Nicolás Herrera: “Venir a invertir en Uruguay, estando todo el planeta a disposición, es un milagro”

El exsocio principal de Guyer & Regules y presidente de Fundación Impulso fue entrevistado por Javier de Haedo para el podcast Nominal de la Universidad Católica del Uruguay

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Entrevista de Javier de Haedo a Nicolás Herrera
Universidad Católica del Uruguay.

El abogado y exsocio principal de Guyer & Regules, Nicolás Herrera cuestionó el estancamiento del país, advirtió que Uruguay necesita “transformaciones tremendas” y puso el foco en la inequidad educativa: “Al 50% de nuestros chicos que no terminan bachillerato los estamos perdiendo”. Estas reflexiones fueron parte de la entrevista que mantuvo con el economista Javier de Haedo para Nominal, el podcast del Observatorio de la Coyuntura Económica de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).

Herrera fue abogado de un prestigioso estudio de Nueva York durante la crisis de la deuda latinoamericana en la década de 1980. Negoció la deuda uruguaya en el gobierno de Luis Alberto Lacalle como subsecretario del Ministerio de Economía cuando tenía apenas 32 años. Algunas décadas después, colaboró con el gobierno de Luis Lacalle Pou en las negociaciones para conseguir vacunas contra el Covid-19.

Actualmente, es presidente de Fundación Impulso. Su diagnóstico sobre el Uruguay actual es contundente: el país necesita “transformaciones tremendas” para dejar atrás un estancamiento que, a su juicio, amenaza incluso su capacidad de atraer inversiones.

Para el abogado experto en derecho comercial, bancario y societario “venir a invertir en Uruguay, estando todo el planeta a disposición, es un milagro”. De acuerdo con Herrera, Uruguay necesita asumir una mirada menos complaciente sobre su desempeño. El país suele compararse con sus vecinos y exhibir una posición relativamente favorable en América Latina, pero esa comparación puede resultar engañosa. “Cuando nos comparamos con los vecinos, es peor, porque nos estamos comparando muchas veces con los que eran los peores de la clase”, señaló.

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Nicolás Herrera y Javier de Haedo
Universidad Católica del Uruguay

A su juicio, el desafío es mucho mayor: Uruguay debería aspirar a dar un salto de calidad similar al que lograron otras economías pequeñas, entre ellas Irlanda, Nueva Zelanda y algunos países asiáticos.

Una buena posición regional que no alcanza

Herrera cuestionó la lectura excesivamente optimista de algunos indicadores. Que Uruguay se ubique en una buena posición dentro de América Latina no necesariamente significa que sea suficientemente atractivo para competir por inversiones a escala global.

“¿Qué quiere decir” estar en la mitad de tabla?, planteó. Y puso como ejemplos el crecimiento de alrededor de 1,5% y una inversión equivalente al 15%-16% del Producto Interno Bruto (PIB). Para el abogado, esos números muestran que el país todavía está lejos de ser suficientemente atractivo.

En ese contexto, defendió el uso de las exoneraciones fiscales como herramienta para atraer determinadas inversiones, aunque reconoció que puede ser necesario revisar su duración y diseño. A su entender, instrumentos vinculados a la forestación, las zonas francas y la industria del software han tenido un impacto muy importante sobre la economía uruguaya.

El punto, sostuvo, es entender qué ocurre cuando al sector privado se le permite desarrollar su potencial. “El poder que tiene el sector privado cuando los dejan trabajar”, resumió.

También destacó la aparición de un nuevo empresariado, particularmente vinculado al software y a la economía digital. Jóvenes que crean empresas, fracasan, vuelven a intentarlo y pueden construir compañías de alcance internacional. Para Herrera, esa “energía juvenil” es un fenómeno novedoso y de gran valor para Uruguay.

“Los problemas de los países empiezan con el Estado”

Desde su perspectiva liberal, Herrera fue especialmente crítico con el funcionamiento del Estado. “Los problemas de los países empiezan con el Estado”, afirmó, en referencia al peso del gasto público y a las dificultades para alcanzar mayores niveles de eficiencia.

Pero su crítica no se extiende a la institucionalidad uruguaya. Por el contrario, destacó como una de las principales fortalezas del país la estabilidad jurídica y la ausencia de corrupción que ha percibido durante décadas de ejercicio profesional.

