Clarisa Abreu: su vida en España, la "revancha personal" y sus ganas de ser parte de "Gran Hermano Uruguay"

La modelo e influencer uruguaya se encuentra en Oviedo (España) donde desarrolló una nueva faceta en su carrera como emprendedora y ceramista, con la cual pudo conocer a uno de sus ídolos.

Clarisa Abreu.
Clarisa Abreu.
Foto: Gentileza.

En los últimos cinco años, la uruguaya Clarisa Abreu armó las valijas y organizó muchas mudanzas. Junto a su pareja, el futbolista argentino Santiago Colombatto, construyó una familia que ya ha vivido en México, Bélgica y actualmente en España.

Colombatto juega en el Real Oviedo desde mediados de 2022, y es en esa ciudad donde Clarisa retomó una pasión que había dejado de lado: la cerámica. Es que además de ser modelo, influencer, exparticipante de Gran Hermano y la hermana del Loco Abreu, la morocha es una ceramista con creaciones que se venden por el mundo y que llegaron a las manos del cantante colombiano Camilo, un ídolo personal de la uruguaya. Desde Oviedo, y con un leve acento español que ya se hace notar, Clarisa charló con Sábado Show sobre esta nueva etapa.

—Desde hace un par de años estás radicada en España. ¿Cómo te trata la vida en Oviedo?
—La ciudad es muy tranquila. Así que la adaptación se me hizo fácil, sinceramente.

—¿Cómo se mantiene ese ritmo de vida que implica mudarse de país, o incluso de continente, cada vez que tu pareja cambia de equipo?
—Es un tema. No es fácil, aunque yo siempre fui muy independiente. Incluso cuando estaba soltera ya tenía esa cosa de moverme, buscar posibilidades, cambiar de país. Estábamos un año en un lugar y yo me decía: “Bueno, ¿y si nos mudamos a otro lado?”. Me pasaba mucho. Pero ahora, con dos niños, las valijas ya no son las mismas. Antes tratábamos de no comprar muchas cosas; ahora necesitás una casa que realmente funcione como hogar. Y vas armando tu propio espacio en un lugar que no es tu lugar, pero haciéndolo sentir así.

—¿Cómo se llevan vos y tus hijos con esa situación medio nómada?
—Ya estamos acostumbrados. Sabemos que hoy estás acá y mañana en otro país. Yo también tengo un desapego formado por cosas que viví de chica, así que lo llevo bastante natural.

Clarisa Abreu.
Clarisa Abreu.
Foto: Gentileza.

—Y mientras tanto te fuiste reinventando: sos modelo, influencer, panelista de televisión...
—Sí, dependiendo del país. En algunos es más fácil que en otros. En Bélgica, por ejemplo, el mundo influencer no estaba muy instalado, y a eso sumale el idioma. Yo me arreglaba con el inglés, pero ellos hablan poco. Entonces pedían colaboraciones muy puntuales. Ya cuando me fui a México la historia cambió: era mi idioma y ahí sí trabajé bastante como influencer. Después vine para acá (Oviedo) con dos hijos… y se complicó todo un poco más. Así que sí, toca reinventarse una y otra vez.

—Y ahí aparece esta faceta de ceramista. ¿Cuándo nace eso?
—En realidad nació viviendo en París. Yo veía a Azul, una amiga que hacía cerámica, y todo ese universo, y me empezó a picar la curiosidad. Tomé clases y me enganché muchísimo. Había días en los que entraba de mañana al taller y cuando salía eran las dos de la tarde y ni me había dado cuenta. Llegó un punto en el que usaba tantas piezas hechas por mí que decidí crear una cápsula, aunque a mí me cuesta creer en mí misma y me daba un poco de vergüenza. Pero la saqué. Después llegaron mensajes, gente que seis años después todavía me mandaba fotos de sus platos o tazas. Y ahí vino otra mudanza… y otra adaptación. Luego, en Portugal, ya estaba embarazada y tuve que dejar todo de lado. Después volví a quedar embarazada, así que tampoco era muy compatible con la cerámica. Por suerte tengo la posibilidad de dedicarme 100 % a mis hijos, y eso hice.

