De escribir canciones en su cuarto a que sean cantadas por el público: Bárbara Jorcin festeja una década de carrera

La artista uruguaya repasará en la Sala Zitarrosa sus tres discos, desde "Índigo" hasta "Corazón de Metal", en un espectáculo que recorrerá cronológicamente su camino musical.

Bárbara Jorcin.
Bárbara Jorcin.
Foto: Leonardo Maine.

Bárbara Jorcin no recuerda cuándo fue la primera vez que tocó un instrumento. En su casa de la infancia, había una habitación con un piano; pasaba horas allí, lo consideraba su cuarto de juego. A los 7 u 8 años comenzó a ir a clases de órgano y tiempo más tarde se recibió de profesora.

Siempre supo que su destino era la música, pero al ser de Tarariras, Colonia, afirma que no sabía cómo ni tenía los contactos ni los medios. A los 20 años y con varias canciones compuestas, tomó una decisión:era hora de hacer un disco.

Sin embargo, ya se subía a tocar en distintos lugares. La primera vez no fue fácil, pero más difíciles fueron la segunda y la tercera, cuando se dio cuenta de que su sueño no iba a ser tan fácil como ella creía.

Una década después de su primera presentación en vivo, Jorcin festejará su trayectoria. Hará un show en Sala Zitarrosa en el que repasará de manera cronológica sus tres discos: Índigo (2018), Si canto es porque puedo (2021) y Corazón de Metal (2024).

Fiel a su esencia —se define como alguien autoexigente y perfeccionista— tocará con dos bandas diferentes. Una para los primeros dos discos, con instrumentos como violínes y cello; otra para el último, de corte más eléctrico.

Las entradas están disponibles por Tickantel desde 700 a 900 pesos.

Si hay algo que marca sus primeros diez años de carrera, es la perseverancia. Con el tiempo, siguió presentándose en vivo y elige la primera vez que el público coreo una de sus canciones como el momento culmine del camino recorrido.

Destaca que fue fundamental el apoyo de sus padres en su carrera y que, si bien se dedican a rubros totalmente diferentes a la música, siempre le inculcaron el valor de trabajar y tomárselo en serio.

El arte en su vida va más allá de lo musical: también escribe y le gusta el mundo audiovisual. Ha hecho videoclips de canciones como “No fue amor” y “Platos sucios”. Tampoco descarta actuar si se llegara a dar la oportunidad.

Jorcin no solo se dedica a su carrra solista, sino que también forma parte de la banda de rock Ete y Los Problems, una experiencia que fue desafiante al principio, pero que hoy asegura disfrutar.

La artista conversó sobre estos 10 años de carrera con El País.

—Tu primer álbum se lanzó en 2018. ¿Cuándo comenzás a contar tus años de carrera?

—El año pasado festejamos con Ete y Los Problems los 20 años de la banda por su primer disco. Pero mis 10 años no empiezan con Índigo, sino desde la primera vez que toqué mis canciones en vivo.

—Las primeras presentaciones en vivo no deben haber sido fáciles...

—No fue fácil subirse y seguir después de que el sueño ideal que tenía se cayó. Creía que me iba a descubrir alguien y que me iba a hacer famosa. Cuando me vi a mí misma tocando en Buenos Aires por primera vez en un show al que fueron seis personas, dije: “Mierda, esto va a ser verdaderamente difícil”. No me costó animarme la primera vez, me costó la segunda y la tercera.

—¿Qué le dirías a la Bárbara de 20 años que comenzaba su carrera?

—Primero, que trate de disfrutar un poco más de los procesos y sufrir un poco menos. Soy muy autoexigente, y quiero que todo salga perfecto. Antes sufría un montón, estaba todo el tiempo pensando en si había hecho las cosas bien. Entonces, le diría que confíe en el trabajo y la experiencia, porque hay cosas en la música que te las da la experiencia, no el practicar en tu casa.

Bárbara Jorcin.
Bárbara Jorcin.
Foto: Leonardo Maine.

—¿Haber estudiado música fue una limitante para tu creatividad en algún momento?

—Una cosa es entender teóricamente la música y otra es poder aplicarla. A la mayoría de los músicos no llega todo junto, a veces entendés más cosas de las que podés hacer. Cuando estaba haciendo mi segundo disco, Si canto es porque puedo, me pasó esa cosa medio desfasada de tener toda la información en la cabeza, pero que me sobrepasara cuando la iba a hacer. En ese momento me hubiera gustado saber menos para componer como compuse Índigo, que lo hice con mucha más libertad. No sabía mucho lo que estaba tocando y tampoco me importaba. En Corazón de Metal lo pude mechar todo y llegué al punto donde todo lo que lo entiendo lo puedo hacer. Me falta muchísimo para aprender, pero hay una conexión mucho más directa entre la intelectualidad de la música y la experiencia y por eso fue el disco que más disfrute hacer.

—¿Cómo se sintetizan 10 años de carrera en un solo show?

—Lo interesante de este show es haberlo en forma cronológica. Empieza en el primer disco y termina en el último. Para eso necesito dos bandas: una que corresponde al primer y segundo disco, que son dos violines, un cello, un contrabajo, percusión y piano. Y después para Corazón de Metal, una banda eléctrica: bajo, guitarra, batería, coros. Es un show muy desafiante, pero la columna vertebral soy yo.

—¿Qué aprendiste al pertenecer a una banda y no solo ser solista?

—Es un proyecto en el que yo no compongo las canciones. Aprehender y tratar de querer la canción de otro a veces es difícil. Antes, como no era mucho mi género, estaba medio perdida en ese mundo, pero empecé a quererlas y descubrir el artista y escritor que es Ernesto. Al trabajar en equipo, hay que entender que a veces las cosas no se van a hacer como yo quiero, ni a mis tiempos. Aprender a delegar también es algo difícil, pero la verdad es que con los Problems me divierto muchísimo.

—¿Qué momento de esta década eligirías para definirla?

—La primera vez que escuché a cientos de personas cantar una canción mía. Fue en La Trastienda. Cuando sos un artista que no tiene un público asegurado y ponés el micrófono del otro lado, te arriesgas a que no cante nadie. Me acuerdo que en “Platos sucios” dije: “Bueno, yo me mando”, nunca lo había hecho. Lo hice y 200 personas cantaron todo el estribillo, sin ayuda. Ahí dije: “Esto es lo que yo quiero para mi vida: que la gente me acompañe desde ese lugar, cantando lo que yo una vez sentí y me puse a escribir en mi cuarto”.

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