Joaquín Rodríguez habló con Ovación en la previa a afrontar una nueva temporada en España, donde cambió de destino. Pero también palpitó lo que se viene en la selección de Uruguay camino al Mundial.
El nuevo jugador de Gran Canaria marcó el salto defensivo que dio tras llegar al básquetbol español, las diferencias de ideología con el uruguayo y contó su experiencia en China, donde pasó de jugar un cuarto al aeropuerto. Además, se refirió a sus dos descalificaciones en la última ventana y fue autocrítico, pero expresó una opinión negativa contra el arbitraje.
—Te toca volver a segunda de España a un equipo protagonista, ¿cómo llevás el desafío?
—Muy entusiasmado por como el club me vino a buscar. Gran Canaria es un equipo que hace muchos años está a un nivel muy grande y el año pasado, terminó descendiendo en la última jornada. El club quiere volver inmediatamente a la ACB, armaron un equipazo, tienen casi que el mismo presupuesto que para la divisional es muchísimo. Compartí con el entrenador Bruno Savignani en Betis en la primera experiencia en España, me llamó bastante y quería que yo venga al equipo. Si bien no va a ser fácil, ojalá que sea un lindo año, podamos conseguir el ascenso y quedarme en el club varios años.
—En selección te toca tener un rol más anotador, ¿cómo hacés ese cambio de chip?
—Son roles que te vas ganando. En la Selección ya son muchos años también por lo que somos nosotros,cuando empezamos a jugar contra equipos de gran calibre y a otro nivel internacional tenemos que los perimetrales, asumir muchísimo ese rol de anotadores y de generadores, porque es donde tenemos los mejores jugadores que están en un gran momento. Me gusta muchísimo ese rol y los años que estuve en Primera FEB (segunda), tenía un rol muy protagónico donde la pelota pasaba mucho por mí, de generar juegos, muchos puntos. Tuve buenas temporadas y en la ACB es un poco diferente. A medida que sube el nivel tenés que irte adaptando. En Casademont (su exequipo), hay jugadores como Bell-Haynes, Dubljevic, tipos que tienen hace muchos años una experiencia muy grande y tenés que buscarte tu rol desde defensivamente o ir viendo la manera de ir creciendo.
—¿Qué sentís qué más desarrollaste al llegar a España?
—Muchas cosas. Primero que nada defensivamente. Empecé a convertirme en un jugador defensivo. Savignani tuvo mucho que ver porque ese año en Betis me exigía que me convierta en un defensor. Mejoré muchísimo a la hora de contener el uno por uno, la postura, de estar siempre preparado para dar ayuda, para recuperar pelotas; y después a la lectura del juego. Es un poco diferente del básquet al que estamos acostumbrados nosotros, que es mucho más de talento. El español es mucho más táctico, tenés que entender un poco más, por la ideología de los entrenadores.
—¿Qué diferencias notas respecto a Uruguay a la hora de pedirte cosas en defensa?
—Que defiendas te lo dicen todos los entrenadores, sea el mundo que sea. Yo defensivamente sufría mucho más o no le daba muchísima importancia en Uruguay cuando era muy joven o cuando me fui a Argentina. Me ha pasado mucho que por mi talento ofensivo y la cantidad de pelotas que tenía en la mano para generar juego y anotar me descansaba un poco en defensa. Siempre pasa que a los jugadores que más generan o que más tarea tienen ofensiva, defensivamente, tratás de cuidarlos. En Europa es totalmente diferente, si no defendés vas para afuera, sea el nivel que sea, y tenés que mejorarlo. Se trabaja mucho más y tenés mucho más esfuerzo, pero también por la competencia. Si no defendés vas al banco y hay otro compañero que está preparado para jugar.
—Tenés en el triple un arma importante, ¿cuánto se entrena y que diferencias hay con Uruguay donde no hay tiempo de cancha?
