La rotación del plantel, un tema polémico para Nacional y Peñarol: ¿qué pasa con los clubes en el resto del mundo?

Cada vez que han apostado a algunos suplentes, ni tricolores ni Carboneros han tenido suerte, aunque en la historia le sacaron fruto para ganar la Copa Libertadores.

En España, tanto Barcelona como Atlético movieron sus fichas con la rotación y los Colchoneros avanzaron en la Champions.
En España, tanto Barcelona como Atlético movieron sus fichas con la rotación y los Colchoneros avanzaron en la Champions.
Foto: AFP.

Los clubes grandes uruguayos dieron descanso a buena parte de sus titulares pensando en la Copa Libertadores y lo pagaron con duras derrotas en el Torneo Apertura. De inmediato, esto reabrió un viejo debate, con todas sus variantes: ¿es necesaria la rotación?, ¿debe hacerse ya desde el primer partido por la Copa?, ¿debe incluir solo a algunos titulares o a todos?, ¿es un recurso que solo se utiliza en el fútbol uruguayo? La oportunidad y la amplitud de la rotación es algo que decidirá cada entrenador, pero todo indica que es un recurso que se usa con cada vez mayor frecuencia en todo el mundo. En otras palabras, nadie juega todos los torneos siempre con los mismos futbolistas.

Contra Deportivo Maldonado Nacional rotó a ocho titulares y terminó perdiendo.
Contra Deportivo Maldonado Nacional rotó a ocho titulares y terminó perdiendo.
Foto: Leonardo Mainé.

Argentina y Brasil

En Argentina lo habitual ha sido darle la prioridad absoluta a la Libertadores. El ejemplo más claro fue Independiente, que mientras conquistaba cuatro Libertadores consecutivas entre 1972 y 1975 cumplía pobres campañas locales por alinear siempre juveniles y suplentes. Su ejemplo fue imitado a través del tiempo por la mayoría de los clubes y se mantiene en el presente.

Brasil seguramente tiene el calendario más cargado del planeta fútbol. Flamengo, campeón de la Libertadores 2025, jugó 78 partidos el año pasado entre Brasilerao, Copa de Brasil, Campeonato Carioca, Supercopa de Brasil, Libertadores, Intercontinental y Mundial de Clubes. Para poder competir (y ganar cuatro de esas competencias) rotó casi permanentemente entre un plantel de alrededor de 30 futbolistas, sin contar los juveniles que disputaron algunos juegos. Giorgian de Arrascaeta, por ejemplo, tuvo 64 presencias.

Para comparar, Peñarol disputó 58 partidos en 2024, cuando fue campeón uruguayo y semifinalista de la Copa Libertadores. Nacional jugó 52 encuentros en 2025, campeón local pero con menos recorrido en la Copa.

El caso europeo

“En Europa juegan la liga y la Champions con los mismos jugadores”, se asegura a veces. Pero no es tan así. Las situaciones sudamericanas no se pueden trasladar automáticamente a Europa y tampoco lo contrario. Por las copas europeas los traslados aéreos en general son mucho más breves que en América. Tampoco hay partidos en la altura ni se pasa del frío al calor en un vuelo.

En el aspecto deportivo, los clubes que pelean en las instancias decisivas de las copas continentales suelen estar definiendo también sus ligas, por el título o por ingresar a la Champions del año siguiente. Por eso tienen que jugar siempre a dos frentes (o más, si están compitiendo por las copas nacionales).

Sin embargo, la rotación de futbolistas es un recurso cada vez más común, sobre todo en los clubes que pelean los títulos. Sucede que el calendario se ha sobrecargado, sobre todo con la ampliación de la Champions League y la instauración de las fechas FIFA que involucran a muchos futbolistas.

El campeón continental, PSG, jugó 65 partido en la temporada 2024-2025. Por eso, el técnico Luis Enrique dispone una rotación constante, aunque generalmente en el encuentro previo a uno de Champions coloca el equipo titular para lograr mayor cohesión.

