Al igual que la categoría de actores principales, la de directores parecía cerrada hace un par de meses: finalmente la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas iba reconocer con uno de sus premios al mérito a Paul Thomas Anderson. Pero capaz que no.
Considerado uno de los grandes directores del mundo ha estado nominado 14 veces, de las cuales cuatro en el rubro dirección. Y aunque allí hay algunas de las más importantes películas contemporáneas (Petróleo sangriento, El hilo fantasma), el Oscar le ha sido esquivo.
Eso parecía haberse resuelto con Una batalla tras otra cuyo favoritismo se ha visto amenazado por Pecadores, la película que podría convertir a Ryan Coogler en el primer director estadounidense en ganar en el rubro. Llegan al domingo, el día de la ceremonia, en un empate técnico.
Los otros tres nominados, cuyas chances quedan limitadas a convertirse en un “batacazo” son Chloé Zhao por Hamnet, Joachim Trier por Valor sentimental y Josh Safdie por Marty Supreme.
De todos Zhao es la única que ya ganó el Oscar en la categoría: fue en 2020 por Nomadland. Pero los cinco son de los directores más prestigiosos en actividad. Los Oscar siempre son el perfil más coqueto e interesante de la industria del cine.
Además de Zhao, los otros directores ganadores de esta década fueron Jane Campion (El poder del perro); Daniel Kwan y Daniel Scheinert, o sea Los Daniels (Todo en todas partes al mismo tiempo); Christopher Nolan (Oppenheimer) y Sean Baker (Anora). Menos en el caso de Campion (ese año ganó, increíblemente, CODA, un desastre), en los demás años hubo coincidencia entre mejor director y mejor película.
Distopía actual.
Alguien ha comparado a Una batalla tras otra con Dr. Insólito y Stanley Kubrick, su director, siempre aparece como referencia cuando se habla del cine de Anderson. Otra es Robert Altman, quien también tenía un humor retorcido para contar las miserias de su tiempo.
En su segunda adaptación de una novela de Thomas Pynchon (la otra fue Vicio propio), Anderson va por la sátira para reflejar cuestiones coyunturales. Para el caso es la grieta que atraviesa la sociedad y la política estadounidenses reflejada en un antiguo guerrillero que sale a buscar a su hija, secuestrada por el coronel al frente de una operación paramilitar contra los inmigrantes.
Es, entre otras cosas, una relectura (otra más) de Más corazón que odio de John Ford, una tradición clásica americana a la que siempre ha suscrito Anderson. Acá utiliza un ritmo desenfrenado al que ayudan mucho la percusiva partitura (nominada) de Jonny Greenwood y la edición (nominada) de Andy Jurgensen.
Le dan a Una batalla tras otra esa velocidad turbo que toma la película en determinado momento y son responsables de, por ejemplo, la formidable escena de persecución del final. Allí también se nota la notable fotografía (nominada) de Michael Bauman.
En total, Una batalla tras otra tiene aspiraciones en 13 categorías y, la verdad, ya es hora de que se premie a Anderson. Ha hecho, sin ser esta su mejor película, todo para merecerlo.
Conflicto y música.
No es que Ryan Coogler no lo haya hecho. Pecadores es su película más ambiciosa y la síntesis de su obra: una aspiración de blockbuster para contar historias sobre la experiencia afroestadounidense. Es Spike Lee sin tanta política explícita.
Sus preocupaciones siempre han estado presente en su cine desde la temprana Fruitvale Station (2013, su primera colaboración con Michael B. Jordan), su revisión del universo Rocky en Creed (2015) hasta la espectacularidad con presupuesto de Marvel de sus dos Pantera Negra (2018 y 2022). Esta es su primera nominación como director.
Pecadores transcurre en el Delta del Mississipi a fines de la década de 1920 y es una historia que utiliza la segregación racial como una fábula vampiresca sobre apropiación cultural con unos blancos chupasangres que irrumpen en una fiesta de trabajadores del algodón.
Es también un musical y la escena en que se conjugan los ritmos africanos, el blues y el hip hop es una de los grandes momentos cinematográficos del año y una prueba de esa capacidad de Coogler de sintetizar cosas para decir, con espectáculo.
Pecadores tiene 16 nominaciones, un record histórico. Podría darse, por qué no que se repartiera, uno para cada uno, los Oscar a mejor dirección y mejor película con Una batalla tras otra como pasó, confusión incluida con Luz de luna y La La Land en 2017.
Los rivales sorpresas.
En esa polarización lo de Zhao, Trier y Safdie parecería no estar compitiendo. Son tres grandes directores, aunque distintos, que están pasando claramente por un gran momento.
Hamnet, la de Zhao es un sentido drama sobre Agnes Hathaway y su esposo, William Shakespeare recorriendo el duelo por la muerte de su hijo y reconciliados a través de la creación de Hamlet. La escena final es otra de las poderosas del año y Zhao tiene la sensibilidad necesaria para contar esa historia.
El arte como puente familiar también está en el centro de Valor sentimental en la que el noruego Trier se pone en modo Ingmar Bergman a full para contar el vínculo entre un padre ausente y director de cine y sus dos hijas. Es su película más madura y consigue un optimista retrato familiar. No estaría mal que ganara pero no parece probable.
Tampoco que Safdie, en su primera película sin su hermano, llegue al Oscar por Marty Supreme que tiene su ritmo habitual, a Chalamet y lo confirma como un gran director de este tiempo. Pero por el premio seguro que va a tener que esperar.