Cristina presa por corrupción: final o relanzamiento de la más odiada, amada, abrazada y discutida de Argentina

Cárcel, banderitas y salchipapa: esta es una crónica del día en el que Cristina Fernández de Kirchner comenzó sus seis años de prisión. ¿Qué significa la condena? ¿La despedida o un relanzamiento?

Cristina Fernández en su balcón en Buenos Aires.
Cristina Fernández en su balcón en Buenos Aires.
Foto: La Nación/GDA.

En Buenos Aires
Son las 15:20 del miércoles y una voz recorre la Plaza de Mayo, ese cuadrante crucial de la historia argentina. Es una voz sin cuerpo, una cantidad de palabras en el aire, lo que alguien que no está aquí tiene para decirles a todas las personas que ahora están aquí —unas 160 mil, según los cálculos más confiables. Y todas ellas, en silencio, escuchando. “Hola qué tal, cómo están queridos compatriotas en esa maravillosa e histórica Plaza de Mayo. Espero que muy bien. Yo aquí, en San José once once, firme y tranquila. Eso sí, con prohibición de salir al balcón”. Cristina Fernández de Kirchner nos habla desde su casa, que es también su prisión. Queda inaugurado un nuevo fotograma en la historia política argentina: alguien que fue dos veces presidenta de la Nación y preside actualmente el Partido Justicialista se comunica con su militancia desde la cárcel de su domicilio, audio mediante. Una joven a mi lado rompe en llanto. Un amigo antiperonista me escribe sorprendido: “Aaaah, no tiene cara”. Las dos argentinas en pugna de estos últimos 20 años, y las dos ocurriendo ya.

Hay algo de extravagante, algo de momento que no se repetirá, en estar todos escuchando una voz súbita y para cientos de miles en el aire soleado de esta tarde. Cristina presa ya era, en sí mismo, una instancia nueva, un cambio de paisaje. Pero el cintureo de esta comunicación que se abre paso es directamente inesperado.

La voz continúa: “En estos días los he escuchado cantar consignas, cantar la marcha, cantar el himno nacional con mucha pasión, pero quiero contarles que lo que más me gustó fue escucharlos cantar otra vez ‘vamos a volver’”. Aquí, entonces, además de la voz, aparece el mensaje.

Militantes afuera de la casa de Cristina Kirchner
Militantes afuera de la casa de Cristina Kirchner.
Foto: AFP.

Desde el encierro por haber sido encontrada culpable en la causa Vialidad que entregó obra pública en condiciones como mínimo irregulares, según distintas instancias judiciales que fueron ratificadas por la Corte Suprema de Justicia, CFK habla —nos habla— de todas formas.

¿Hay gente en la marcha? Hay gente en la marcha. ¿Es mucha? Es mucha. ¿Es suficiente? Podríamos encontrar en este audio de Cristina una respuesta de parte de ella misma: “Yo no sé exactamente qué me depara el futuro inmediato, no tengo una bola de cristal. Pero sí sé que vamos a volver. Y que desde donde me toque estar, desde la trinchera que sea, voy a seguir haciendo todo lo que esté a mi alcance para estar ahí, junto a ustedes”.

¿Qué significa exactamente la expresión de esta duda de Cristina Fernández? ¿Qué quiere decir, exactamente, “donde me toque estar”?

Una multitud pidiendo la libertad de Cristina: ¿tantos?

Algunas coincidencias básicas para ordenar lo que ha ocurrido esta tarde con esta marcha: no hay una dirigente en el país, ni dentro ni fuera del peronismo, capaz de movilizar esta cantidad de gente. Pero tampoco esto ha sido un 17 de octubre, ni un desmadre de fulgor patrio, ni un sismo social. Es decir: esta tarde, en Plaza de Mayo, se vio claramente una multitud, pero no se escuchó —yo no lo escuché— ningún rugido de la Historia.

Una certeza: la cárcel le devolvió a la expresidenta una centralidad política y puso al peronismo entero, y a otras fuerzas tradicionalmente antiperonistas como la izquierda trotskista, a marchar por ella, en pos de ella: con ella. Pero también es cierto que hay mucho caudillo esperando escuchar la campanada de la renovación, después de 20 años de jefatura indiscutida de CFK al frente del movimiento nacional. Esta tarde, en esta plaza, hay peronismo que vino porque quiso venir, y peronismo que vino porque tuvo que venir. Allí, en la napa de la gran extensión que es la arena peronista federal, hay gobernadores, intendentes, cuadros, buscando la fisura en el techo de hielo por donde asomar la cabeza y respirar un aire nuevo —proponer un aire nuevo.

