Con diez años de trayectoria en Canal 10, Verónica Chevalier se ha consolidado como una de las cronistas más versátiles y todoterreno de la televisión uruguaya. Recién llegada de un viaje por Japón y China, donde cubrió un importante evento internacional del mundo automotor, la comunicadora de La Mañana en Casa y Subrayado comparte cómo vivió un fuerte terremoto que la sorprendió durante la travesía. Además, por primera vez, reflexiona sobre los complejos episodios que debió afrontar tanto en el ámbito público como en el judicial. "Cuando una persona comenzó a aparecer físicamente en los lugares donde yo estaba trabajando me preocupé", recuerda sobre la denuncia que hizo por una delicada situación de acoso.
-Hace una década habías estado en China y este año tuviste la oportunidad de volver. ¿Con qué país te encontraste en esta segunda experiencia?
-El cambio fue abismal. Yo me acordaba de una China donde había muchísimo ruido, donde casi no podías respirar y nunca se veía el sol o el cielo debido a la nube de contaminación. El movimiento y el tránsito eran un escándalo. Sin embargo, ya desde que me bajé en el aeropuerto en este viaje, sentí que parecía otro país. Lo que más me impactó fue el silencio que hay ahora en la calle. Hubo una transformación muy fuerte en la matriz energética hacia lo eléctrico, y el simple hecho de poder ver el sol y el cielo te genera una diferencia emocional muy distinta. Ahora podés descubrir la ciudad de otra manera porque muchas cosas que antes estaban literalmente metidas dentro de una nube de polvo, hoy se pueden ver. Creo que quien no fue antes no tiene ni idea de lo que significó este cambio, y no pasaron tantos años.
-¿Qué sensaciones te dejó el intercambio cultural con la sociedad china actual?
-Los noté muy amables, mucho más abiertos y cosmopolitas que en mi visita anterior, tanto en los centros comerciales como en la calle. Muchos ya hablan inglés y algunos están aprendiendo español. Son grandes anfitriones; si ven que se te complica para comunicarte, sacan traductores en sus teléfonos para explicarte cómo se controla cada cosa. Siento que hubo un aprendizaje de las dos partes, porque antes el turista occidental quizás era muy agresivo, se les tiraba arriba si veían un vestido típico y no respetaba determinadas tradiciones que para ellos son importantes. Ahora está todo más señalizado.
-¿Cómo fue participar de la exposición internacional del automóvil en Beijing, invitada por GWM?
-Fui invitada junto a unos dos mil periodistas de todo el mundo para conocer la cocina del sector desde adentro. El evento principal fue en Beijing, en un predio impresionante de 380.000 metros cuadrados de exposición que era imposible abarcar por completo; era como una miniciudad donde te daban mapas y códigos QR para moverte. Yo estuve principalmente en el pabellón de GWM, donde probamos la tecnología de inteligencia artificial aplicada a los vehículos. También estuve en Baoding, que es la cuna de Great Wall Motor. Ahí tuve la posibilidad de hacer recorridos con sus nuevos modelos. Mi objetivo era llevarme una idea mucho más clara de lo que es realmente la propulsión eléctrica, un tema sobre el que todavía hay mucha duda y mucho prejuicio.
-¿Pasaste por alguna situación extrema durante esas pruebas de manejo?
-¡Muchísimas! Nos llevaron a una pista de pruebas en una montaña en el medio de la nada, y cuando miraba para afuera lo único que veía eran rocas, pendientes y un río. Yo nunca había manejado un vehículo automático y menos esas camionetas que son unas bestias. Pensé: “Me van a mandar en esto y el titular de mañana va a ser que la periodista desbarrancó”. Pero un compañero de Panamá me dio para adelante y me dijo que era una experiencia única en la vida. Arranqué y la verdad es que desde adentro de la camioneta uno va despacito y casi no se sacude, aunque asomarse por la ventana y ver por dónde estábamos pasando daba miedo. Hicimos pruebas de subida con inclinaciones a 40 grados y también nos metimos de punta al agua en el río como si nada. Una vez que avancé en el trayecto agarré confianza, empecé a acelerar y lo pude disfrutar, pero lo que más me impactó fue lo avanzado de la tecnología. Son los mismos modelos que llegan a Uruguay, pero adaptados a lo que realmente le sirve a cada región según su geografía, temperatura y humedad.
-Durante tu viaje por Asia también estuviste en Japón y te tocó vivir un fuerte sismo de magnitud 5.8. ¿Cómo reaccionaste en ese momento?
-Yo estaba desaforada y los japoneses estaban como si nada. Estaba en el hotel en Kioto y el epicentro fue en Nara, a unos 18 kilómetros, por lo que se sintió de un modo muy intenso. Al principio pensé que era el movimiento normal de un tren, pero me di cuenta de que el temblor no paraba y en ese instante me llegó la alerta oficial al celular que decía: “Prepárese para grandes temblores, busque refugio”. Ahí me descontrolé. Agarré el teléfono y el pasaporte, dejé la llave puesta en la puerta y bajé corriendo al lobby pensando que la situación se iba a poner peor. Cuando llegué, totalmente desquiciada, los empleados y los huéspedes estaban súpertranquilos tomando el té. Una de las trabajadoras se me acercó y me dijo: “No te preocupes, este edificio banca mucho, esto es totalmente normal”.
-Yendo a tu rol en los medios, tus móviles en Canal 10 se caracterizan por la espontaneidad, ¿cuánto dirías que tenés de innato y cuánto ganaste con la práctica para llevarlos adelante?
