“Cuando no había nada, tenía a Patricio Rey”: la muerte del Indio Solari (y un refugio más allá de la vida)

Este viernes murió el Carlos Alberto "Indio" Solari, exlíder de Los Redondos, a los 77 años. Una despedida al hombre que dejó palabras para cada circunstancia y creó un refugio hecho de canciones.

Indio Solari.
Indio Solari.
Foto: Luis Abdala / AFP.

Qué se dice. Qué se hace. Qué se llora. Qué se siente cuando el final llega así, como repentino, y voltea un pedazo de la historia. Cómo se explica esta sensación de desamparo, esta orfandad fulminante que cae un viernes cualquiera sobre miles de personas que no se conocen y son todas hijas de un mismo padre, todas devotas de una misma religión. Qué se dice. Qué se hace tras la muerte del Indio Solari.

El líder de Los Redondos y una de las figuras esenciales de la cultura popular argentina murió este viernes a los 77 años. Hacía 10 que había contado que tenía Parkinson y estaba retirado de los escenarios, aunque no inactivo. Música nueva aparecía cada poco tiempo. Guiños a los artistas jóvenes. Mensajes en redes, también. Y pocas imágenes, las suficientes para dar cuenta de cómo la enfermedad lo estaba transformando. En sus últimas entrevistas hablaba del dolor como algo “jodido”. Y de morir como una curiosidad.

Cinco años atrás había estrenado su despedida, “Encuentro con un ángel amateur”: “Yo ya no puedo cumplir palabras que prometí / solo seguir cantando”. Ese era el Indio: un hombre que dejó palabras para cada circunstancia.

En el mensaje de Instagram que le dedicó Skay Beillinson, con quien conformó una de las sociedades creativas más influyentes y relevantes en la historia del rock argentino, un usuario llamado @alanreyr escribió: “Cuando no había nada, tenía a Patricio Rey”. Desde que leo esas ocho palabras no puedo pensar en otra cosa.

¿Qué se dice tras la muerte del Indio? Por ejemplo, algo como eso: “Cuando no había nada, tenía a Patricio Rey”.

*

Semanas atrás, la periodista argentina Moira Memma le mostró al músico indie Mac DeMarco algunas canciones. DeMarco se sentía mal y atendió todo con un tono inexpresivo. Ante cada tema dijo, casi siempre, “cool”. Pero de pronto sonaron Los Redondos y algo en su cara fue diferente, como si una electricidad le hubiese recorrido la nuca y le hubiera despertado el apetito. Levantó apenas las cejas, agrandó la mirada. Hizo lo que cualquiera intentaría hacer, encontrar algún lugar donde ubicarlos. Dijo: “Suena parecido a The Cleaners from Venus. Me gusta eso”.

Cuarenta y tantos años después, Los Redondos conservan la capacidad de la sorpresa. Pueden cruzarse en la vida de un gringo y estamparle el ardor de lo inaudito como si después de ellos no hubiera venido tanta música, tanto cambio, tantas revoluciones. Hay talento y construcción en ese mérito. Pero también hay verdad.

El rocanrol surcó toda América Latina, pero en el Río de la Plata tuvo una raigambre diferente. Aquí, entre dos países hermanos, se construyó un sonido identitario, con rasgos propios, embarrado y altanero, sensual y bravo, con guitarras que muerden con dientes filosos, poesía que destila el encanto de los perdedores y a veces vientos que irrumpen con el orgullo de saber que tienen aire de escándalo, de herejía. Se habla de rock nacional y todos saben qué hay adentro. Qué tipo de sonido, qué tipo de letras, pero también qué clase de pasión.

Indio Solari.
Indio Solari.
Foto: Luis Abdala / AFP.

Quizás la expresión más original de todo ese mestizaje hayan sido Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. No solo por la obra que generaron, sino por el impacto en lo que vino después. Decenas de bandas no habrían existido, un sinfín de canciones no se habría escrito, algunas de las voces más populares de la actualidad no habrían cantado, un tipo de expresión en los conciertos masivos —desaforada, urgida— no se habría moldeado igual.

Varias generaciones habrían crecido sin el refugio de un escritor que en su poética críptica, su ingenio indescifrable, les construyó una cofradía y les hizo saber que no estaban solos. Que mientras hubiera canciones, nunca más estarían solos. “Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón”. “El infierno está encantador”, también.

Es fácil enumerar todo lo que el Indio le dejó a la cultura popular argentina. Más difícil es medir lo que dejó en la vida privada de quienes lo escucharon. Pero al final del día, cuando su muerte hace llorar a tantos como se llora a un pariente o al mejor de los amigos, lo que queda es otra cosa.

Alguien me dijo: “Si hoy soy esto, es en parte por Los Redondos”. Alguien escribió: “Carlos, me cambiaste la vida”. Alguien se acordó de cómo la primera vez que escuchó “Preso en mi ciudad” y atendió esa imagen de “una vez le hice el amor a un Drácula con tacones” supo todo lo que se podía hacer con una canción. Alguien revivió viajes en moto utilizando como cábala “Aquella solitaria vaca cubana” y también noches de amor con “Había una vez…” como la única banda sonora posible.

Otros pensaron en la adolescencia, en el barrio, los vinos en la vereda, las remeras pintadas a mano, los tatuajes en la pantorrilla, el puño y la cadena, los primeros encuentros, los primeros acordes en la guitarra, los primeros porros, los primeros besos, las primeras convicciones, el primer amor. Las frases rayadas en alguna pared. Las tribus de amigos, la rebeldía perdida, las madrugadas enteras cantando, el corazón partido, un rayo de luz cuando la vida se ponía oscura, los pogos, la angustia, la muerte, un año y otro año y otro año y otro y a lo mejor una sola cosa que permanecía incambiable a pesar del tiempo: la música. O también la religión: lo ricotero como una cuestión de fe incuestionable, impoluta, ciega. Aquella frase que explica que el Indio no es, ahora, ni mito ni leyenda, sino algo mucho más presente en la vida de tanta gente: “Cuando no había nada, tenía a Patricio Rey”.

No hay muerte que pueda con eso.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Indio Solari

Te puede interesar