“Me enorgullezco de nunca haber tenido delante un funcionario público que insinuara siquiera algo que fuera parecido a la corrupción”, sostuvo. Para Herrera, esa característica debe preservarse. El problema es que una buena institucionalidad es una condición necesaria, pero no suficiente para generar el crecimiento que Uruguay necesita.

La educación, el principal desafío

El gran eje de la entrevista fue la educación y, en particular, la experiencia de Fundación Impulso, institución que Herrera ayudó a crear y que preside.

Impulso funciona en Casavalle como una institución educativa laica, gratuita, de gestión privada y habilitada por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Tiene actualmente unos 1.360 alumnos y combina educación de tiempo extendido con alimentación, inglés, deportes y un equipo de bienestar integrado por profesionales de distintas áreas.

Herrera utilizó los resultados de las pruebas PISA para plantear una paradoja: Uruguay obtiene resultados relativamente buenos cuando se lo compara con América Latina, pero presenta niveles de inequidad educativa particularmente preocupantes. “Somos el país con más inequidad educativa de toda Sudamérica”, afirmó.

El dato que más lo preocupa, sin embargo, es la cantidad de jóvenes que no completa la educación media. “Al 50% de nuestros chicos que no terminan bachillerato los estamos perdiendo”, sostuvo.
En ese sentido, para Herrera el debate no debería concentrarse únicamente en los resultados de las pruebas internacionales, sino en la capacidad del sistema para lograr que los estudiantes permanezcan dentro de las instituciones educativas y culminen su formación.

El “experimento” de Impulso

El caso de Impulso, según Herrera, demuestra que el origen socioeconómico no tiene por qué determinar el destino educativo de un niño. La institución logra que alrededor del 82% de sus estudiantes termine el bachillerato, según explicó, mientras que en el entorno de Casavalle la proporción de jóvenes que completa ese nivel educativo es sustancialmente menor.

Uno de los argumentos centrales del presidente de Impulso es que este tipo de experiencia no necesariamente requiere un mayor gasto público. Según los cálculos que maneja la fundación, su costo por alumno es aproximadamente 15% inferior al de la educación pública comparable, aunque Herrera reconoció las dificultades para realizar una comparación estrictamente equivalente debido a las diferencias entre las modalidades y los tiempos educativos.

La discusión, entonces, no sería solamente cuánto dinero se destina a la educación, sino cómo se gestionan esos recursos. Herrera rechazó que su planteo implique una defensa de la privatización de la educación. “Yo querría que la educación pública hiciera que Impulso no fuera necesario”, afirmó. Su aspiración es que la experiencia pueda ser tomada como referencia y eventualmente replicada en otros barrios vulnerables.

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Nicolás Herrera y Javier de Haedo.
Universidad Católica del Uruguay

“Si hubiera ocho o diez liceos como este, cambiábamos el Uruguay”

El financiamiento de Impulso depende en buena medida del régimen de donaciones especiales, mediante el cual empresas realizan aportes a proyectos educativos y reciben beneficios fiscales. Herrera explicó que unas 60 empresas contribuyen actualmente a la institución, aunque cada año deben volver a realizar esfuerzos para sostener el financiamiento.

En ese punto también cuestionó las resistencias que, según entiende, existen desde sectores sindicales hacia este tipo de iniciativas. Aclaró, sin embargo, que no considera que se trate necesariamente de una cuestión ideológica y reivindicó el trabajo de los docentes que trabajan en Impulso.
Para Herrera, el objetivo final no es que Impulso se convierta en una excepción exitosa, sino que deje de ser una excepción.

“Si pudiéramos hacer algo parecido, por lo menos en estos barrios, con 10, 8 o 6 liceos de estos en Cerro Norte, Malvín Norte y Casavalle, cambiábamos el Uruguay”, afirmó. Para Herrera, el país tiene instituciones sólidas y recursos suficientes, pero necesita modificar la forma en que utiliza esas fortalezas. Y la educación aparece, en su visión, como el punto donde esa transformación puede ser más decisiva: evitar que el lugar donde nace un niño determine las oportunidades que tendrá durante el resto de su vida.

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