En estos días, el entrenador del Atlético de Madrid, Diego Simeone, jugó todas sus cartas al cruce de la Champions con Barcelona, incluyendo varios suplentes en el encuentro con el propio Barça por la Liga y después con Sevilla. Perdió ambos, pero eliminó al Barcelona de la Champions. Y el club catalán también dio lugar a cinco habituales suplentes para el clásico regional ante Espanyol, pese a que jugaba puntos fundamentales para conquistar la Liga.

Lo que tiene escasos antecedentes en Europa es una rotación masiva, es decir, colocar un equipo de alternativa. Solo ocurre en las etapas iniciales de las copas nacionales, frente a rivales de otras divisiones. La estrategia es graduar los esfuerzos de todo el plantel a lo largo de la temporada, para que cuando lleguen las instancias decisivas el equipo titular refleje lo mejor también desde el punto de vista físico.

Así planificaron los grandes cuando fueron campeones

Las experiencias de Peñarol y Nacional con las rotaciones de futbolistas cuando fueron campeones de América no son concluyentes, porque utilizaron diferentes estrategias. Además, es difícil comparar la exigencia del fútbol actual con el de hace 40 años, aunque por otro lado la preparación física ha evolucionado mucho desde entonces.

En la década de 1960 nunca se planteó el tema porque la Libertadores no coincidía con el torneo local, que empezaba recién en el segundo semestre de cada año.

El primer caso

A Nacional se le presentó la disyuntiva en 1971, cuando buscaba su primera Copa Libertadores, porque las finales contra Estudiantes se superponían con el comienzo del Campeonato Uruguayo. Entonces jugó localmente con suplentes y dejó puntos que pudo descontar recién en las últimas fechas.

Cuando le tocó disputar la final intercontinental contra Panathinaikos estaba igualado con Peñarol en la punta del Uruguayo a dos fechas del final. El tricolor viajó a Grecia el 11 de diciembre, sacó un empate el miércoles 15, volvió, empató con Huracán Buceo el lunes 20 alineando a todos los titulares (salvo Luis Ubiña y Luis Artime) y el jueves 23 le ganó a Danubio con el equipo principal para conquistar así el título local por apenas una unidad. Cinco días después le ganó la revancha a Panathinaikos y levantó la Intercontinental.

Para su segundo título, en 1980, los tricolores optaron por jugar el Uruguayo y la Libertadores con su equipo principal. Las escasas variantes que se hicieron fueron por lesiones. Y el plan dio excelentes resultados, pues ganaron las dos competencias.

Tras la conquista internacional sobrevino una especie de afloje que le hizo perder dos partidos y empatar otros dos por el certamen local que no resultaron decisivos por la ventaja que llevaba acumulada. La campaña de la Libertadores insumió 120 días, durante los cuales disputó 27 partidos.

Otra estrategia

En 1982 Peñarol comenzó afrontando la doble competencia con los titulares, aunque crónicas de la época señalan que en algunos partidos resultó notorio que buscó cuidar energías y eso le costó algunos puntos.

A medida que fue avanzando en la Libertadores comenzó a utilizar el equipo de alternativa, que perdió algunas unidades pero terminó ganando un par de partidos clave, ante Progreso y Cerro. Cuando los titulares volvieron con la Intercontinental desde Japón se quedaron también con el Uruguayo. Como su rival en 1980, la campaña aurinegra entre Libertadores e Intercontinental llevó 120 días, con 34 partidos jugados.

Peñarol en 1987 y Nacional en 1988 prácticamente renunciaron a pelear el título local. Los aurinegros colocaron el equipo de alternativa cuando los titulares entraron en las semifinales; en el Uruguayo terminaron octavos, a 10 puntos del campeón, Defensor. Un año más tarde, los tricolores hicieron lo mismo y quedaron séptimos, a 18 puntos del campeón, Danubio.

De cualquier manera, tenían la carta extra de jugar la Liguilla al final de la temporada para tratar de clasificar nuevamente a la Libertadores, lo que no resultó necesario.

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