Paul Higgs abre un bar que no existe: La Perla Perdida cobra vida entre rock, misterios y recuerdos familiares

Este jueves y viernes, Paul Higgs presenta "La Perla Perdida" en La Cretina. Su nuevo disco mezcla rock, funk y candombe, incluye a Hugo Fattoruso y tiende un puente con la historia musical de su padre.

Paul Higgs.
Paul Higgs.
Foto. Ary Gutiérrez.

Una tarde fría de primavera, mientras el sol bajaba por Durazno y Convención, Paul Higgs y Francisco Cunha se sentaron en una mesa de la vereda y empezaron a imaginar un bar. Podía parecerse al Ducón o a esos boliches montevideanos donde personas sin nada en común quedan unidas durante el rato que comparten la barra. Sin embargo, este tendría algo distinto: estaría habitado por personajes salidos de las canciones y sería atendido por una criatura mitológica, el “críptido del rock uruguayo”. Lo llamaron La Perla Perdida.

El bar no existe, pero este jueves y viernes tendrá dirección: La Cretina, en Soriano 1236. Allí, desde las 21.00, el músico uruguayo radicado en Buenos Aires presentará el disco nacido de aquella conversación y transformará la sala para que el público pueda entrar, durante dos noches, en el universo que construyó. Entradas en RedTickets por 600 pesos.

La Perla Perdida es un álbum breve —ocho canciones en 20 minutos—, pero alrededor de su mezcla de rock, funk, pop y candombe despliega una historia completa. En la portada, el críptido barre el piso del bar; adentro se cruzan personajes, recuerdos y referencias. “Rayo verde”, la última canción, reúne las piezas del recorrido.

Higgs, que acaba de cumplir 33 años, explica que la perla representa una esencia creativa “impoluta”, ese instante de libertad en que una idea parece revelarse por completo. Apenas se la encuentra, sin embargo, vuelve a escapar. “Cual ovni, sale disparada mediante métodos de transporte desconocidos para esta dimensión y se va a la velocidad de la luz”, dice a El País. Y la búsqueda vuelve a empezar.

“A esa perla he dedicado mi vida: a encontrarme en un espacio creativo de la mayor libertad posible para plasmar música”, asegura. Por eso el críptido barre y lustra los pisos del bar: hace visible el trabajo diario de acercarse a algo que siempre escapa. El ilustrador Daniel Turcatti convirtió en imágenes el concepto de Higgs y Cunha.

La búsqueda no parte solo de momentos luminosos. En “H.I.T.”, el protagonista intenta encontrar la canción destinada al éxito, pero cuando mira hacia adentro solo descubre misterios y confusiones. La frase dialoga con El misterio de Paul Higgs, el disco que publicó en 2024, y convierte la frustración en motor creativo.

“Los misterios, las confusiones y las angustias son el material más sustancioso para transformar en música”, afirma. “No significa que la canción deba hablar de una angustia. Es ese estado de vulnerabilidad el que a veces resulta óptimo para darle vuelta y convertirlo en música”. La referencia al disco anterior es un guiño para “quien tenga el oído y el corazón abiertos”.

La Perla Perdida no se agota en su concepto. Tiene guitarras distorsionadas, estribillos inmediatos y cambios de clima. Tamara Leschner ocupa un lugar central con la flauta traversa y los arreglos de voces. Las partes vocales se grabaron en el dormitorio alfombrado de su madre, en Florencio Varela, porque el espacio reducía el rebote del sonido.

“Tamara es un pilar de mi historia musical: en mis grupos, mis discos y mis invenciones. Y en mi vida, ni que hablar”, dice sobre su pareja. Leschner también dirigió y produjo el video de “Banco de Arena”, que se estrenará próximamente y se filmó en la disquería 33 Revoluciones y en un barco del puerto de La Paloma. Haber estudiado ingeniería pesquera en Mar del Plata ayudó a conseguir el acceso.

