Se ríe fuerte y dice que el documental Valeria Mazza: Un sueño dorado, que se estrenó en el canal Hola! TV, muestra una parte de su vida que nadie conoce. Compuesta de tres episodios (el primero se lanzó el domingo, mañana a las 21.00 se emite el segundo y el 7 de diciembre llega el último), la docuserie utiliza material de archivo, declaraciones de varias celebridades y videos caseros para contar sobre una de las modelos más reconocidas.
“Son muy bonitos todos los episodios, no se pierdan ninguno”, alienta vía Zoom desde España, donde pasa parte del año.
“Después me mandan comentarios, que me encanta recibir sus opiniones. Me mandan por Instagram que estoy muy activa en redes”, le avisa entre risas a los lectores esta top model argentina de 53 años que desfiló para los más grandes diseñadores.
En esta charla con Sábado Show, Valeria Mazza habla de su carrera, su vida familiar, la crianza de sus hijos y del fallido intento de robo que acaba de ocurrir en su casa en Buenos Aires.
—Antes de preguntarte por la docuserie, ¿cómo estás después del intento de robo a tu casa de Argentina?
—Bien, la verdad es que fue un susto. Intentaron entrar. Estaba parte de mi familia, la gente que vive, que trabaja con nosotros. Pero fue un susto, nada más. No se robaron nada. La verdad es que la zona es muy segura. Hay mucha seguridad, hay patrullaje de la policía todo el tiempo, en casa también. Así que lo que se llevaron fue un susto.
—¿Cómo te enteraste?
—Estábamos en Roma, por tomar el vuelo a Madrid, y me llamaron mis hijos. Ahí empezó una serie de llamados, pero fue un susto, ya está. Están todos bien, por suerte. Lo que pasa es que lamentablemente tuvo repercusión, me hubiese gustado que quedara todo ahí. Pero tal vez está bueno porque la verdad que es manifestar de alguna manera lo que es la realidad, lo que está pasando, porque hoy me pasó a mí, pero esto pasa todos los días por otro lado. Ahora tengo entrevistas con toda Latinoamérica y no es una buena publicidad para mi país, pero es una realidad.
—Lo importante es que quede como un mal recuerdo, ¿Pronto te vamos a ver en Punta del Este?
—Exactamente. Me quedan dos programas más del Bailando de España, así que para diciembre voy a estar en Buenos Aires. Taina está terminando el colegio, así que tenemos varios eventos que tienen que ver con el cierre de su ciclo escolar. Si Dios quiere, para mediados de diciembre voy a estar por allá, por Punta del Este. Me instalo en Finca Valeria y no me mueve nadie hasta fines de enero.
—¿Cómo te lleva esta faceta de ser parte de un concurso de baile?
—Por suerte no bailo (se ríe). Soy la presentadora junto a Jesús Vázquez, que es un gran conductor de España. Lo hicimos el año pasado. Funcionó súper bien, y hacemos la versión original de la BBC. Así que están todos muy contentos, la cadena, todos. Además lo paso bomba porque es un formato que tiene que ver con la música, el baile, pero también con cómo viven esta experiencia los famosos. El estar expuestos, el estrés, los nervios, lo emocional, el cansancio físico. Todo eso influye al momento de exponerse. Al principio son todos amigos, pero después todos quieren ganar. Entonces también se ve cómo va cambiando la relación entre los participantes. Es muy interesante.
—Imagino que esa exposición de ellos tiene que removerte mucho, porque como mostrás en la docuserie Un sueño dorado, te ha pasado de todo, desde imprevistos minutos antes de salir a la pasarela a lo que pasó en tu casa de Buenos Aires, por ejemplo...
