Lucía Rodríguez habló del duelo que vivió en Carnaval, su sorpresa por los fallos y lo que le pasó con Pampita

La actriz y comunicadora repasó su Carnaval más doloroso, habló de los desafíos que quiere encarar a futuro y de su deseo de estudiar astrología, una pasión que cada vez ocupa más lugar en su vida.

La actriz y comunicadora Lucía Rodríguez.
La actriz y comunicadora Lucía Rodríguez.
Foto: Leonardo Mainé

Se esmeró por aprender a bailar samba para poder desfilar en el carnaval de Rivera, pero sin suerte. Lucía Rodríguez no pisó un tablado hasta los 16, cuando se mudó a Montevideo, y en esas idas con sus hermanos se enamoró de la fiesta. Recuerda chistes de memoria de la parodia de Titanic que hacía Adams así como la voz y presencia hipnótica de Raúl Castro en el escenario. Hoy la shockea que el director de Falta y Resto la salude por su nombre al cruzársela en los tablados. Se pellizca y sigue, aunque intenta ser consciente de su maravilloso presente.

Soñó durante años con vivir de lo que ama -la actuación y la comunicación- y cuando finalmente se animó, conquistó lugares impensados: la vemos cada mañana en Desayunos Informales por Teledoce, donde es figura, y este 2026 se destacó como cupletera en Patos Cabreros. Agradece los logros y está feliz, aunque vivió un Carnaval doloroso atravesado por la muerte de su padre una semana antes del inicio del Concurso Oficial. De eso, del personaje del Tucu en la murga, los fallos, su amor por la astrología, sus proyectos y más va esta charla.

—Se fue un Carnaval marcado por el dolor y el duelo. ¿Cómo lo viviste?
—Arrancamos a ensayar en junio y mi papá ya estaba muy delicado de salud. Después estuvo dos meses internado y la murga me ayudó muchísimo. El 16 de enero falleció y recibí de mis compañeros un sostén espectacular. El espectáculo tenía una canción final dedicada a la eutanasia que describía lo que yo había vivido. Los doctores me decían que le siguiera hablando aunque no estuviera despierto, porque el oído es lo último que se pierde. Como le gustaba mucho la murga, grabé esa canción, se la puse y cuando terminó le vi correr una lágrima. Le saqué una foto para quedármela, pero perdí el celular en un taxi y me quedé sin nada.

—El 8 de marzo hubiese cumplido años y te tatuaste una lechuza en su honor, ¿por qué elegiste ese diseño?
—Antes de ir a su velorio, una lechuza se paró en la ventana de mi cuarto y se quedó hasta que volvimos de su entierro. Le saqué una foto. Después se fue y nunca más vi otra. Me tatué esa foto porque me generó mucha paz. Con ese ímpetu fui hacia un Carnaval que me costó mucho.

—¿Cómo hiciste para hacer reír sintiéndote rota?
—Tengo 44 años y he pasado por otras pérdidas, pero este fue el Carnaval más doloroso. Hubo que poner todas las herramientas que me habían enseñado mis maestros a la orden para subirme al escenario y hacer como que no pasaba nada. A veces me bajaba, me secaba las lágrimas y volvía. Tener compañeros tan amorosos fue un gran sostén.

—¿El apoyo de la gente te dio fuerzas para seguir?
—Una nena se me acercó en un tablado y me dijo: “Quiero ser murguista como vos”. Fue alucinante y sentí una gran responsabilidad. Una chica en el Nuevo Carrusel me dijo que había sufrido una depresión y que mirarnos en La culpa es de Colón (Canal 12) la había ayudado a salir. Esos comentarios te marcan y sentís que lo que hacés tiene una finalidad.

—Y también son señales, ¿no?
—Es como volver a la raíz. A veces el Carnaval está teñido por el concurso y esas cositas me fueron dando el propósito: este es mi refugio, lo estoy haciendo por algo y también esto me va a sanar.

—¿El humor te volvió a sanar?
—Sí, totalmente. Me salva en momentos duros y lo uso para la vida. En el cuplé sobre salud mental mencionábamos que a veces da vergüenza decir que estás triste. Yo tenía esa máscara y esta vez dije: “Voy a poner lo mejor de mí, pero estoy triste”. Lo avisé también para que me pudieran ayudar. No hay que tener vergüenza de decir: hoy no puedo con esto.

