El periodista y expolicía Santiago Bernaola realizó una denuncia pública por la "incautación de su celular por Interpol" en una caso que lleva adelante la fiscal Verónica Bujarín. El comunicador, ex Telenoche y Subrayado, asegura que un policía utilizó los datos de su cédula de identidad y su foto para contratar una línea de celular que empleaba para maniobras delictivas vinculadas a menores de edad que están bajo custodia del INAU.
Citado a declarar por Interpol, Bernaola entregó voluntariamente su celular para que sea periciado en el marco de la investigación denominada operación Tridente. "Lo di de buena onda", dijo y agregó que no se le imputó ningún delito ni fue a la policía en calidad de indagado. Acudió sin abogado, dio sus contraseñas y respondió a las preguntas de los investigadores, negando conocer a las personas que le mencionaron, en su mayoría las menores víctimas del caso y el policía señalado como autor de los mensajes con el celular que utilizaba su foto.
Aunque le dijeron que la pericia al teléfono llevaría 24 o 48 años, el dispositivo lleva una semana en la dependencia policial y no obtiene respuesta sobre su devolución, según la denuncia de Bernaola.
"Yo soy una víctima de este delito", aseguró Bernaola, quien fue policía en los '90 y 2000 y trabajó en varios medios televisivos y gráficos. Actualmente sigue informando del día a día policial desde sus redes sociales.
Ante la demora en la devolución del aparato, intentó comunicarse con Interpol, sin éxito. "Nadie me atendía. Los amigos y los no amigos", dijo.
Finalmente, consiguió el número de la fiscal Bujarín y le escribió para consultar por la situación. La respuesta, según su testimonio, fue de molestia de la jerarca. "No sé quién es usted, no sé por qué me escribió", fueron algunas de las palabras que atribuyó a la fiscal, quien le habría indicado que debía realizar el reclamo por los canales correspondientes, los que tampoco especificó.
Bernaola cuestionó la reacción de la fiscal y recordó que continúa ejerciendo el periodismo a través de sus redes sociales, aunque ya no trabaje en televisión. Además, dijo que no recibió en Interpol ninguna constancia de que el celular quedaba bajo custodia policial. "No tengo ningún papel de que mi celular está ahí", comentó.
El episodio tuvo otra derivación cuando, según contó, recibió una llamada de una oficial de Interpol que le preguntó cómo había conseguido el teléfono personal de Bujarín. El comunicador se negó a revelar quién le había proporcionado el contacto, amparándose en el secreto profesional como periodista.
"No tengo obligación de darte el nombre de mi fuente, porque es una fuente y como periodista me reservo el derecho profesional de no darte información", manifestó.
Bernaola aseguró que posteriormente un jerarca policial le comunicó que el dispositivo ya no sería necesario para las actuaciones de Interpol, pero que su devolución dependía de una autorización de Fiscalía.
"¿Por qué yo tengo que ir a Fiscalía a pedir que me den el celular de vuelta? Si yo no tengo nada que ver y si vos, como Interpol, me incautaste el celular, sos vos el que tenés que preguntar a Fiscalía cuándo me lo devolvés", reclamó.
También cuestionó que le sugirieran contratar un abogado para gestionar la devolución, con el costo económico que eso implicaría. El periodista está hoy en seguro de paro.
Además, Bernaola expresó especial preocupación por el contenido del teléfono, donde conserva contactos familiares, información personal y datos reservados de fuentes periodísticas vinculadas a investigaciones sobre homicidios, narcotráfico y otros delitos.
"¿Está bien que se vulnere la privacidad de un celular de un periodista en actividad?", se preguntó. También comparó su situación con la de comunicadores de mayor exposición mediática, como lo que ocurrió con Ignacio Álvarez, a quien una fiscal le pidió el celular y el periodista se negó a entregarlo.
"Lo que están haciendo es ningunearme. Literalmente lo que están haciendo", sostuvo Bernaola.
El periodista cerró su descargo reclamando la devolución del dispositivo y una explicación sobre el procedimiento. "Realmente es un atropello, una vergüenza, una tomada de pelo y una falta de respeto", concluyó.