Ariel Tarico, el imitador que le hace cosquillas al poder: "De chico miraba a D'Angelo, Espalter y Almada"

El comediante argentino suma más de 100 personajes y parodia la actualidad en Radio Mitre y TN. "Siempre trabajé con libertad, pero no todos los fanáticos son igual de tolerantes", observa al comparar los distintos gobiernos.

Ariel Tarico en su camarín del teatro Politeama de Buenos Aires.
El actor en su camarín del teatro Politeama de Buenos Aires. En TN conduce su propio programa "Tarico Fake News".
Foto: Santiago Hernández (@santiher.pdf)

Un enorme espejo domina el camarín de Ariel Tarico en el teatro porteño Politeama y le devuelve una imagen que durante buena parte de su trabajo permanece detrás de máscaras, animaciones o, simplemente, oculta por la magia de la radio. Allí se prepara para salir a escena en Llegamos tarde, donde no hay filtros: le pone el rostro y el cuerpo a un espectáculo que, junto a David Rotemberg, apunta con ironía a las principales figuras de la actualidad (y que supone que seguirán en primera plana por los próximos 20 años).

Desde ese camarín, el comediante de Radio Mitre y TN que se convirtió en una de las grandes referencias de la sátira política en la Argentina revela cómo construye sus imitaciones, repasa su recorrido por los medios y reflexiona sobre los desafíos de hacer reír en tiempos de polarización. "El humor está para hacer cosquillas e incomodar al poder", sentencia.

-¿Cómo fue el proceso de pasar de hacer humor en radio a hacer imitaciones dando la cara?

-Yo soy más de la radio, más tímido, y por eso me costó empezar a mostrarme. Fue antes de la explosión de las redes sociales. Al principio lo hacía con máscaras, hasta que empecé a hacerlo algunas veces disfrazado y otras sin nada. Me fui acostumbrando. Además, la gente en la calle es muy agradecida y saluda con mucho afecto.

-¿La caracterización es también un recurso para no sentirse tan expuesto?

-Sí, siempre es así. Tato Bores decía que para poder hacer el monólogo precisaba ponerse la peluca. Ser otro permite explayarse más.

-La explosión de popularidad vino con la imitación de Nelson Castro.

-Sí, en 2014, en TN. Como conductor de un noticiero diario, Nelson se animaba a nuevos roles, como hablar de espectáculos y tener a un humorista que lo parodie en vivo. Él lo tomaba como un recreo necesario dentro del programa. La idea era descontracturar y él no quería saber nada del libreto. Sigue siendo uno de los personajes que la gente más me pide.

Ariel Tarico presenta "Llegamos tarde" junto a David Rotemberg en el teatro Politeama.
Ariel Tarico se encuentra haciendo las últimas funciones de "Llegamos tarde" junto a David Rotemberg en el teatro Politeama.
Foto: Santiago Hernánedz (@santiher.pdf)

-Las imitaciones en televisión no las hacés caracterizado, sino a través de un novedoso sistema de animación en vivo. ¿Cómo se instrumenta?

-Eso se dio probando, jugando. Empezó en el noticiero de Nelson con los filtros de Snapchat que te transformaban la cara. Era muy rudimentario. Después lo fuimos perfeccionando con Seba Meléndez y Caíto Lorenzo. Se sumó el guionista Ezequiel Meza y después vino Mariano Mena, que desarrolló esta técnica de animación en 3D. La técnica consistía en que una persona, equipada con sensores, hacía movimientos que se trasladaban a la computadora. Había que hacer un diseño especial que llevaba tiempo. Después, Mariano Mena conoció a José Serrudo, caricaturista, que nos mostró un sistema novedoso: dibujaba la cara de frente y el visor de la tablet copiaba mis gestos y los animara en tiempo real. Empezamos a hacerlo así y ahora mezclamos algunas cosas con inteligencia artificial. Pero la base sigue siendo el talento natural de Serrudo, que hace los dibujos en la computadora.

-Y se prepara todo en el día, en función de la noticia que surja.

-Sí, hay que estar atentos para ver qué pasa y armarlo para ese mismo día o para el siguiente. Yo tengo el ejercicio que me dio la radio. Empecé en 1999, y en ese entonces tenía que improvisar un diálogo de actualidad con un periodista que estaba más informado que yo. Eso me exigía estar al día. Ahora, con las redes, hay acceso permanente a la información, que además circula de otra forma, y entonces es más fácil. Cuando aparece un personaje nuevo, mando un audio a nuestro grupo de WhatsApp para empezar a componerlo. Siempre tiro el tono, Ezequiel escribe un par de carillas y después el personaje crece al aire. Se termina de completar a partir de la interacción con el equipo del programa. Ya hemos hecho unos 100 personajes.