—A medida que uno va creciendo, te das cuenta de que cuanto más trabajás, más la metés. Acá a medida que vas subiendo de nivel, esas barreras se van rompiendo. Tenés siempre una cancha a disposición, una máquina de tiro, asistentes técnicos a disposición las 24 horas para trabajar todo lo que vos quieras. En Uruguay es un poco más difícil porque los clubes tienen horario. Pero yo desde chiquito, en el club Remeros me quedaba a tirar hasta las 12 de la noche hasta que me iba a buscar mi padre, con un foco prendido. Si tenés el hambre siempre encontrás la manera.
—¿Cómo fueron tus primeros pasos en el básquetbol?
—Significa mucho haber tenido a mi padre que fue jugador. Te criás en el ambiente, yo era muy chiquito y mi tío, el Pototo, era entrenador en Bohemios y yo iba con él, mi madre es profesora de gimnasia, mucha familia metida en el deporte y en el básquet, te lo van inculcando de a poco. Compartirlo también con mi padre, ver cómo se pone orgulloso de mí y cómo me ha visto crecer como jugador es algo que te llena mucho.
—Te fuiste muy joven, ¿cómo es vivir lejos de la familia?
—No es sencillo. Cuando te vas afuera es duro. Estoy muy agradecido a mi mujer, a Lala. Ya tengo familia, a mi hijo Bautista, que son un pilar muy grande. Porque el llegar a casa después de entrenar, de un partido y tener ahí a tu familia, obviamente que te cambia todo. Pero gran parte de la familia está en Uruguay y te pega bastante. Pero es parte de esto, se sufre por momentos, la verdad que se sufre.
—¿Cómo la pasa tu hijo con tanto viaje?
—Por suerte nos tocó un santo. Le encanta el básquet, desde que nació en Sevilla que está en las canchas, ya con siete días ya fue a su primer partido. Le encanta también viajar. Todavía no se da cuenta (dos años) y esta última venida ya como que es consciente de que empieza a extrañar. A mí también ahora que me fui a China y que tuve como 25 días que no lo vi, cuesta un poco más y él entiende mucho más cosas. Sufre un poquito más eso de extrañar, se da cuenta cuando las abuelas se van lejos, pero por ahora se la viene bancando como un campeón.
—Viene de familias basquetboleras, ¿ya juega?
—Tiene un montón de pelotas, le encanta jugar, tirar, pasa todo el día con la pelota, con las camisetas también, está todo el día que se pone la camiseta Uruguay, Zaragoza, Gran Canaria, se va poniendo todas las camisetas que tiene, también la del tío, la de Nico (Pomoli), la de Peñarol. Es muy lindo compartir con él esa pasión.
—También te tocó dejar joven Mercedes, ¿cómo fue ese paso?
—Siempre me fascinó el básquet, no me gustaba mucho estudiar, me quejaba bastante con el liceo, no era algo que me gustaba hacer. Tenía muchas ganas y mis padres me fueron aguantando, querían que termine el liceo hasta que en un momento fue ya la decisión tomada, pero obviamente que lo tenía clarísimo de que lo que quería hacer era jugar de básquet. No es una decisión fácil tampoco como padre decir: "andate y jugá solo al básquet". Pero en un momento me apoyaron y confiaron en mí. Por suerte se pudo dar todo como se dio.
—¿Te esperábas en tus inicios llegar al nivel que estás hoy?
—Uno lo va soñando y va, como decía el gran Rubén Magnano “hay que darle de comer a los sueños”. Uno los va persiguiendo. He conseguido muchas cosas y estoy muy contento porque si bien uno dice: “Sueño jugar en la ACB, en la selección”, cuando las cosas se dan, uno mira un poco para atrás, te pone muy feliz y orgulloso. Pero también te da mucha hambre para seguir subiendo.
—Mencionaste a Magnano pero también te apadrinó Esteban Batista en la selección, ¿quiénes te guiaron de chico?
—Tuve muchos. Ni bien llegué a Aguada Demián Álvarezme apadrinó muchísimo, él era de Mercedes, confió mucho en mí. Con Esteban, compartimos mucho tiempo juntos siendo compañeros de habitación. Muchos consejos, un tipo que también comparte bastante valor en el sentido de siempre estar por la selección. Panchi Barrera ni que hablar, para mí fue un sueño compartir con mi ídolo y jugar con él.
