Gustavo Poyet es de los pocos entrenadores uruguayos que vivió en carne propia las diferencias entre dirigir una selección —en su caso la de Grecia— y un club. También conoce muy bien la selección uruguaya, a la que representó en 26 partidos como jugador en la época de los “repatriados” y con la que ganó la Copa América 1995. En la actualidad se encuentra sin equipo y es uno de los nombres que se traen a la mesa cuando se habla de un cambio de mando en la mayor de Uruguay, como es la situación actual, y hoy, a sus 58 años, se siente capacitado para asumir este rol.
Desde España, mientras aguarda por su próximo desafío, habló con Ovación sobre el manejo de los grupos, la temprana eliminación en el Mundial, su opinión sobre Marcelo Bielsa, las famosas charlas del DT y por qué Pep Guardiola "rompió al fútbol". “Prefiero que si me va a ir mal, que me vaya mal con lo que yo considero correcto, no con lo que consideran otros”, dijo
—¿Qué balance hacés de la participación de Uruguay en el Mundial?
—Creo que en términos de lo que quería proponer Bielsa, se vio más de lo que la gente piensa. Los uruguayos siempre nos quedamos con el resultado. El segundo tiempo con Arabia fue muy bueno, de lo mejorcito del último año de la selección, el partido con Cabo Verde fue muy extraño por cómo empezó Uruguay, se encontró abajo y recuperó, lo lento que salió al segundo tiempo, difícil de entender, y el último con España fue el que más identificado estuvo el equipo con Bielsa, la idea de jugar de igual a igual en toda la cancha y complicar a España de una manera increíble. El problema es que nos quedamos con el hecho de que jugamos con dos selecciones que teníamos que haber ganado y no pasó.
—¿Creés que la interna de la selección hizo mella en el desempeño en el Mundial?
—Sí. Voy a ser sincero y no quiero contradecirme. Uno cuando sale a la cancha se olvida de lo que pasa afuera pero no es lo mismo entrar a la cancha en un estado de ánimo, de alegría, en una relajación natural, porque todo está normal, que después de haber tenido reuniones con el técnico, de haberle pedido que cambie las charlas, de los problemas del año pasado, de todo lo que pasó. Hay una tensión un poquito diferente, creo que por más que los que estamos en el fútbol intentamos decir que no afecta, de verdad que afecta, pero somos todos diferentes, capaz que hay uno que le afecta más que a otro y con que le afecte a uno o dos ya es un problema porque desestabiliza.
—La AUF estaba al tanto antes del Mundial sobre el tema del relacionamiento, ¿no es un error decidir continuar cuando de alguna manera se “rompió algo” con el técnico? ¿Hay alguna manera de revertir algo que se veía venir?
—Eso que acabás de decir me encantó porque es lo que yo trato de obviar cuando soy entrenador. A mí no me gusta tener una escuela, me gusta que el jugador vaya al campo sin excusas. Y yo creo que de la forma que terminó esta relación con el técnico, deja esa excusa... O sea, la gente te dice, ya lo sabía, después de lo que pasó, esto era lo normal. Y eso a mí no me gusta nada. Desde el punto de vista de un entrenador como soy, lo que hizo AUF de bancar al técnico hasta el final es una decisión y la tenés que aceptar. Ahora, visto el resultado, no parece que haya sido lo adecuado, pero sin lugar a dudas también hay una responsabilidad, la misma responsabilidad que tenías cuando en diciembre se creó todo aquel problema, ahora los que también tomaron la decisión de mantenerlo son los responsables de que se haya terminado así. No te podés quedar con la excusa, sino que tenés que asumir responsabilidades.
—¿Qué opinas sobre la forma de trabajo de Bielsa?
