La infancia de Mikele Irazusta (32) en Bahía Blanca (Argentina) transcurrió entre raquetas, lápices y pinceles, aunque el deporte terminó imponiéndose. Se dedicó de lleno al tenis, llegó a competir a nivel profesional y obtuvo una beca para jugar en la Universidad de Maryland, donde también estudiaba arquitectura. El plan marchaba perfecto hasta que una lesión crónica en la espalda la alejó definitivamente de las canchas a los 20 años. Entonces decidió regresar a su país y continuar la carrera en Buenos Aires. Hacia el final de sus estudios volvió a conectar con los lienzos y empezó a pintar cuadros.
Después de recibirse, en 2018, armó una valija y se fue a trabajar un semestre a Barcelona. Al regresar se empleó en un estudio de arquitectura y, en el interín, se ofreció para pintar un mural en la cervecería de un conocido. Lo hizo sin saber que sería el primero de cientos en Argentina y el mundo, y el trampolín hacia una vida dedicada 100% al arte.
Publicó esa obra en Instagram —un mural que contaba la historia del lugar a través de un gran corazón que unía las pasiones de su dueño— y de repente comenzaron a lloverle propuestas de trabajo. “Fue inesperado y hermoso. Trabajaba en el estudio a la mañana y a la tarde pintaba murales. Pero se abrió una puerta real al arte y decidí jugármela y dejar la profesión de lado”, asegura Mikele a Sábado Show.
El amor la arrastró a Uruguay cuatro años atrás. Vino de vacaciones a Rocha con amigas, conoció a su actual pareja y probaron suerte en Argentina y el País Vasco, hasta que hace dos años decidieron instalarse en Punta del Este.
En estas tierras hay murales suyos en el estacionamiento del Punta Shopping, en distintos bares, cervecerías y viveros, en unos tanques de la cancha de Central Español e incluso en patios de distintas casas.
Su nombre dio el salto a la pantalla uruguaya el jueves 5 de marzo, en el debut de ¿Quién es la máscara? (Teledoce), cuando Fata Delgado, uno de los investigadores del mega show, lució al aire un peculiar y llamativo saco. “Mi look pintado a mano por Mikele, este saco de ‘Pizza muzzarella’”, comentó al presentar la primera de las 13 prendas intervenidas que se verán a lo largo de la quinta temporada del programa que conduce Maxi de la Cruz.
Mikele agradeció la oportunidad en redes sociales y recibió una catarata de felicitaciones y elogios por la obra. Entre quienes celebraron estuvo Claudia Fernández, que reaccionó con emoticones de fuego. “Gracias por coparte con la idea y poner ese talento único. Sos mágica”, resumió el Fata. “Estoy contenta con lo que salió y el Fata es una persona espectacular. Fue un placer trabajar con él”, expresa la artista.
Vive el proyecto como un reconocimiento y celebra esta vidriera que le permite ganar notoriedad en Uruguay. Además, espera que sea el pasaporte para nuevas aventuras con otros artistas. “Me gusta llevar el arte a distintas superficies y escalas. Ojalá se sigan abriendo puertas. Estoy abierta a cualquier artista que tenga ganas de vestir arte”, asegura.
De Bahía Blanca al ranking mundial del arte urbano
La inspira la naturaleza. En sus formas y tonalidades encuentra una libertad difícil de explicar. Suele pintar flores y animales repletos de color, un sello que atraviesa gran parte de su obra. Ya lleva más de 200 murales en Argentina, el sur de España, Uruguay y el País Vasco, tierra de sus ancestros.
El más antiguo sigue en su Bahía Blanca natal, donde también pintó la mayor cantidad. Hay uno en la Unión Vasca, otro en Café Bastardo —el primer rostro a gran escala que se animó a hacer— y el del Parque Mayo, que marcó su debut en un gran espacio público.
También participó en el festival Lollapalooza en 2022 y 2023, donde realizó un mural colaborativo con otros artistas bajo la consigna “¿Dónde encontrás esperanza?”, en un contexto atravesado por la guerra entre Rusia y Ucrania.
El 8 de setiembre pintó en Vizcaya uno de los murales más significativos de su carrera por el valor sentimental y familiar que tiene para ella. Fue en el marco de un acto por el Día de la Diáspora Vasca y su propuesta fue elegida entre las de varios artistas. La temática, en esa ocasión, fue la cesta punta, un deporte tradicional del País Vasco, y con su obra homenajeó a quienes llevaron esa disciplina y su cultura a los frontones del mundo. Para realizarlo trabajó subida a andamios, ya que la pieza se desarrolló en altura.
Ese mural, que reunió dos raíces para Mikele —familia y deporte—, estuvo entre los mejores del mundo. “Para mi sorpresa, la reconocida plataforma Street Art Cities me nominó a mejor mural del mes de octubre y salí tercera. Eso me permitió clasificar a la final del mural del año, donde terminé en el puesto 26. Fue muy lindo y emotivo lo que sucedió porque representa mis raíces”, destacó.
El arte de Mikele en los sacos del Fata Delgado
La mente de Mikele no se detiene. Además de los murales, diseña sistemas que le permitan desarrollar una veta más comercial para poder sustentarse con su arte. Piensa desde cerámicas hasta estampas para ropa o talleres creativos. “Uno romantiza ser independiente, pero estoy todo el tiempo creando e imaginando nuevos proyectos para vivir del arte al 100%”, cuenta.
En esa búsqueda apareció una oportunidad inesperada: llevar su arte a la televisión. En la nueva temporada de ¿Quién es la máscara?, el cantante Fata Delgado luce sacos intervenidos por ella. Se conocieron hace tres años, cuando la artista pintó un mural en vivo durante la inauguración de Cordón Beer en Pocitos, el bar del músico y sus socios.
“En enero me escribió para preguntarme si me interesaba hacer estas intervenciones. Eran 13 looks para el programa en menos de tres semanas”, recuerda. La mayoría de las piezas están inspiradas en canciones del Fata —como “Bicho, bicho” o “El baile del Pimpollo”— y en algunos casos combinan su propio estilo, con flores y colores intensos.
“Nos juntamos, me contó los temas que quería representar y armé una presentación con ideas. Después me mandó los sacos y fue todo un desafío adaptarme a cada tela y color. Entre pruebas y mensajes lo fuimos definiendo juntos”, cuenta. El resultado fueron 13 piezas únicas, hechas a mano, y donde cada una cuenta una historia.
“Fue una sorpresa y una alegría que me llamara. Estoy contenta con lo que salió. El Fata es una persona espectacular. Fue un placer trabajar con él”, resume.
Ahora sueña con llevar ese mismo concepto a otros escenarios y artistas. Entre sus fantasías está colaborar con la cantante argentina María Becerra. “Siempre tuve ganas de trabajar con ella. Incluso me imaginé una campera específica para María. Si vamos a soñar, soñemos alto”, dice entre risas.
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