Algo extraño pasó este año con la taquilla del verano cinematográfico de Hollywood. Películas que en otras épocas habrían sido éxitos, como Supergirl o The Mandalorian and Grogu, cedieron sus puestos en el top 10 a proyectos pequeño como Obsesión y Backrooms.
Son producciones con presupuestos modestos y, lo más inusual, provenientes de un género que no suele codearse con las megaproducciones: el terror. En otras épocas habría sido impensable.
El desdén de la Academia por el horror es histórico. En su momento, eso les valió ser ignoradas actuaciones magistrales, desde las de Jack Nicholson y Shelley Duval en El resplandor, hasta las de Florence Pugh en Midsommar y Mia Goth en Pearl.
Este cambio viene con el surgimiento de lo que algunos consideran un nuevo tipo de terror, que prioriza la atmósfera, el simbolismo, el subtexto psicológico y el estilo autoral por encima de los sustos fáciles, el gore o la violencia.
Conocido como “terror elevado”, utiliza lo sobrenatural o lo macabro para representar traumas profundos, ansiedad social, duelo o descomposición familiar. Es así como The Babadook (2014) es un tratado sobre el duelo envuelto en una historia de un monstruo de cuento infantil; ¡Huye! (2017, Prime Video y Disney+) examina el racismo sistémico bajo el disfraz de un thriller psicológico; y Pecadores (2025, HBOMax) usa vampiros para hablar de resistencia cultural y preservación de la identidad afroamericana. Hay sectores que dicen que no es algo nuevo y que la etiqueta de terror elevado podría aplicarse a Scream (1996; Netflix) o a Aliens (1986, Disney+).
Otros, como Rhys Hope, de Film East, descartan el adjetivo como “generalmente innecesario” y dicen que se trata más de una táctica promocional. Desde esa óptica, “elevado” apunta a que no atrae a las masas por su naturaleza poco ortodoxa dentro del género.
Puede que Te sigue (2014, Prime Video) y Final Destination (2000, HBO Max) compartan una premisa casi idéntica, pero difieren en su enfoque cinematográfico. Te sigue encaja en el concepto porque prioriza atmósfera, metáfora social y angustia psicológica. Esta diferenciación ha sido asumida por productoras independientes como A24 y directores con una visión artística muy personal.
Robert Eggers, Ari Aster y David Robert Mitchell ganaron reconocimiento por realizar películas esenciales del subgénero: La bruja (2015), El legado del diablo (2018, Prime Video) y Te sigue. El triunfo más notable puede ser el de Pecadores, una película de terror gótico sobrenatural de 2025 que pareció ratificar que el terror elevado echó raíces en Hollywood.
Con todo, puede que sea prematuro hablar de una “edad dorada” del terror elevado. Pero si su actual buen momento de éxito se mantiene, es posible que veamos afianzarse al género por otras razón: el dinero.
Es posible alegar que gran parte del florecimiento creativo y comercial y buena parte del éxito de estudios como A24 se debe a que las películas inspiradas en el cine de autor que combinan comentario social, metáforas y drama psicológico con el género del terror son, en comparación con las de dinosaurios o superhéroes, mucho más baratas.
Aunque Indiana Jones y el dial del destino recaudó 384 millones de dólares en taquilla, su costo de producción fue enorme: 387 millones de dólares, incluyendo casi 80 millones en costos de posproducción y de marketing.
En contraste, Obsesión recaudó 519 millones de dólares en todo el mundo frente a un presupuesto diminuto de 750.000 dólares.
Es una anomalía que le hace agua la boca a cada estudio. Y hasta un film con una recaudación modestas como Hokum (Prime Video), que recogió 25 millones de dólares a nivel mundial, termina siendo un buen negocio cuando se considera que se rodó por, apenas, cinco millones de dólares.
Obsesión y Backrooms, que aún no están en streaming, se pueden ver el Festival Terror, Sangre y Pop que empieza el lunes en Life Tres Cruces.
El tiempo/GDA.