-¿Lo más difícil es improvisar cuando el personaje se encuentra en vivo con el imitado?

-Me acuerdo que cuando fui a lo de Mirtha (Legrand) y ella me dijo: "A ver, imitame". Fue fuerte porque le pedí: "Mírame a los ojos y decime qué te dirías a vos misma". Ella no habló y le dije: "Te quedaste callada", con su voz. En el programa de Diego (Sehinkman) hubo veces que pasaron esas cosas. Vino Facundo Manes y me dijo que no se veía reflejado en la caricatura y que le costaba asimilar el personaje. Con Lilita Carrió fue más lisérgico, porque le hablaba en serio a las caricaturas. Había que improvisar en vivo mientras ella seguía conversando con los personajes como si fueran reales.

-Hiciste a los uruguayos Luis Lacalle Pou y José Mujica.

-Sí, cada tanto me gusta investigar sobre los personajes uruguayos. Trato de hacerlos con respeto. Me escribe gente de Uruguay y me cuenta que consume mucho lo que hacemos acá. He intercambiado mensajes con varios colegas como Javo Machado, El Gran Gustaf, Petinatti, Diego Delgrossi y también admiro a Marcel Keoroglian y Gastón Da Cruz. Varios me dicen que tengo que llevar el show a Montevideo.

-¿Llegaste a ver a los clásicos del humor uruguayo?

-De chico miraba a Eduardo D’Angelo, Ricardo Espalter y Enrique Almada. Lo hablé con Gabriela Acher: ellos tenían un humor ingenioso, muy inteligente, que me gustaba mucho.

-¿Cuáles dirías que son las diferencias entre hacer tu trabajo en tiempos de Milei y durante el kirchnerismo?

-Yo siempre tuve la misma libertad, pero no todos los fanáticos de los gobiernos tienen la misma tolerancia. A partir de 2008 empezó a agrietarse todo. Antes había gente que te seguía y, de repente, empezó a decir: “Ya no, porque me gusta el gobierno y no quiero que hagas tal caricatura”. Comenzó una división fuerte que se veía mucho entre la gente del medio. Con alguna gente te dejás de hablar.

-¿Y en el gobierno actual?

-Ahora es todo más explícito. Pero también es más abierto: hay gente que, si no le gusta lo que hacés, te putea y listo. Es válido.

-Sin embargo, vos nunca adheriste a una línea editorial.

-No, pero los fanáticos de cada sector no toleran que hables de ellos. El humor está para hacer cosquillas e incomodar al poder, y los fanáticos sienten esas cosas como un ataque. Yo siempre lo seguí haciendo, pero te genera dudas y uno piensa: "¿Hasta dónde voy?".

-¿Tuviste alguna vez una devolución de Milei sobre tu imitación?

-Yo lo imito desde la campaña de 2021. En aquel momento me dijo que le había gustado la imitación, pero después se peleó con Diego y no quiso venir más al programa. Calculo que seguirá enojado. Al principio lo hacía solo gritando y después le fui encontrando más cosas. Ahora da material permanentemente.

Ariel Tarico en escena.
Ariel Tarico en escena.
Foto: difusión

-¿Qué te genera la tensión que existe entre Milei y el ambiente periodístico y artístico?

-Es lo que suele pasar. El arte tiene que cuestionar a todos los gobiernos. El tema es que hay algunos que se comprometieron demasiado con algún gobierno. En este momento volvió todo a lo que debería ser siempre: tirar dardos y mantenerse separado del poder.

-Lo inusual es la fuerte reacción del gobierno ante ese tipo de cuestionamientos.

-También pasó cuando Cristina (Fernández) mencionó la caricatura de Menchi Sábat. La revista Humor también sufrió ataques. Siempre hubo una relación tensa y es inevitable.

-¿Te gusta también componer personajes de ficción, que no sean caricaturas?

-Estoy haciendo algunas cosas. Me llamó José Cicala para decirme que tenía un personaje dramático para mí. Lo hice y me encantó. Es otra faceta que puedo seguir explorando. Como comediante es difícil que te imaginen haciendo otra cosa, pero cada tanto aparece alguna propuesta.

-Además estuviste nada menos que en Argentina, 1985 poniéndole la voz al personaje de Raúl Alfonsín. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Ahí tenía que hacer un Alfonsín coloquial. Había que interpretarlo conversando, pero no podía ser grotesco ni caricaturesco. Era un off grabado sobre una escena. Fue un desafío porque estoy acostumbrado a exagerar y esa vez tenía que encontrar un tono más mesurado y amable.

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