—Me gustan los técnicos que son diferentes. Y sin lugar a dudas, Marcelo Bielsa es completamente diferente, es único. Tan único que hay gente que se sube a ese carro de “Bielsista”, que quieren copiar o quieren estar de ese lado. Yo creo que todo el mundo sabía cómo era Marcelo Bielsa, todo el mundo estaba muy contento cuando llegó a la selección, no hay que olvidarse de eso. Creo que la reacción del grupo inicial fue espectacular, pero después empezaron los problemas. Y los problemas, cuando son rumores, se mantienen. Y lo digo yo, que jugué en una selección muy complicada en Uruguay, la del 93, con Cubilla, aquella de los “repatriados”, y fue un desastre. Lo que pasa es que teníamos la suerte de que no había tanta prensa. Ahora todo sale y se confirmó cuando habló Luis Suárez, ahí ya era un inconveniente para lo que uno entiende como la relación del entrenador con el jugador. Es un problema que no es fácil de solucionar y que solamente lo puede manejar el técnico con su carácter y con su forma de ser. Y en eso hay que respetar al técnico.
—¿Crees que es un tema de modo de trabajo o es un tema de liderazgo?
—No lo conozco pero me hubiese encantado ir a verlo entrenar y escucharlo. Si algún día lo conozco y tengo un rato con él, me gustaría preguntarle si me conoce como jugador. Yo creo que con mis características no habría podido jugar en un equipo de Bielsa. Yo era un jugador que no tenía velocidad, entonces tenía que utilizar todo lo que era la inteligencia para adelantarme a la jugada, porque si no me adelantaba llegaba siempre tarde. Usaba la visión o el entendimiento del juego para saber lo que podía pasar, digamos que por ese lado era mi juego. No sé si podría llegar a tener el tiempo suficiente para razonarlo, pero sí que sería una charla muy enriquecedora porque no solo aprendés cosas que podés aplicar, sino que también entendés los por qué no, por qué yo no podría o quizás no hubiera podido jugar para él.
—Un tema que abrió debate fue el “recorte” en las charlas de Bielsa, ¿cómo hacés para llegarle al jugador?
—Hay un balance. Y por suerte, hoy, con la tecnología que tenemos podemos hacer las cosas mucho más simples y cortas. Yo no termino de saber cuánto demoraban las charlas. Nadie te lo dice. Ni nos dijo Bielsa ni nos lo dijo ningún jugador. No es lo mismo 20 minutos, que si vos tenés que bajar las charlas porque hacías una de una hora, y lo quiero dejar claro de nuevo porque se sacó un título mío de que la habían bajado 10 minutos y que los jugadores se bancaban 20. No sé cuánto demoraban, lo que sí digo es que los jugadores forman parte del mundo que vivimos de todo al segundo, de agarrar un teléfono y conseguir en instantes, de esa forma de entender la vida. Hoy en día el jugador es menos paciente. No tiene la paciencia necesaria de sentarse y disfrutar de una charla de fútbol acerca de algo que lo va a beneficiar a él. Entonces te tenés que adaptar. Lo que me llamó mucho la atención fue que Bielsa haya concedido, es que cuando vos hacés mucho caso a los demás y después perdés o no ganás, en este caso no ganó Bielsa, no ganaste con lo que querías. Yo prefiero que si me va a ir mal, que me vaya mal con lo que yo considero correcto, no con lo que consideran otros. Porque estos otros no van a ser responsables de mi trabajo.
—Cómo explicarías lo que está pasando con el fútbol hoy, cuando el estilo de juego de Pep Guardiola se extendió tanto y a veces hace que los hinchas se exasperen un poco cuando van con la pelota para atrás, para que el otro equipo salga, que ya no haya gambetas ni creatividad...