—En 2025 te bajaste de Los Muchachos porque no fluía, ¿quedó todo bien?
—Por supuesto. Quiero mucho a la familia Yern, a Marcel lo conozco desde chico y más allá de ser el dueño del conjunto, hay cariño. Soy una ariana loca y si siento que no voy a poder dar lo mejor, me corro. Los Muchachos me dieron un Carnaval maravilloso con Gilda y la chance de salir con mis amigas (Leticia Cohen y Denise Casaux), y quise quedarme con ese recuerdo.

—¿Qué te hizo volver al Carnaval?
—No tenía planeado volver, pero me llamó Nelson Ferro y cuando le pregunté de qué murga era, tenía al lado a mi hijo Mateo, que vibra la murga, pidiéndome por favor. Y además porque era una muy buena propuesta y necesito trabajar.

—Le pediste un día para pensar, ¿qué evaluaste?
—No estaba en mis planes y tenía que ver conmigo misma si estaba para hacerlo, además de hablarlo con alguien porque soy indecisa.

—¿Con quién lo hablaste?
—Le pregunté a mis hijos porque la rutina cambia absolutamente. Había que arrancar temprano porque dimos Prueba de Admisión, pero pensé: si rechazo esta propuesta, que es trabajo de lo que me gusta, al universo le estoy diciendo “no me des trabajo, que estoy bien”. Y yo necesito trabajar. Entonces también fue eso.

—Encima sos la primera mujer en integrar Patos Cabreros.
—No lo sabía. Fue maravilloso enterarme. También supe que Mary da Cuña, actriz a quien amo y de quien aprendí mucho, fue la primera mujer murguista. Me lo contó Gabriela Barboza, su sobrina, que es la primera presidenta del jurado de Carnaval. Estamos en 2026 y sigue habiendo lugares habitados por primera vez por una mujer. Hay muchos derechos adquiridos, pero falta un montón.

—¿Sigue siendo machista el Carnaval? ¿La apertura es de la boca para afuera?
—Hay mucha diferencia entre un discurso que queda bien y los hechos. Lo viví con el cuplé de las masculinidades y el personaje del Tucu. Era un riesgo que la gente se quedara en lo lineal y pensara que solo era un cuplé ordinario. Me pregunté si lo que decía el Tucu molestaba porque se sabía que había una mujer detrás o porque era un espejo, e incomoda verse reflejado.

—Al final del cuplé hablabas y dabas un mensaje como Lucía…

—Quería que se subrayara lo obvio: que estábamos mostrando irónicamente que el Tucu está mal. Y que los que creen que han avanzado, si los rascás, siguen en ese lugar.

Lucía Rodríguez haciendo el personaje del Tucu en la murga Patos Cabreros.
Lucía Rodríguez haciendo el personaje del Tucu en la murga Patos Cabreros.

—¿La respuesta fue buena?
—Fue brutal, aunque tenía mucho miedo. Vino un nene a decirme en el Velódromo: “Me encantó el Tucu”. Y yo le dije: “Pero pará, ¿vos entendiste que ser como el Tucu está mal?”. Y me dice: “Sí, sí, entendí”. Una mamá me dijo que se había ido a la casa y había tenido que explicar. Está bueno que sirva para seguir dialogando.

—¿Qué sensación te dejaron los fallos? ¿Te sorprendió el sexto puesto?
—Quedé muy sorprendida. No lo esperábamos. El concurso no me desvela. Me interesa que el espectáculo guste en la calle, porque hacer tantas veces algo que no gusta sería un sufrimiento, y me ha pasado. A la gente le gustó mucho y nos lo hicieron saber. No hablo de ganar, sino del puesto. Además es un concurso por rubros. Yo no canto, pero el coro de Patos Cabreros es espectacular. Esperaba estar más arriba. Pero el jurado es el jurado y no les gustó. No hay otra lectura. En mi rubro (interpretación y texto), no le gustó a ninguno de los dos jurados. Ojalá no sea porque no entendieron lo que quisimos decir y que sea solo porque el arte es subjetivo. Había grandes espectáculos, pero es la expectativa que tiene uno.

—¿Definiste si vas a salir en Carnaval en 2027?
—No tengo idea. Mi hijo me preguntó: “Mamá, ¿dónde vas a salir el año que viene?”. Yo qué sé. Tengo que ocuparme de estar bien y de los trabajos que tengo. Quiero despedir mi unipersonal Harta. Ahora no tengo ninguna propuesta. Tampoco sé qué hará Nelson Ferro. Después veré.

