Las dos primeras altas de Peñarol en el mercado de pases del verano pasado fueron dos centrodelanteros. Primero Abel Hernández y días después Facundo Batista, a mediados de diciembre 2025. Diego Aguirre los pidió expresamente y también contaba con Matías Arezo, a quien que por decisión institucional se le pretendía renovar el préstamo por un semestre más (todo esto antes de la compra de su ficha, que llegó en junio).
El plan del DT era contar con tres nueves, ya que la directiva le había trasmitido que Leo Fernández tenía una propuesta muy tentadora del fútbol árabe y su salida era casi un hecho. Sin embargo, el ‘10’ se quedó y quien estuvo cerca de no arreglar fue Arezo, paradójicamente el goleador del equipo este año y titular indiscutido. Y aunque Leo se lesionó y se perdió prácticamente toda la temporada, Aguirre no usó a los tres delanteros con los que originalmente contaba. Batista fue relegado en la consideración del DT y sumó minutos a cuentagotas, e incluso hoy parece estar detrás de Jonathan Rodríguez, un cuarto nueve que se sumó al plantel a mitad de año.
El detalle es que Peñarol debió hacer una importante inversión para repatriar al delantero que en enero cumple 28 años, porque tenía contrato vigente en el Atlético Nacional de Medellín (Colombia) y tuvo que adquirir el 30% de su ficha por 400.000 dólares que terminará de pagar al club colombiano en diciembre próximo. Y firmó contrato por tres años: es decir que por el momento es jugador de Peñarol hasta diciembre 2028.
Batista se inició en las inferiores de Defensor Sporting pero no llegó a debutar en Primera porque brilló en el Sudamericano Sub 20 de 2018 con la selección juvenil de Uruguay, y con 19 años pasó directamente al fútbol europeo. Jugó en Suiza, Brasil, Deportivo Maldonado entre 2020 y 2021, otra vez Suiza y después Necaxa y Querétaro de México, antes de arribar por primera vez a Los Aromos.
Fue en julio de 2024, un año inolvidable para los aurinegros. Si bien asumió su rol desde un principio, entonces suplente de Maxi Silvera, le bastó para destacar en pocos partidos y mandarla varias veces a guardar. Hizo 10 goles en 23 partidos, incluido un hat-trick a Cerro en una goleada 5-0 con un equipo mayoritariamente alternativo: ese año el Peñarol de Aguirre fue arrollador de principio a fin, campeón uruguayo con puntaje récord y semifinalista de la Copa Libertadores de América.
“Como el 2024 fue un año muy bueno, este año toca bancar. No ha sido un buen año de Peñarol a nivel general”, dijo al respecto el representante de Batista, Horacio Bardanca, en diálogo con Ovación sobre su momento deportivo y anímico ante las pocas oportunidades y falta de minutos.
Luego de aquel semestre, el Carbonero cobró en enero 2025 US$ 250.000 por la interrupción de su préstamo por una oferta del Polissya (Ucrania) por US$ 2.000.000 al Necaxa de México, club al que le pertenecía su ficha. Emigró otra vez al Viejo Continente y al semestre siguiente pasó al Atlético Nacional, antes de retornar a Peñarol en diciembre.
El punto para destacar de esta temporada es que desde el punto de vista sanitario siempre estuvo a la orden del entrenador: solo se perdió tres partidos posteriores al último clásico por una distensión muscular de la que rápidamente se recuperó.
Pero futbolísticamente estuvo todo el año un escalón por debajo porque no pudo aprovechar las oportunidades, limitadas, que el técnico le dio. Jugó 31 partidos de los 46 oficiales de Peñarol en la temporada, pero solo 985 minutos en total: un promedio de 32 minutos por encuentro.
Jugó tres de los seis partidos por la fase de grupos de Libertadores, 14 de los 15 del Apertura, seis de los ocho del Intermedio, los cuatro por Copa AUF Uruguay, pero apenas dos de los 12 que van del Clausura.
Convirtió dos goles, uno en el Apertura (contra Cerro Largo en Melo) y otro en la Copa Libertadores (contra Platense, en Argentina). También dio tres asistencias.
Tiene dos años más de contrato, pero sus números de este año hacen difícil que se quede en Peñarol para 2027.