—Es bastante fácil para mí y yo siempre lo digo, porque lo conozco bastante a Pep, no es que soy amigo, pero jugué contra él muchos años en España, y siempre le digo que que es un placer verlo, pero rompió el fútbol. Usted Guardiola destrozó el fútbol. Lo destrozó porque todo el mundo lo quiere copiar y la gente, con todo respeto a la gente que lo quiere copiar, no se da cuenta que Guardiola solamente dirigió Barcelona, Bayern Múnich y Manchester City. No dirigió un equipo de la B peleando el descenso, no dirigió un equipo en los campos de juego de Uruguay. Hay una cantidad de cosas que no te podés comparar ni imitar porque no solo no tenés las condicionantes, sino los jugadores que entienden el juego como él quiere. Él compró un arquero de Manchester City que pagó 40 millones y al año dijo no, otro, y se trajo a un brasileño y pagó 70 millones. ¿Quién lo puede hacer en Uruguay? Nadie. Ni Peñarol ni Nacional lo pueden hacer. O sea que no estamos en una situación normal. Lo que pasa es que es tan lindo verlo que uno se entusiasma. Para mí, lo que tratan de copiar de esa manera, se equivocan, porque no tienen la característica ni la calidad de los jugadores.
—¿Si te llaman de la selección estás preparado?
—Estoy preparado, me preparé como no te podés imaginar. Cuando jugaba al fútbol ahí en el baby en Uruguay, en la canchita de La Escalinata de Punta Carretas, uno siempre soñaba con jugar en la selección. A mí me costó muchísimo entrar, llegué a los 20 y pico largos a la mayor, pero entré en el momento justo, tuve la suerte de coincidir con unos cracks en el 95 y ganar la Copa América. A partir de ahí y no haber participado, por ejemplo, en ningún Mundial con Uruguay, cuando empezás a entrenar tu objetivo siempre es dirigir a la selección de tu país. El tema es que creo que todos nos tenemos que preparar de la mejor manera posible. La selección es completamente diferente, afecta a mucha más gente, tenés unos egos increíbles que tenés que manejar y una cantidad de cosas que hace 10 años no sabía y que haber estado en la selección de Grecia me ayudó para tener mucha mejor idea y estar mejor preparado.
—¿Es un error esperar hasta las elecciones para seleccionar un nuevo DT?
—Sí. Yo creo que la selección es lo más importante en Uruguay, más importante que cualquier otra cosa. Cuanto antes se vuelva a intentar unir a la gente con la selección, mejor. Cuando algo no está muy bien o está un poquito roto hay que tratar de solucionarlo lo antes posible. No dejes pasar el tiempo, porque si dejás pasar el tiempo vas a encontrarlo incluso más difícil.
—Tu nombre también ha sonado en el fútbol uruguayo, concretamente para Peñarol. ¿Esa es una puerta que está cerrada hoy en esta altura de tu vida o no necesariamente?
—Lo que pasa es que hay momentos. Surgió en 2020 y te viene una cosa desde adentro cuando te llaman de Uruguay pero son momentos, después, por cuestiones de pandemia y familiares y todo, era imposible ir. No descarto nada en el futuro.
—¿Qué te sorprendió del Mundial y qué selección es tu candidata?
—Me dolió que quedaran afuera algunos equipos que yo pensé que iban a estar un poquito mejor, ya sea Brasil, más nada por Ancelotti, porque realmente lo admiro de una manera increíble. Le tenía fe alguna selección sudamericana, a Colombia, Ecuador, de estar un poquito más adelante. Francia para mí es el mejor, es el equipo a batir, y ahí está, insoportable. Una linda, linda sorpresa fue Noruega. Quizás ahora se necesita por ahí un poquito más de Lamine Yamal en España. Mi candidato es Francia. Yo los sufrí, fui a París con Grecia y los vi y ojalá puedan verlos en directo. Yo miraba a mi equipo e intimidaban realmente, nosotros teníamos un par alto y ellos eran gigantes, encima juegan bien y los jugadores que salen del banco son inclusive casi tan buenos como los que juegan, o mejores. Quiero que le jueguen a Francia como le jugó Paraguay. Nadie quiere cambiar la identidad, todos tienen jugar a su forma y si uno va a jugarle a Francia a tenerle la pelota y dejás espacios te van a matar, hay que aprender a veces y buscar las formas de utilizar sistemas que otros equipos utilizaron para tratar de vencerlos, porque sino al final te diría que en cuanto a la igualdad te van a ganar ellos.
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