Carlo Ancelotti es uno de los entrenadores más exitosos de la historia del fútbol, pero también un hombre de hábitos inquebrantables. Desde que asumió la conducción de la selección de Brasil, sus rutinas y pequeñas “costumbres”, como él mismo las define, despertaron curiosidad entre los hinchas brasileños en plena disputa del Mundial 2026.
Una de las imágenes que más se repite antes de cada partido es la del técnico italiano llevando la mano al bolsillo de su saco para sacar una estampita del Padre Pío de Pietrelcina. La besa dos veces y la guarda inmediatamente antes del pitazo inicial. Se trata de un ritual que lo acompaña desde su época de futbolista y que mantiene intacto.
Ancelotti, profundamente creyente, explicó que nunca le pide resultados deportivos a Dios. “Nunca rezo por fútbol. Dios tiene cosas más importantes para atender. Creo en él, rezo todos los días, pero para otras cosas, no por resultados”, afirmó. Su devoción por el Padre Pío nació durante su infancia en Italia y continúa siendo uno de los símbolos que lo acompañan en cada desafío profesional.
Sin embargo, esa no es su única costumbre. Durante los partidos suele mascar chicles de manera permanente, una práctica que adoptó para reemplazar el cigarrillo y controlar la ansiedad. Dependiendo del desarrollo del encuentro puede consumir hasta una docena, al punto que la Confederación Brasileña de Fútbol asignó a un integrante del cuerpo técnico la tarea exclusiva de preparar el recipiente con los chicles antes de cada compromiso.
“Organizar los chicles del técnico es una de mis funciones”, contó Serginho, masajista de la selección brasileña, quien explicó que todo forma parte del protocolo habitual del entrenador.
Fuera del campo, Ancelotti también incorporó nuevas rutinas desde su llegada al país. Se acostumbró al café brasileño, realiza caminatas por las playas de Río de Janeiro y se convirtió en un visitante frecuente de una tradicional churrascaría, donde asegura que la polenta frita es uno de sus platos favoritos.
Otra de las facetas que sorprendió dentro del plantel fue su esfuerzo por integrarse completamente a la cultura brasileña. Tomó clases de portugués cuatro veces por semana, aprendió el idioma con rapidez y hoy canta de memoria el himno nacional antes de cada partido, algo que llamó la atención incluso de los propios futbolistas.
Mientras Brasil sueña con conquistar el ansiado sexto título mundial, Ancelotti mantiene intactas esas costumbres que lo acompañaron durante toda su carrera. El doble beso a la estampita, los chicles, el café y el himno forman parte de una rutina que, aunque no garantice victorias, ya logró algo importante: conectar al entrenador italiano con un país que volvió a ilusionarse con la Copa del Mundo.
Con información de La Nación / GDA
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