—¿Sentís que tenés un plus en la selección por tu forma de ser?
—Un poco, puede ser. De la alegría que te da, la euforia de defender un poco a tu país y después con la comodidad que yo siento jugando por Uruguay. Por el rol que tengo, pero también por el lugar que me he ido ganando y por la confianza que uno tiene cuando viste esa camiseta. Juego con una confianza muy alta para hacer cosas que en los clubes son un poco más difíciles. Jugar por Uruguay a mí es algo que me fascina, ojalá podamos cumplir el sueño de volver a llevarlo al Mundial.
—Generaste un sentimiento grande con el hincha uruguayo.
—Lo siento un poco así. Es representar al uruguayo como es. La garra, no dar una pelota por perdida, celebrar cada gol, el competir, algo que esta selección está transmitiendo y la gente nos está acompañando. Es algo que uno se va ganando. Es un poco el cariño del hincha del básquet uruguayo que a mí me hace muy feliz también.
—Dentro de ese amor en la gira por China un partido jugaste un cuarto y te fuiste al aeropuerto, ¿cómo fue?
—Todo esto de China empezó hace un año. En su momento nos plantearon a Bruno (Fitipaldo) y Santi Vescovi de que los chinos lo hacían si nosotros íbamos. Bruno por un tema de calendario, de familia, de club, lo tenía complicado. Yo di mi palabra que iba. Después pasó que tenía contrato con Zaragoza, me iba a quedar, pasó lo de Peñarol, después me fui de Zaragoza y empecé a negociar de vuelta con clubes y terminé viniendo a Gran Canaria. Decirle a un club nuevo que te tenés que ir en un avión a entrenar en China siete días, volverte y llegar el día antes de entrenar no gusta mucho, pero salió todo bien. No me arrepiento, fue una experiencia increíble, me fascina representar a la selección, trato de estar siempre. Acordé que me volvía el día antes, le dije a Álvaro (Tito) y a Gerardo (Jauri) que iba a ir, pero necesitaba llegar a para presentarme con el equipo a entrenar. Cuando llegamos nos enteramos de que el partido estaba medio justo y dije que el segundo no lo podía jugar porque me tenía que ir ese día. El embajador pedía que por favor me presente, esté un rato y después me vaya. Dije “vamo arriba, juego un cuarto y me voy”. No fue que sufrí los nervios de perder un vuelo, pero iba ahí chequeando, porque sabía que si lo perdía iba a estar jodido. Me llevaron en un auto de la Embajada China.
—Te tocó en la última ventana ser descalificado en ambos partidos.
—Mi manera de competir es esa de pasión, garra, estar discutiendo cada jugada, peleando por cada pelota. Obviamente que no se nos puede ir la cabeza. Con Bahamas y remamos todo el tiempo, sin entregarlo. Fue una pelea con los jueces a mí no me gustó el arbitraje sinceramente, me pareció malo. Siento que se pitaron cosas que no eran, que fue un poco favorable a ellos. El primer técnico fue bien pitado y ya el segundo se me terminó yendo a la cabeza. Quedaban poco, le cobran la quinta al Santi y el árbitro le dice algo como que no sé si lo sobró. Ahí me expulsó bien porque le dije algunas cosas. El segundo partido lo he mirado mil veces, sufrí muchísimo porque yo sabía que tenía una técnica y todo el mundo me decía que no haga nada. Sinceramente, le saco el cuerpo al Cubanazo (Romero), jugué con él, está fuerte como un árbol. Cuando viene a ponerme la cortina le saco el cuerpo para que no me choque, vi que pitó, giré el cuello, pensé que había cobrado falta de ataque, vi el técnico y no lo podía creer. Creo que el tipo me quiso echar y me echó, no le doy mucha vuelta. Porque si me tiró al piso puede ser, nosotros estábamos avisados por simular, pero no siento que lo haya hecho. Sufrí mucho, fue el peor segundo tiempo que he vivido por el no poder ayudar a mis compañeros. Más por el partido que yo venía haciendo también, porque estaba en uno súper caliente adelante, anotando, sintiéndome bien. Es una lección, hay que aprenderla para no darle bola a los árbitros y dedicarse a jugar. Que no me vuelva a pasar de dejar al equipo tirado.