-Es práctica. Hace 30 años que trabajo en comunicación y tuve una escuela muy grande en la radio, haciendo transmisiones en vivo de muchas horas donde sacaba al aire a los oyentes sin saber quiénes eran. No lo considero un don; me formé, trabajé mucho en improvisación y estudié para tener herramientas que me permitan leer la situación en el momento. Mis compañeros se ríen porque dicen que es difícil que alguien no me responda en un móvil. Yo intento que el móvil rompa con la estructura del informativo y le lleve un poco de calor a la gente entre tanta mala noticia.
-¿Recordás alguno que no haya salido como esperabas?
El otro día fui a la Embajada de Japón a cubrir una presentación de tambores tradicionales, y justo cuando me dieron paso al aire, los tambores terminaron. Me di vuelta y vi que andaba Hugo Fattoruso por ahí, entonces enseguida lo agarré para sacarlo al aire y que cuente su experiencia compartiendo cultura en Japón. Salió hermoso. Si un móvil no sale, la culpa es del periodista que no le encontró la vuelta. Esa adrenalina me gusta, en una oficina me siento encajonada.
-Hace unas semanas hiciste pública una situación de acoso que terminó en el ámbito judicial. ¿En qué está esa situación?
-Por suerte a nivel judicial se tomaron las medidas correspondientes. Era una persona que no estaba bien y hoy me queda lo positivo de saber que está recibiendo ayuda. Siento que denunciar fue una muy buena medida. El acoso había empezado a ser muy frecuente y cuando esta persona comenzó a aparecer físicamente en los lugares donde yo estaba trabajando me preocupé. Llegó un punto en el que le dije “basta, no me persigas más”, no lo entendió, y ahí asumí que podía haber un peligro. Quise visibilizarlo porque nunca se sabe hasta dónde pueden escalar estas cosas.
-¿Cómo evaluás la respuesta del sistema ante tu denuncia?
-El mecanismo burocrático sigue siendo muy difícil e incómodo. En la primera jefatura a la que fui me dieron tantas vueltas que me terminé yendo sin hacer la denuncia porque me querían hacer esperar tres horas para que viniera otro oficial. Pensaba en una madre que va con sus hijos a denunciar una situación delicada y le dicen que se tiene que quedar toda la tarde sentada esperando. Todavía estamos muy lejos de arropar y dar una receptividad rápida a una persona que realmente tiene miedo por su vida. Lo mío trascendió porque soy una figura pública y saltó a la luz por casualidad mientras apoyaba otra situación, pero me preocupa mucho lo que pasan otras mujeres con casos de violencia más graves.
-Otro episodio de mucha exposición fue el cruce que tuviste con el productor teatral Mario Morgan, que te insultó al aire por la demora de un móvil. ¿Volviste a tener contacto con él?
-No, nunca más. Tampoco fue un tema que yo hubiera querido que tomara estado público; nunca lo difundí y no sé cómo terminó saliendo en los medios de Uruguay y Argentina, pero pasó. La situación de violencia que él tuvo para conmigo no correspondía bajo ningún concepto, ni aunque hubiera tenido razón en el origen de la discusión, que no la tenía. Cada uno y cada entorno sabe cómo se maneja. En ese momento decidí guardarme porque soy una persona de perfil bajo más allá de mi trabajo y soy sensible. El apoyo de la gente y de mis colegas fue masivo, y el canal se puso a mis órdenes al 100% respetando lo que yo necesitara, que era que la situación no siguiera escalando. Hoy pienso que estuve bien en no reaccionar públicamente; los hechos hablaban por sí mismos y estaban clarísimos.
-En el plano interno de Subrayado, ¿cómo se vivió desde adentro la salida de Blanca Rodríguez del informativo y su desembarco en la política activa?
-Fue un proceso duro, por supuesto, pero a la vez hermoso porque demostramos que seguimos siendo un gran equipo, muy fuerte. Todos seguimos sintiendo a Blanca como una referente indiscutida. En la interna fue clave que Carolina García quedara al frente de la conducción, porque ellas dos eran nuestras capitanas históricos; cuando no estaba una, estaba la otra. El equipo se sintió contenido porque nos dejaron a una capitana con la que nos identificamos, a la que conocemos y con la que coincidimos plenamente. Fue una de esas despedidas que uno entiende que son lógicas y necesarias en la vida de las personas. Salimos fortalecidos.
-¿Cómo la ves en su rol de dirigente política?
-No es mi rol como periodista opinar sobre cómo está cumpliendo ella su función política; yo soy una periodista de calle, de a pie, no soy analista ni periodista de investigación. Como excompañera que fue, lo único que le deseo es lo mejor siempre, porque si a todos les va bien, es lo mejor para el país.
-¿Encontrás diferencias en los estilos de liderazgo entre Blanca Rodríguez y Carolina García?
-Por supuesto, porque son personalidades totalmente diferentes y cada una le imprime su toque propio al espacio. Lo destacable es que Carolina no intentó imitar a Blanca, de la misma forma que Blanca nunca imitó a nadie; cada una construyó su línea de expresión con autenticidad. La diferencia para mí es que a Blanca ya la conocí en ese lugar consagrado desde que llegué al canal, mientras que a Caro la conocí primero como una compañera más cercana en el día a día. Pero más allá de los perfiles individuales de conducción, el gran conductor de nuestro informativo es la marca: Subrayado es uno solo y está por encima de todos nosotros. En el trabajo diario de la calle estamos mucho más en contacto con los coordinadores del noticiero que con las conductoras. Lo bueno es que en el canal se mantiene esa política de puertas abiertas; si tenés una duda sobre cómo encarar una información, vas y lo hablás directamente con ellas o con los compañeros. Esa esencia es la que define al informativo.
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