Banco de Arena” tiene un genial solo de sintetizador de Hugo Fattoruso. La participación se concretó mediante un intercambio de correos: Higgs le envió la canción y días después recibió la pista. “La escuché y dije: ‘No puede ser’. La puse sobre la música y resultó intacta de principio a fin”. Tener a Fattoruso significó “un mojón” en su historia.

“A los músicos de la generación de Hugo les tocó un mundo distinto, pero hay algo que nos conecta”, señala. Higgs ya había vivido un encuentro similar al grabar “Otra vez de nuevo”, su primer candombe, en Sondor, con la familia Núñez y Juan “Mucho” Correa. “Era historia viva. Cada vez que puedo vuelvo: las paredes hablan”.

Para los shows viajarán Leschner, el baterista Ignacio “Ignus” Zavalla y el bajista Marcelo Nízzero. También llegarán Florencia Russi y Kevin Turbio, responsables de convertir visualmente La Cretina en el bar del disco. “Forman parte de la banda aunque no toquen instrumentos”, aclara.

El álbum se tocará completo y el show seguirá con canciones de sus trabajos anteriores. El cierre, dice, podría incluir “Hay una falla en tu mente”, de Níquel. “Tuve un ataque de entusiasmo y dije que teníamos que terminar con ese temón. Sonaría en La Perla Perdida con los parlantes a todo volumen. El rayo rockandrollizador va a pasar por ahí”.

El título adquiere otra resonancia al mirar la historia familiar de Higgs. Su padre, Eduardo “Lulo” Higgs, integró The Shades, una banda pionera del beat uruguayo que grabó cuatro simples en los sesenta. Este año, la investigación de Lalo Montes y Leo Bianco para los sellos Cólera para Ti y Little Butterfly reunió el material en Un-Shade, un EP que le hace justicia al grupo.

“Sabía que mi padre era parte de la historia de nuestra música, pero verlo validado por personas ajenas a mi familia fue movilizante”, comenta. Lulo es el único integrante vivo de The Shades, y Un-Shade juega con quitarle la sombra al grupo. “El trabajo y el cuidado que le dedicaron fueron un espectáculo”, destaca.

El rescate sigue en la intimidad. Lulo revisa cintas antiguas y le envía grabaciones caseras que nunca quiso publicar. Varias reaparecieron en El misterio de Paul Higgs. “Destruyo mi guitarra”, por ejemplo, fue regrabada junto a Mateo Sujatovich, de Conociendo Rusia, en los estudios Panda.

La canción había nacido entre 1979 y 1982 en el cuarto del primer apartamento donde Lulo vivió con su esposa. “Muchos años después nació su hijo, creció, encontró eso y lo volvió a grabar. Son las vueltas impredecibles de la vida y la vida propia que adquieren las canciones”, dice Paul. Su padre, retraído durante la dictadura y sin pretensiones de exposición, incluso le preguntaba por qué grababa aquello.

La historia tiende un puente con La Perla Perdida. En un caso, Higgs persigue una idea que escapa apenas parece alcanzarla; en el otro, encuentra canciones que esperaron décadas dentro de una cinta. Crear y rescatar son partes del mismo movimiento: mantener la música circulando para que adquiera sentidos nuevos.

A veces, la búsqueda también deja pequeñas conquistas. Higgs recuerda la noche de mayo en que, acompañado por Leschner y rodeado de sus amigos y sus padres, abrió el show de Fito Páez en el Antel Arena: “Verlo haciendo de las suyas y formar parte de eso fue, como diría Jorge Nasser, un pequeño milagro. Una victoria total”.

Por dos noches, esa búsqueda tendrá su bar. La perla seguirá siendo imposible de retener, pero La Cretina será el escenario del intento. Después, quizá, vuelva a escapar a la velocidad de la luz. Higgs conoce la rutina: barrer el piso, enchufar la guitarra y arrancar de nuevo.

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