—Después de Bahamas prometiste un triunfo a Puerto Rico, ¿cómo ves a Uruguay en la próxima ventana?
—Soy muy pasional, confío mucho en esta selección. Gerardo, Bruno, son tipos mucho más tranquilos, dicen que nos estamos enfrentando contra equipazos. Yo soy de decir que le vamos a ganar al que venga. Ya quiero que llegue el partido con Canadá porque la veo divina. Soy consciente de los equipos que enfrentamos, lo dije porque lo sentía, que lo acariciamos con Bahamas y que peleamos. Metí un triple, pasamos y los vi muertos. Ahí nos mete un triple Buddy Hield increíble, cuando se iba la posesión y después nos meten otro medio y se nos escapó. Tenía esa sensación de decir que el que viene no se nos escapa. Porque al deportista le pasa que está con más hambre, más enfocado. Si me preguntás a mí, yo prometo que Uruguay va a pelear el partido y que va a ser muy lindo. Ver a la gente cantando, gritando, la cantidad que fue, es algo hermoso para nosotros. Vamos a defender la localía porque también si ganamos es un puntazo.
—¿Se sorprendieron por los buenos resultados conseguidos en pleno recambio?
—Me sorprendió para muy bien. Veía un poco difícil la manera de competir, por lo que había sido Esteban (Batista) en la selección, un tipo que tantas cosas pasaban por él, que la pelota va todo el tiempo poste bajo, jugaba a eso Uruguay. Pero a su vez hay jugadores que siguen creciendo. Y después tenemos a Bruno, que es un tipo con una carrera muy grande, que está súper establecido, que tiene una cabeza maravillosa. Pero creo que son muchos jóvenes y supimos suplantarlo con energía, ganas. “Uruguay no tiene un pivot”: mucha gente lo dice. Y nosotros tenemos los nuestros. Pablito (Gómez), Mateo (Bianchi) y hasta Martín (Rojas), que es un tipo que por estatura no puede jugar nunca de pivot y el tipo rinde como un animal, se entrega. Nos alimenta mucho de decir: “Tenemos a estos tipos que dejan la vida acá adentro” y que dan lo mejor que tienen. Uruguay pasó a jugar a eso, también por la ideología de Gerardo, que para él defender es súper importante. Y Uruguay pasó a jugar a eso, somos un equipo que aprieta como loco, pelea, pone a los equipos incómodos todo el tiempo.
—¿Qué esperabas y con qué te encontraste de Gerardo Jauri?