—Sí, obvio. Y me sigue pasando de estar en situaciones donde digo: ¿qué hago acá?, ¿para qué elegí hacer esto?, ¿para qué dije que sí? Antes me pasaba de ponerme muy nerviosa antes de subir a la pasarela, trabajar con determinado fotógrafo o determinada gente. Después como que te vas poniendo más canchera, pero creo que los nervios tienen que ver con ese sentido de responsabilidad. Cuando sos comprometida, te gusta tu trabajo y te gusta hacerlo bien. Siempre cuando te exponés tenés esa cosquilla en el estómago que la sufrís un ratito, pero también te gusta porque es como salir de tu zona de confort, exponerte, y cada vez que te exponés y salís de la comodidad, aprendés algo nuevo.
—La serie documental repasa tu carrera, tu vida pública y parte de tu intimidad. ¿Hay algún momento que dudaste en mostrar?
—Por primera vez abro las puertas de mi casa, hablan mis hijos y mi marido. Decidimos contar la historia, que tiene que ver con esa chica que llega de Paraná a Buenos Aires y todo el crecimiento profesional, pero también cómo fui creciendo y desarrollándome como mujer. Mostramos toda la etapa de noviazgo con Alejandro, que fueron ocho años, y cómo fue él acompañándome en mi carrera, apoyándome, ayudándome también a construir esta carrera. También el casamiento, cómo fue el nacimiento de nuestros hijos, y cómo nos fuimos como reacomodando. Yo siempre digo: aprender a vivir de a dos no es fácil. Y terminamos siendo seis. Así que es un aprendizaje constante. Y no es lo mismo cuando los chicos son chicos que cuando crecen. Pero la verdad es que estoy terriblemente orgullosa de mis hijos. Con Alejandro hemos hecho un trabajo enorme y muy lindo. Y yo creo que es el desafío más grande que tenemos en la vida, el de educar a nuestros hijos. Porque nadie nos prepara para eso, nadie nos enseña, no hay escuelas. Así que es mucho de lo que traemos de nuestros padres, también la intuición, y dedicarle mucho tiempo.
—Imagino que apelaste a esa maestra que querías ser antes de convertirte en una top model.
—Claro (se ríe). Ella con el dedito siempre así, tac, tac, tac. Soy muy de esas. Creo que hemos sido muy de marcar límites, en algún punto severos, pero también con mucho cariño. Pero para mí los límites son una demostración de afecto: porque me importás, esto no. Porque siempre es más fácil decir que sí. Pero bueno. El famoso “todos lo hacen” a mí no me importa. Yo sigo mis instintos, “creo que lo estoy haciendo por vos, por tu bien, y es no”. Y bueno, cuando mamá dice no, sonamos. No es no.
—¿Llevabas un registro de tus apariciones de tapas de revista y en pasarelas, todo eso que aparece en la serie?
—Sí, teníamos mucho, pero el tema es que no tenés los derechos de nada de eso. Entonces fue muy complejo todo ese tema. Por suerte teníamos un socio estratégico como Telefe, a través de Paramount. Fui artista exclusiva de Telefe durante muchos años, así que ellos tenían mucho material.
—Más allá de que ha sido tu carrera, tiene que ser sorprendente ver, a la distancia, que fuiste vestida por Gianni Versace, Dolce & Gabbana, Dior, y que estuviste con ellos tête-à-tête.
—Totalmente. Me pasó, por ejemplo, cuando falleció Giorgio Armani. Estar ahí en su funeral y ver la cantidad de gente que lo despidió, y compartirlo con toda la gente que actualmente sigue trabajando con él, que eran los mismos con los que estábamos en el backstage de los desfiles... Ahí tomás dimensión de lo que significó y marcó.
—Como lo que fue Gianni Versace en los ‘90.
—Y pensar que estuve ahí. Fui parte de esa historia. También me pasó de ver el documental y Paul Marciano, que es el director de Guess, que fue una campaña que fue un antes y un después en mi carrera, dice: “Lo que le debemos a Valeria por lo que ella hizo por la marca”. Y digo: wow, qué bien, nunca me había pasado que un cliente me elogie así. Y es verdad, porque cuando fuiste parte de una marca, como que ayudaste a su construcción y crecimiento.
—Fuiste de las pocas “supermodelos”. ¿Continúa esa tradición, o ya no existe?