—Con Germán Medina son una dupla ganadora desde la época de House y demostraron su talento por separado en la murga. ¿Los han tentado para salir juntos?
—Maxi Pérez tenía hasta el nombre del espectáculo para Asaltantes con Patente. Germán hace unos años que no sale y alguien tiene que cuidar a la criatura. Esta resolución me sirve porque más allá del éxito en el escenario, somos mejor dupla paternal.

—En 2023 saliste Figura Máxima por hacer a Gilda en Los Muchachos. ¿Qué fue lo más loco que te pasó con ese rol?
—Pasaban cosas muy especiales. Ya nos habían dicho que Gilda tenía esa mística y una vez que te metés con su historia, empiezan a pasar cosas. La empezamos a escuchar en todos lados. Me tomé el atrevimiento de escribirle a su hijo por Instagram porque el día del Desfile Inaugural era el cumpleaños de su hermana, que también falleció en el accidente. Me agradeció por honrar a su madre. Fue mágico e impensado el logro de Figura Máxima. Aún hoy me cuesta creer que soy parte de esa lista de gente que admiro tanto y donde también hay poca presencia femenina.

—¿Hay algún personaje que te gustaría hacer?
—Ninguno puntual. Me gusta mucho más el drama que la comedia. Me encanta hacer llorar. Trabajar en una película o una serie sería mi sueño.

—¿Has ido a castings?
—No me entero de ninguno. No sé dónde suceden. Pero es un pendiente. Tuve un personaje en Adicciones (Canal 12) y fui extra en la película En la puta vida. Fue de esas primeras experiencias que te quedan grabadas.

—¿Cómo fue trabajar con Pampita en Veo cómo cantas?
—Irradia una energía linda y confirmar que cuando se apagan las cámaras es exactamente igual me gustó mucho. Le sonreía a todos. Era muy amorosa con los que venían a la tribuna. Cumplí años haciendo el programa, mis compañeros me hicieron una torta y se la dieron para que me la trajera. Ponele que yo cumplía 43, ella 47 y yo parecía la madre. Era como que el universo me iba diciendo, 'mirá lo que no sos' (risas). Muy amorosa. Se la veía disfrutar.

—¿Qué proyectos tenés en la tele? ¿Dónde te vamos a ver?
—Todas las mañanas en Desayunos Informales y a mitad de año quizás se venga algo más. Lo manifestaremos en cada portal energético para que suceda.

—¿Qué lugar ocupa la astrología? ¿Te formaste?
—Es un hobby. Cada vez me gusta más, entiendo y leo más. Este año quiero hacer un curso, aunque sea online.

—¿Cuándo apareció este gusto?
—Estoy muy marcada por mi signo. Soy Aries y tengo Luna en Aries. Es muy intenso. Siempre me interesó, y también la energía.

—¿Te gustaría dedicarte o hacerlo como un extra?
—Me encantaría. Y me gustaría también poder hablar de eso en un espectáculo. Creo en todo: hago todos los rituales; los 11 y los 22 te prendo la velita de miel. Si ando muy loca me hago la limpieza del huevo.

—Grabaste con Mariano Bermúdez el cover de “Universo paralelo”, ¿en qué estás con la música?
—Es un hobby y Mariano fue muy generoso. Nos conocíamos de las redes y fue re lindo que aceptara hacer esa versión en plena. Me encanta la música y lo comparto con mi hijo Mateo. Tengo ganas de cantar una canción juntos. En Harta tengo una banda en vivo despunto el vicio. No hay que quedarse con las ganas.

—¿Qué le dirías a esa niña que sentaba a toda su familia para que la vieran imitar a Xuxa y quería a toda costa ser artista?
—Que crea más en ella y que con trabajo y disciplina todo termina llegando. Me ha pasado que hay gente a mi alrededor que cree más en mí de lo que yo creo. He cumplido muchos sueños. La vorágine a veces te hace olvidar que esto lo soñé siempre y durante mucho tiempo no me animé. Trabajaba de otras cosas y lo sufría. Hoy lo estoy viviendo y, más allá del dolor, que es humano, intento ser consciente y agradecida del presente y de lo que me sucede.

Lucía Rodríguez integra el staff de "Desayunos Informales", por Teledoce.
Lucía Rodríguez integra el staff de "Desayunos Informales", por Teledoce.
Foto: Leonardo Mainé

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