De hecho, las dos provincias más importantes del país, la de Buenos Aires y la de Córdoba, son gobernadas por peronistas. Pero ni de Axel Kicillof ni, especialmente, de Martín Llaryora puede decirse que estén alineados con la mujer que, ya cumpliendo sentencia firme por corrupción de seis años de prisión domiciliaria y la prohibición de por vida para ejercer cargos públicos, ahora nos habla con un audio recién grabado.

Lo de “de por vida”, claro, en Argentina siempre puede llegar a cambiar.

DECISIÓN

Milei niega el indulto y Cristina vuelve al balcón

El presidente argentino, Javier Milei, descartó este jueves indultar a Cristina Kirchner tras su condena por corrupción y consideró que “se hizo justicia”, mientras sube la tensión por el uso que hará la expresidenta de su balcón durante el cumplimiento de sus seis años de prisión domiciliaria.

“No tengo la más mínima intención de algo así. Nuestro lema de campaña es ‘el que las hace, las paga’. A mí (el indulto) me parece aberrante”, dijo Milei consultado sobre un eventual perdón.

El mandatario consideró que “se hizo justicia”. Las declaraciones de Milei se dan horas después de que el tribunal ejecutor de la pena definiera que Kirchner podrá salir al balcón de su departamento mientras cumple su pena, luego de que supuestas ambigüedades en las condiciones de detención generaran una fuerte polémica.

Javier Milei
Javier Milei
Foto: AFP

El martes, un tribunal concedió a Kirchner la prisión domiciliaria sin detallar si podía seguir saludando a sus seguidores desde el balcón, como hizo a diario desde que la justicia ratificó su condena.

Desde entonces, decenas y a veces cientos de simpatizantes se acercan al edificio donde vive Kirchner en Buenos Aires y pasan largas jornadas en señal de apoyo a la exmandataria, con la expectativa de verla asomarse al balcón del segundo piso.

Tras la resolución judicial, la exmandataria volvió a salir de su balcón al caer la noche del jueves y saludó a decenas de seguidores que la esperaban en las gélidas calles del céntrico barrio de Constitución. (AFP)

Argentina y la Justicia: Cristina Kirchner

Una vida yendo a marchas en esta ciudad. Sé perfectamente que la densidad de una convocatoria la sentís en el cuerpo, y que esa es la forma de medirla. La despedida de Diego Maradona, por ejemplo, en plena pandemia, dejó sin sentido a cualquier barbijo porque, desde Avenida de Mayo hasta Casa Rosada no había forma de avanzar sin pechar al de adelante, sin respirarle encima al de al lado, sin sentir la ansiedad del que venía detrás.

La primera marcha en defensa de la UBA, en abril del 2024, tampoco regalaba espacios para nadie. Era abandonarse al oleaje y dejar que te llevara hasta la orilla de donde querías ir. Ni hablar de encontrarte con tu columna, por decir algo.

La primera impresión frente a la condena, en el auge de la noticia, fue que el fallo recristinizaba la política, “recristinizaba” el país. Camino entre banderitas argentinas, entre remeras que dicen Cristina Libre, y ya no estoy tan seguro.

Voy otra vez: hay gente, hay mucha. La pregunta es para qué alcanza.

Manifestantes en la marcha a favor de Cristina Kirchner en Argentina.
Manifestantes en la marcha a favor de Cristina Kirchner en Argentina.
Foto: Delfina Milder/El País.

El último lunes, en su programa televisivo Odisea Argentina, Carlos Pagni, probablemente el periodista de televisión más respetado del país, atacaba este asunto, y algún asunto más: el de la legitimidad del fallo en particular, por ejemplo. Y el de la legitimidad de la Justicia argentina en general, también. Cito a Pagni:

No quiere decir que el caso Vialidad no haya sido correctamente juzgado y la corrupción en el manejo de la obra pública por parte del kirchnerismo no sea un escándalo, y que el fallo de la Corte y el fallo del Tribuna Oral y de la Cámara de Casación no sean un mensaje saludable de igualdad ante la ley”.