—Era toda incertidumbre. Se fue Rubén, que para mí era tener un dios ahí de entrenador, porque era un tipo que era una maravilla para mí, me había ayudado mucho como jugador. Vino Gerardo, también agarró a Alvaro Tito, gente que yo no conocía, pero que me sacó el sombrero. Yo veo un crecimiento de las dos partes. Él se siente súper cómodo con nosotros, nos acepta como somos a cada uno. Conmigo tiene una relación bárbara, nos escuchamos, nos respetamos, nos bancamos y hay cosas que por ahí a él le pueden gustar y a mí no, pero siempre con ese respeto. Y lo mismo él con Santi Vescovi, con Bruno. Es un tipo que fue súper inteligente a la hora de ganarse el cariño. Se hizo querer y que creamos su palabra, lo respetemos. Fuimos todos creciendo y creando por ahí el Uruguay de hoy por hoy, que pelea, está unido. Se trabaja mucho en el ambiente, cuando llegaron lo empezamos a hablar y ellos lo plantearon, de que buscaban que haya un buen ambiente en la selección, que toda la gente empuje para el mismo lado, que estemos juntos. Y eso se ha ido construyendo de una manera increíble y se sigue construyendo, porque cada vez son más las cosas que alimentan eso. El viaje a China, los jugadores fueron la mayoría. Emi Serres estaba quebrado, le habían dicho que se recuperaba en tres meses, y se recuperó en 40 días. El tipo se fue a China, entrenaba a triple horario. Después, dos días antes del partido, se quiebra Martín Rojas y decía que jugaba. Dejar el ego de lado, hemos aprendido a ir queriéndonos entre todos. Valoramos un esfuerzo de Pablito Gómez peleando un rebote contra Romero, que es un oso, más que un triple. Es un equipo que pone al equipo por delante. Todo el mundo súper feliz cuando al equipo le va bien, hay un millón de fotos, vídeos. Hay una imagen que no sé cuántas veces la he mirado, un triple que mete Santi, que se termina el primer tiempo y nos ves a los cinco gritando desaforados y él en el suelo, mirás el banco y está todo levantado. Ver el Antel arena de pie, la gente, creo que son cosas que se construyen, que no son fáciles de construir porque no es fácil, porque el ego en el deporte está en todos lados, porque son cosas difíciles y la verdad que lo hemos ido construyendo y lo estamos cuidando mucho.
—¿Cómo era tu relación con la selección de chico?
—Era de Mercedes y era un poco difícil, pero fuimos con Remeros una vez, que jugaron en el Palacio. Me acuerdo que tengo una foto, éramos guachos, Osimani estaba en la foto. Me acuerdo de alguna con mi viejo también, se jugaba poco en Uruguay, habitualmente afuera. Fui a un amistoso con Argentina que estaba Ginóbili, Scola también, hay una foto con Scola también.
—¿Seguís la Liga Uruguaya?
—Trato de seguir, pero es muy difícil. Ahora que estoy en Canarias, que es una hora menos, capaz que algún partido, acá suelen ser a las dos de la mañana. Me pasa cuando juega Peñarol, algún partido del Emito (Serres) o que quiero ver algún partido me quedo y al entretiempo ya me duermo. Pero trato de seguirla porque creo que también es importante el ver a mis compañeros, cuando se juega algún partido que hay muchos jugadores de la selección. Trato de verlo para ver cómo están jugando o los jóvenes también.
—¿Cómo la evaluás?
—La Liga está fuerte porque económicamente los clubes apuestan por traer a grandísimos jugadores. Es una Liga que tiene extranjeros de altísimo nivel y jugadores nacionales también, porque traer a Santi para jugar la Liga Uruguaya, con todo lo que es. Está disparejo un poco entre los clubes que van fuerte, como que queda partido me parece. Pero los equipos que apuestan y pelean, creo que el nivel es bueno. A mi gusto yo sacaría un americano para darle más lugar al jugador nacional, pero también entiendo que vende más, hay más talento, más jugadores que se ven den afuera. Hay que seguir trabajando. Creo esto que pasó ahora en Peñarol, que había pasado el año anterior en Nacional, de como que los clubes se armen a partir de las fichas nacionales le da un valor importante al jugador uruguayo.
—¿Cómo te cayó la vuelta de Mathías Calfani?
—Me puso muy feliz. Yo compartí con él, compartí con la selección. Es uno de esos tipos que se merece que le pase todo lo bueno. Creo que más de un rendimiento a nivel basquetbolístico, le deseo felicidad, que disfrute el estar jugando al básquet, que pueda volver a jugar, sentirse cómodo, sentirse feliz de estar adentro de una cancha que creo que a él lo conmueve mucho, habla de una historia de vida increíble. Es un resiliencia constante con todo lo que le ha pasado, siempre se ha levantado y siempre ha vuelto. Y creo que también de que vuelva a Biguá, es un club que lo va a cuidar mucho, que él se siente muy cómodo, lo va a ayudar a disfrutar que Para mí lo más importante, es verlo feliz adentro de una cancha.
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