—Así que retomaste en Oviedo.
—Sí. Cuando llegamos mi hijo ya tenía tres años y medio. Sentía que necesitaba volver a tener mi rutina, hacer algo para mí. Con mi pareja empezamos a buscar lugares. Y claro, usan muchas técnicas… y yo trabajaba mucho con torno, que es complicado y necesitás practicar todo el tiempo. Cuando retomé no me acordaba de nada (se ríe). Entonces empecé clases con una alfarera. Mi profesora me ayudó muchísimo, me recordó cosas que había olvidado y me enseñó otras nuevas. Arranqué con ella en marzo y ahora, en vez de sacar una cápsula, lancé directamente mi marca, C.A. Ceramic Design. Las ventas funcionan muy bien. Estoy haciendo piezas grandes, cosas para mi casa y mis hijos. Por ejemplo, hice una alcancía y terminaron pidiéndome 15. Y eso que son enormes y llevan trabajo. No podía creer que funcionara tan bien.

—Mostraste el proceso en redes y explotó...
—Sí, tal cual. Yo solo mostré cómo la hacía, cómo quedó y para qué la usábamos. Y la gente respondió súper bien.

—¿Cómo nació la decisión de crear la marca formalmente?
—Lo empecé a hacer sin pensar mucho. Y como veía que la gente compraba cosas distintas, no solo alcancías, dije: “Bueno, no debe ser que les caiga bien yo, sino que realmente les gustan las piezas”. Eso me motivó. Y la gente también te inspira: te dan ideas, te sugieren cosas, como transformar la alcancía en un porta-incienso para adultos. Le hice unos agujeritos, un platito, queda decorativo y se vende muchísimo. Eso sí: si me piden algo que no va conmigo, no lo hago. Me gusta mantener mi estilo y que cada pieza sea única y personal.

—La cerámica incluso te llevó a darle un regalo a Camilo. ¿Cómo fue ese encuentro?
—Ay, sí. Yo lo sigo hace años. Mi pareja y yo siempre escuchamos su música. Yo no soy muy cholula de músicos, pero él transmite algo. Encima pasó que nunca había podido ir a un concierto suyo: cada vez que estaba erca, yo tenía que ir a otro país. Era increíble. Y un día vino a Oviedo, algo rarísimo porque nunca había venido. Y dije: “Esta es mi oportunidad”. Pensé en regalarle una pieza, un pez, porque tiene hijos, y por su personalidad me parecía que encajaba perfecto. Lo coordiné, se dio, y pude darle el regalo. Subí el video de su reacción, porque le encantó. Me dijo que a su hija seguro le iba a gustar porque podía usarlo para ahorrar. Y verlo fue una revancha personal, porque después de seguirlo tantos años y nunca poder verlo, finalmente pude, y que le haya dado algo hecho por mis manos fue muy especial.

Clarisa Abreu junto a Camilo y el pez globo que le regaló.
Clarisa Abreu junto a Camilo y el pez globo que le regaló.

—Y encima se viralizó.
—Sí. Yo no medí la magnitud hasta que subí los videos. Uno lo vive desde lo pequeño, pero en redes todo escala. Mucha gente que ni me sigue lo vio porque el algoritmo lo empujó.

—Vos estuviste en Gran Hermano: Argentina. Ahora que se viene Gran Hermano Uruguay, ¿qué te parece el proyecto? ¿Te gustaría estar como panelista o conductora?
—Vi la noticia, genial. Gran Hermano siempre me gustó como formato. De hecho, cuando entré a GH lo hice porque quería vivirlo desde adentro, no para hacerme famosa. Hoy no lo consumo tanto porque siento que perdió un poco la chispa, quizá porque en España hacen ediciones muy seguidas. Pero en Uruguay es distinto: es la primera vez, es algo nacional para el público, para la producción, para todos. A mí me parece una idea excelente. ¿Y si me gustaría estar? Como panelista, sí, de una. Me encantaría. Como conductora no sé, porque hace años que no estoy en ese rol y además Eli -Eliana Dide, coconductora de La previa de GH- me encanta, lo hace muy bien.

—¿Qué te parecieron los panelistas de La previa?
—Pienso que el panel debería tener gente que realmente haya vivido el formato o esté empapada. En Argentina pasa eso: hay exparticipantes, familiares, gente que entiende la dinámica. En Uruguay, los nombres que vi no los conozco y no es nada contra ellos, pero para mí suma mucho tener voces con experiencia real.

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