha recorrido distintos países, dejó en claro que Uruguay ocupa un lugar único en su corazón. “No puedo vivir lejos de acá. Me puedo ir unos meses, pero siempre tengo que volver”, dijo. Y explicó qué la ata al país: la libertad. “Acá hago lo que quiero y no tengo vergüenza de quién soy. Y si alguien me mira de costado, me importa tres pepinos”, lanzó.
En contraste, relató que en Europa no siente esa misma soltura. “No puedo ser tan yo. Voy a la casa de mis primos y empiezan a criticar cómo ando vestida, los colores”, contó, y celebró que en Uruguay puede moverse sin condicionamientos, cerca de la gente que quiere.
Pero el momento más revelador de la entrevista llegó cuando se refirió a su vínculo con el alcohol y cómo logró cambiar ese hábito. Con crudeza, recordó un punto de quiebre: “Hace cinco años, una noche estaba con un cuete que volaba por la estratósfera. Al día siguiente me desperté y me pregunté: ‘¿Qué te falta? Tenés nombre, gente que te quiere, vivís en un país que adorás, tenés plata que querés, hacés lo que se te antoja. ¿Cómo podés estar así? ¿Qué te empuja al alcohol?'”.
A partir de ese momento, inició un proceso personal de control. Según contó, no necesitó ayuda para salir de la adicción, sino que aprendió a reconocer los impulsos y a frenarlos. “Cuando me venía la locura, miraba el vaso y decía: ‘No, esto queda en el bar’. Me iba a caminar y a los 15 minutos se me pasaba”, explicó.
"Son impulsos que le vienen a todos los que fuman y toman, una necesidad que viene de adentro. No es fácil, pero si lo controlás, hacés de tu vida lo que quieras", añadió la empresaria.
Hoy, asegura, tiene una relación distinta con el alcohol. “Puedo tomar un vaso y pasar cinco días sin tomar nada. O tomar dos o tres y que no me haga nada, porque ya controlo”, afirmó, aunque reconoció que entender el origen del problema fue lo más difícil. “Es muy difícil encontrar por qué tomás. Si encontrás la llave, cambiás todo”.
Sobre el final, también dejó una reflexión sobre Uruguay, un país que —según dijo— tiene un enorme potencial. “Hay mucho para hacer. No copien a otros países, piensen en lo que necesita este. La gente es buena, y eso es lo más importante”, concluyó la princesa.
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