Uruguay y la OCDE: de la "lista negra" y un vínculo "traumático" a una hoja de ruta para conseguir el "sello de calidad"

Referentes económicos evaluaron beneficios, costos y oportunidades de que Uruguay se sume como miembro pleno del organismo

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María Dolores Benevente, Enrique Iglesias, Ignacio Munyo y Carlos Loaiza.
El País.

El proceso de acceso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) puede transformar la trayectoria de un país periférico como Uruguay en su camino hacia el desarrollo, al consolidar estándares internacionales, fortalecer la institucionalidad económica y mejorar su inserción en la toma de decisiones globales. Así se plasmó en el evento de presentación del libro “OCDE: el acceso como hoja de ruta para el desarrollo y la inserción internacional de un país periférico”, escrito por el abogado Carlos Loaiza Keel.

El debate contó con la participación de Enrique Iglesias, exministro de Relaciones Exteriores de Uruguay y expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); Ignacio Munyo, director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres); y María Dolores Benavente, presidenta de la Academia Nacional de Economía (Acadeco).

Iglesias repasó la historia de cuando surgieron los debates sobre si convenía o no adherirse a la OCDE hace varias décadas, en los que se levantaban posiciones diferentes sobre la dualidad “mercado” o “Estado”, que se reflejaba, por ejemplo, entre quienes se reunían en torno a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que se inclinaba por privilegiar el rol del Estado; y, en contraposición, quienes se apoyaban en el Fondo Monetario Internacional, con una postura de promoción de mercados.

“Ahora está más claro que se necesita el mercado y también un Estado eficiente; se ve más la necesidad de la dupla”, afirmó.

Iglesias recordó que antes la planificación del Estado se veía como “invasora” del mercado y destacó que actualmente existe mayor consenso en verla como “ordenadora” del sistema, dejándose de lado las posiciones extremas. En ese marco, la valoración de la OCDE entra en un nuevo escenario, con otras miradas en muchos lugares del mundo.

De su lado, Munyo (quien fue director de la tesis doctoral del libro de Loaiza Keel, presentado a la Universidad Austral de Argentina) compartió la evolución política en torno a la OCDE que hizo Iglesias, y manifestó que el actual ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, “respalda con fuerza” la posibilidad de que Uruguay dé el paso de ser un miembro pleno del organismo.

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María Dolores Benavente, Enrique Iglesias, Ignacio Munyo y Carlos Loaiza.
El País.

El camino de Uruguay en relación a la OCDE se inició con dificultades por estar en su “lista negra” debido a la situación fiscal y financiera del país en una época, lo que a entender de Munyo “generó un anticuerpo todavía presente”, afirmó. También Loaiza Keel sopesó que la relación fue "traumática en un comienzo”.

Aún así, Uruguay ha ido cumpliendo recomendaciones de la OCDE, pasó de estar en la “lista negra” a la “lista gris”, y siguió avanzando. El gobierno actual cree en la agenda de la OCDE y el propio ministro Oddone fue recibido por las autoridades del organismo en París, el año pasado, donde entregó documentos sobre Uruguay.

En esa instancia, el ministro mantuvo una reunión con Fabrizia Lapecorella, vicesecretaria general de la OCDE, y otras autoridades, en la que se habló del interés de ambas partes en que Uruguay “explore un (mayor) acercamiento al organismo multilateral”, una hoja de ruta que había quedado parcialmente interrumpida entre 2000-2024, y se retomó con un cronograma de trabajo común más detallado para los próximos años.

“Ser miembro de la OCDE es tener un sello de calidad”, defendió Munyo al realizar una analogía con las empresas privadas que buscan certificaciones para avanzar más en los mercados.

A la fecha, Uruguay espera un informe de la OCDE con nuevas recomendaciones, pero “ya sabemos lo que va a decir, porque el país tiene un déficit en su política de competencia, debe hacer más eficientes a las empresas públicas y mejorar su política educativa”, adelantó Munyo.

El economista apuntó que “es raro que un ministro de Educación no tenga ningún tipo de injerencia en la educación pública del país”, al enumerar las “vacas sagradas” de Uruguay que obstaculizan el avance nacional. En tal sentido, propuso que Uruguay vaya más allá de las recomendaciones que se ven venir y que “se deje ayudar” por la OCDE, para las soluciones.

Según su visión, un ingreso pleno a este organismo podría hacer avanzar al país con más decisión y rapidez en las reformas de procesos que encara, sobre todo a nivel regulatorio y en la eficiencia del Estado, dado que en la parte institucional, de democracia, estado de Derecho y respeto a las normas, Uruguay está incluso mejor posicionado que muchos países de la OCDE.

“Aprovechemos el envión del acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE) que firmamos, para ir por el paquete completo”, dijo Munyo en alusión a la membresía plena a la OCDE.