—Creo que no. El fenómeno de las supermodelos se creó a finales de los 80, principios de los 90. Creo que “la moda” estaba de moda en los años 90 y fue un fenómeno de ese momento. Hoy la moda pasa por otro lugar. No hay supermodelos, hoy está como mucho más abierto. En ese momento las modelos salieron de las pasarelas y de las tapas de las revistas para empezar a ocupar otro terreno. Entraron a la televisión, al cine, a los videos musicales que en ese momento estaban muy de moda. Hoy en día todo está mucho más diversificado. Hoy tenés en la tapa de una revista de moda a un jugador de fútbol, ¿y está ahí porque es modelo? No, porque es un personaje, y hoy la gente se identifica con personas reales y con personalidades de otros ámbitos. Entonces hoy tenés influencers, gente de la moda, gente del espectáculo, deportistas, es un mar mucho más profundo y con una fauna y flora enorme para todos los gustos.
—Contame cómo es ese momento en el que llegás a tu casa después de haber filmado, viajado, hecho pasarela, y te reencontrás con tus hijos. ¿Cómo es la dinámica ahí?
—Es amor, es placer absoluto. Para mí, este es mi trabajo. Yo llego de trabajar y soy Valeria mamá, mujer, hija, hermana. Tengo un montón de otros roles que me encantan y disfruto enormemente. Yo llego de trabajar, me saco todo y me siento a compartir, a hacer. Porque generalmente cuando llegás a tu casa hay un montón de cosas para hacer. Me encanta el rol de ama de casa, el rol de madre.
—¿Cuál es el ritual familiar que no se negocia?
—La comida familiar. Cuando estamos todos en el mismo lugar, la comida familiar no se negocia. Nos sentamos todos a la mesa y es el momento donde compartimos, cada uno cuenta su día, lo que le pasa, lo que hizo, lo que necesita. Ese momento es muy importante. No entra un teléfono a la mesa ni por casualidad, nunca. La semana pasada estuvimos todos en Buenos Aires unos días, lo que ya no es tan habitual. Estar los seis no pasa muy seguido. Pero lo vamos organizando, le ponemos tiempo y pienso a la logística. En eso Alejandro es un crack. Tiene el calendario pronto y yo le pregunto todo el tiempo las fechas porque no retengo ninguna. Él organiza todo: pasaje de acá, auto para allá, avión para allá, el hotel, porque somos seis. Así vamos haciendo que las cosas pasen. Y si te gusta estar con tu familia, tenés que generar y buscar los momentos para compartir. Sobre todo cuando los chicos son grandes y siempre hay otros programas. Pero les decimos: “A ponerle onda a papá y mamá que están deseosos de estar con ustedes”.
—¿Ya estás en ese momento en que los nenes empiezan a hacer su vida?
—Y bueno, el mayor vive hace dos años y medio en Madrid porque se recibió de ingeniería industrial y se vino a vivir a España. Tiziano, que es el esquiador, pasa nueve meses al año afuera de casa, porque está seis meses en Europa compitiendo, entrenando, y después en la Patagonia, entre Chile y Argentina. Benicio está en casa y Taina también. Ella está terminando el colegio y va a empezar su carrera artística para la que se viene preparando hace mucho tiempo, porque le encanta. Y Benicio estudia negocios digitales y está haciendo algo de moda. Así que cada vez es más difícil juntarnos.
—La docuserie se estrenó por tus 50 años. ¿Cómo vivís esta edad?
—Me parece que estoy en una edad de oro. Los 50 me parecen una edad de oro y con el sueño que tiene que ver con mi familia, no de la moda, porque nunca soñé eso. Me pasó, lo disfruté e hice una carrera que continúa hasta hoy.
—Antes de terminar, ¿qué le dirías a aquella chica rubia de Paraná que empezaba en la moda sin saber todo lo que se le venía?
—Le diría: “tenete fe, Valeria. Tené paciencia y tenete fe de que las cosas llegan. Seguí confiando en vos, seguí preparándote que va a llegar tu momento”.
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