Pero, sigue diciendo Pagni:

Más allá de que es verdad que el sistema judicial argentino deja mucho que desear en su conducta y en su ecuanimidad y en su imparcialidad”.

Entre estas dos banquinas de la realidad se bandea el pueblo argentino, su padrón, sus militancias, las personas de a pie, de alguna manera todos nosotros. Un bandeo penoso, una vacilación penosa, que promueve la idea de que una líder política, su culpabilidad o su inocencia, pueden quedar sujetos a un dogma de fe militante. Es, también, un fracaso de los periodismos que hacemos que esa verdad, la una o la otra, no haya sido debidamente corroborada en los medios de comunicación que informan al cuerpo social. La naturaleza más íntima del ejercicio periodístico es la del emisario, pero en la patria tenemos más operadores que periodistas.

Finalmente, con respecto al impacto político que pudiera generar la cárcel de CFK sobre el cuerpo político de CFK, Pagni dijo apenas unos segundos después en la tele:

¿Qué significa esta condena para Cristina? ¿Significa el ocaso, significa la jubilación, o significa un relanzamiento?”.

Camino con cierto aire y cierto espacio entre las personas que hoy vinimos a Plaza de Mayo y voy queriendo responderme esa pregunta.

Militantes frente a la residencia de Cristina Kirchner
Militantes frente a la residencia de Cristina Kirchner.
Foto: EFE.

Columnas, pañuelos y choripanes

Habría que chequear con precisión los años que lleva el peronismo empantanado en el axioma “sin Cristina no se puede y con Cristina sola no alcanza”.

En el centro del problema, organizando el núcleo histórico de la tracción electoral, está el asunto de que CFK tiene un piso de sufragio eventual que se parece mucho a su techo, por no decir que son exactamente la misma cosa. Digamos, un 25, un 30 por ciento del padrón.

El correlato de esa expresión está ahora acá, comprando a dos mil pesos argentinos pañuelitos que dicen “si naciera 20 veces, 20 veces te volvería a elegir”, junto a una foto de CFK con el brazo en alto y los dedos en V. O dicen: Cristina libre. O dicen: toda presa es política.

Pañuelo en apoyo a Cristina
Pañuelo en apoyo a Cristina.
Foto: AFP.

Hay un cuidado quirúrgico entre la columna de La Cámpora (agrupación de base que levanta el cristinismo puro y duro) y la columna que encabeza Axel Kicillof (enfrentado con la expresidenta en la interna bonaerense) para no cruzarse, no tocarse, no acercarse. Las dos avanzan como queriendo no hacer chispa de la fricción que los enfrenta y —ubicadas una más cerca de la Catedral de Buenos Aires, la otra hacia Diagonal Sur— presentan la unidad que la jornada les pide, digamos que les exige.

Hay algo muy sonoro, muy directo y determinante en las palabras que Kicillof eligió para nombrar su flamente corriente interna: “Derecho al futuro”. Como diciendo: tengo derecho a futuro propio, amiga. Tengo derecho a un futuro político que sea mío y no solamente una derivada del tuyo. Son lecturas, está bien, pero son lecturas posibles.

No hace falta “achinar” mucho los ojos para constatar las estéticas de las militancias y sus contrapuestos inherentes. Es fácil, por ejemplo, ver jóvenes libertarios de traje. Ahí están todavía las imágenes de Fran Fijap corriendo en camisa y corbata, huyendo de los grupos opositores a Milei que lo quieren moler a golpes. Acá, en la Plaza de Mayo de esta tarde, lo que abunda es la ropa informal, pero si hay algo que distinga a la piba kirchnerista es su flequillo. Rubio, morocho o de color, cortadito al ras. Flequillo alto siempre.

Humo de choripanes y la bandeja de salchipapa que se ha ganado un lugar entre la feligresía latinoamericanista nac and pop. Botella de gaseosa cortada para llenarla de fernet. Mucha marchita y, siempre, infaltable, Santa Evita en las remeras.

Pañuelos a la venta en marcha en apoyo a Cristina Fernández
Pañuelos a la venta en marcha en apoyo a Cristina Fernández.
Foto: Alejandro Seselovsky.

La convocatoria peronista, y especialmente la de este miércoles en la tarde, sigue siendo emocional. Pata en la calle y rémora del siglo XX para dar respuesta analógica, física, al aluvión digital que supone la supremacía libertaria de las redes.