Temas sensibles

Dos temas claves han generado especial polémica sobre la OCDE: el secreto bancario y el Impuesto Mínimo Global. Al respecto, Loaiza Keel intentó desmitificar supuestos al destacar que la OCDE da recomendaciones pero no decide por los países.

Además, Chile y Costa Rica, que son miembros del organismo, han resuelto esos temas como querían. “Costa Rica no introdujo el impuesto mínimo global (a diferencia de Uruguay); y a Chile nadie le cuestionó la intervención judicial en materia de secreto bancario”, señaló.

El abogado reconoció que la agenda de la OCDE es cuestionable en algunos puntos, como por ejemplo en materia tributaria y en cómo evalúa a la educación, pero igual se mostró totalmente defensor de los beneficios para sus miembros, comenzando por las mejoras que ocurrirían en el país en materia de gobierno corporativo, de concretar la adhesión plena.

“Se puede intentar hacer cambios o amortiguar efectos secundarios nocivos de decisiones de los países centrales, desde dentro de la OCDE”, afirmó. Y como es ya habitual en Loaiza Keel, parafraseó al exsecretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, al advertir: “Si no estás en la mesa, probablemente estarás en el menú”.

Tampoco le pareció lógico que Brasil haya iniciado el proceso para ingresar a la OCDE, Argentina lo acelere y Paraguay quiera entrar (todos países del Mercosur que firmaron el acuerdo con la UE) y que Uruguay no lo haga.

“Si uno no se alinea, termina siendo un amigo inútil o un enemigo despreciable, pero nadie se acuerda bien de ti”, afirmó, instando a que no por ello “Uruguay deje su calidad reflexiva, que es lo que está haciendo este gobierno”, acotó.

Loaiza Keel hizo un llamado a que Uruguay sea “más audaz” para encaminar su desarrollo, basándose en un marco del "realismo periférico". Dicha teoría plantea que los países de la periferia deben acercarse estratégicamente a los centros normativos globales para evitar quedar marginados. “Un país periférico debe ser un jugador inteligente y no un Estado rebelde”, resumió el abogado.

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Enrique Iglesias, Ignacio Munyo y Carlos Loaiza Keel en la Universidad de Montevideo.
El País.

Una de las conclusiones de la investigación de Loaiza Keel es que si bien no se establece una causalidad directa en las variables cuantitativas (macroeconómicas) por ingresar a la OCDE, sí se identifican beneficios cualitativos relevantes. Entre ellos, contar con un impulsor de mejora continua de las políticas públicas que facilita la modernización de regulaciones, la transparencia, la gobernanza de las empresas públicas y el fortalecimiento de los servicios públicos.

“La nueva anormalidad”

Loaiza Keel enumeró los grandes sucesos que impactaron al mundo en los últimos tiempos, como la inteligencia artificial, la pandemia (que aceleró procesos históricos), la guerra en Europa (muy cerca de los países centrales miembros de la OCDE) y la de Medio Oriente, las que ha dado lugar a un “entorno normalizado de guerra” o a una “nueva anormalidad”.

El abogado destacó que “confluyeron dos cosas: la aceleración del fenómeno de la inteligencia artificial degenerativa con la guerra. Y, al mismo tiempo, hubo un récord de venta de bienes de lujo a nivel mundial, lo cual habla de una gran frivolidad”, dijo mostrando una imagen de una tienda exclusiva en París, “no muy lejos de donde están cayendo bombas en Ucrania”, agregó.

Por otro lado, señaló que “entramos en una realidad en la que se ha intensificado el totalitarismo”, pero que esta vez no es un fenómeno de regímenes totalitarios, sino de “democracias totalitarias”, que a través de las herramientas de inteligencia artificial no oprimen la libertad, sino que la explotan.

En esa línea, citó el ensayo “La sociedad del cansancio” de Byung-Chul Han, que plantea que más que empleados oprimidos por el empleador, lo que hay son sujetos que se auto-oprimen porque trabajan durante horas y horas interminables, y creen que son libres. “Esa es la trampa de este fenómeno”, afirmó Loaiza.

En ese contexto, han surgido los mogules de la tecnología, que concentran muchísima importancia, incluso mayor que una visita de Estado, dado que manejan más información y tienen más influencia que éstos. De esa manera, el abogado derivó su discurso para explicar el mundo de hoy al “neofeudalismo” o “tecnofeudalismo” (de Jorge Majfud, Yanis Varoufakis, entre otros autores), que plantean, justamente, que los nuevos señores feudales son quienes controlan la tecnología.

“¿Cómo negociamos con los nuevos señores feudales?”, se preguntó Loaiza. “Es un gran dilema, pero ahí entra la importancia de los organismos internacionales (…) Uruguay también tiene que leer que hay dos potencias rivalizando (EE.UU. y China) y no está claro cuál va a liderar”, se respondió, agregando que todos los países también son prisioneros de sus propias geografías y de sus reales opciones (en las que entra la Unión Europea como parte de esas dinámicas, en el caso de Uruguay).

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