En febrero de 2025 le tocó pasar por uno de los momentos más difíciles para un futbolista. “No me olvido más, una experiencia horrible”, recordó el arquero de Cerro, Yonatan Irrazábal (38), sobre cuando fue a descolgar un centro en el Parque Roberto, a los 93 minutos del partido que le estaban ganando a Racing, y sintió que algo andaba mal. “Vino el árbitro a decirme que sacara y le dije que no podía levantarme. Ahí me di cuenta”. El ‘Mono’ se había roto los ligamentos cruzados y los meniscos de su rodilla.
“La primera semana me costó un montón, llantos y todo. Me costó hasta mirar fútbol y los primeros dos meses no miraba. Es una lesión jodida, que te lleva mucho tiempo y si no estás fuerte de cabeza y acompañado es difícil”, confesó, pero su esposa Valeria, que lo acompaña hace 15 años, le planteó otro desafío. “'Ya te ponés a hacer el curso de entrenador de arqueros', me dijo. Ahí me puse a estudiar y me recibí el año pasado. Amo mi puesto, me gusta muchísimo. Siento que voy a ser un entrenador contemporáneo porque tuve lo del pasado y la modernización del presente”.
Irrazábal plantó la semilla para cuando cuelgue los guantes, pero todavía no llegó ese momento y su vuelta a las canchas se dio justo cuando Alejandro Cappuccio asumió en el equipo Villero. Ya lo conocía, fueron campeones con Rentistas. “Lo primero que me pregunta es cómo estaba y le dije que confiara, que estaba bien y así fue”, contó el arquero, que tenía un poco de miedo de volver, pero Cerro le ganó a Central y a partir de ahí, ganó cinco de los ocho partidos que jugó y salió de la zona de descenso. “Me fui en llanto porque volver a pisar la cancha fue formidable. Fue un momento duro y hoy estoy feliz por no haber bajado los brazos”.
Para el Mono, Cappuccio le cambió la mentalidad al plantel con una idea poco común para un equipo que pelea por la permanencia y les devolvió la confianza con buenos resultados. “Hoy nuestro objetivo es salir de la zona baja lo más rápido posible, pero con la idea de ser protagonistas”, confirmó el arquero, que vio como muchos juveniles recuperaron la confianza guiados por el entrenador, que se animó a agarrar un fierro caliente gracias a los referentes “de buena madera” que había en el equipo.
“¡Estas loco, con esos puntos nos salvamos”, dijo entre risas el Mono en relación a Brahian Alemán, el 10, al que conoce de Defensor y que jugó el último partido, con victoria ante Albion, con varias suturas en su pie derecho. “Siempre nos da un plus. Cuando aparece es con una asistencia o un gol”.
Otro de los referentes es Alejo Macelli, argentino, pero que parece criado en la Villa del Cerro. “Él dice que le digan ‘Uru’ porque se siente uruguayo. Hoy es nuestro capitán, se siente muy cómodo en Cerro, la gente se lo hace saber”, confesó Irrazábal.
Entre los veteranos del equipo está Damián Suárez con quien pudo cumplir un viejo anhelo pendiente. “Siempre bromeábamos con que íbamos a volver a Defensor Sporting juntos, hicimos todas las inferiores ahí, pero no jugamos juntos en Primera y se dio acá en Cerro”. La amistad trascendió el fútbol y el Mono es el padrino de Martina, la hija mayor del Zorro, al que en la cancha le tiene “muchísima confianza”.
Aunque ya jugaron juntos, Defensor sigue estando en los planes del arquero. “Me encantaría volver. Ojalá que me llamen porque hace tiempo tengo ganas y estuve cerca cuando el Chino Navarro me llamó. Sería una linda experiencia volver a la Viola”.
Por ahora, sin embargo, su cabeza está en Cerro y en una batalla más urgente: la pelea por la permanencia. El equipo encontró una reacción con Cappuccio y depende de sí mismo para mantenerse en Primera. “Va a ser un camino muy difícil, es un ida y vuelta con Wanderers que tenemos, pero vamos a ir paso a paso, con humildad y confiando en lo que estamos haciendo”, manifestó. Irrazábal ya sabe de batallas. La lesión le enseñó a resistir y Cerro, según él mismo reconoce, también. “Es mi segunda casa. Defensor me dio todo, como jugador y profesional, pero cuando llegué a Cerro me dio otra pata que no tenía, de siempre luchar con lo poco que tenías, ir a buscar y ser resiliente”.
Ahora quiere devolver ese cariño que le hacen saber en cada partido. “La hinchada es muy importante, ellos son un jugador más, siempre lo dije. Cada vez que alientan, el equipo levanta y el fútbol es emocional. Cuando esa energía la llevás a la cancha, las cosas empiezan a fluir”.
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