Hay una fogata simbólica, de todas formas, que no termina de soltar la lengua mayor de su llamarada. La marcha hubiera orquestado otro volumen de épica si se hubiera tratado de ir con Cristina hasta Comodoro Py —la sede de los tribunales federales penales en el barrio de Retiro—, esperarla en la puerta mientras era notificada de su arresto, y volver con ella a su domicilio de la calle San José. Pero todo se convirtió en algo menos espectacular, menos trágico, al producirse la notificación por videollamada y pasar todo para las dos de la tarde de este miércoles. Siendo ya casi las cinco y media, esto es todo desconcentración.

Algo tardía, entrando por el flanco derecho como avanzando hacia la Casa Rosada, la columna de Principios y Valores, con el dirigente Guillermo Moreno caminando en el centro de un círculo cerrado, cercado por sus militantes y custodiado por su gente, se hace presente incluso cuando Moreno ha elegido ir a todas sus última elecciones por afuera del sello partidario. Como la izquierda, disputa votos con Cristina. Pero, como la izquierda, hoy también estuvo acá.

Para después de la seis de la tarde, en completa paz, los últimos vendedores ambulantes levantan de las parrillas los choris que no se vendieron y la Plaza de Mayo, terminación nerviosa del pasado y del presente nacional, se vacía sin registrar disturbios en el largo del día. Se esperaba más tensión, quizás, pero no estuvo.

Militante duerme frente a la casa de Cristina Kirchner en Buenos Aires
Un militante duerme frente a la casa de Cristina Kirchner en Buenos Aires
Fuente: AFP.

En “Los 36 billares” se juntan los que quieren llegar a casa comidos y hacen la función debate de la marcha que ya fue. Y la línea B del subterráneo se llena de personas con pancartas que vinieron a bancar y ya se vuelven. Queda un peronismo por examinar que deberá responder si es capaz de volver.

Mientras, en el centro de la escena del presente, por ahora, todavía, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, la silueta política más amada, más odiada, más abrazada y más discutida en el territorio de la nación, comienza el día uno de sus seis años de prisión.

Operativo montado en el edificio de Cristina

El escenario en la casa de la expresidenta Cristina Kirchner cambió por completo este viernes. Es que allí no solo se dispuso un vallado que rodea al edificio sino también un grupo de efectivos que antes no estaban. Mientras, se montó un operativo de control que abarca varias cuadras a la redonda del domicilio donde cumple prisión domiciliaria.

Desde temprano, la Policía Federal Argentina tiene efectivos en la puerta de la casa de la expresidenta y a 100 metros del lugar.

Y en la noche del jueves personal de Espacio Público del gobierno porteño realizó tareas de orden y limpieza en la zona, cuando todavía había militantes en vigilia en la calle. Retiraron ocho gazebos, mesas para servir comida, sillas, banquetas, y seis parrillas. Tras eso se dispuso el operativo de manera permanente con el fin de mantener la zona en “buenas condiciones de orden y limpieza las 24 horas”.

Para eso se realizarán tres repasos diarios con 20 barrenderos e hidrolavado de calles, veredas y paredes.

Edificio donde vive Cristina Kirchner, vallado
Edificio donde vive Cristina Kirchner, con vallas.
Foto: La Nación/GDA.

En tanto, la expresidenta volvió a enviar un mensaje de audio a la militancia durante un banderazo en la zona de Parque Lezama. Allí destinó duras críticas a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien tildó de “nefasta”.

“Esto de traer a la Federal lo hizo sin orden judicial y con un claro objetivo de generar conflicto y caos que hasta ahora no ha sucedido”, denunció Kirchner al comienzo de un mensaje grabado a la militancia, en alusión al operativo de seguridad montado. Y calificó a Bullrich de “mujer nefasta” y “capaz de cualquier cosa”.

Inicialmente, el acto estaba previsto para este viernes frente a la vivienda de Cristina. Pero fue la propia exmandataria quien a través de un mensaje en X trasladó la convocatoria y pidió a los manifestantes que fueran a la misma hora al auditorio de Parque Lezama.

El próximo tema sobre el que se pronunciará el juez Jorge Gorini, a cargo de la causa, es la restricción de las visitas: quiénes pueden ingresar a la casa y quiénes no. La expresidenta tildó como “totalmente arbitrario” el manejo de las visitas que le impuso la Justicia para la prisión domiciliaria (En base a La Nación/GDA).

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