La empresa de capitales españoles, ucranianos y uruguayos Pesquerías Belnova (exfilial de Pescanova en Uruguay) decidió poner la firma a la venta tras cinco años de haberla comprado. La empresa se encuentra a la venta mediante un aviso en Albino Morán Partners Shipbrokers, un portal especializado del sector, que establece que se vende el 100% de las acciones lo que es "una oportunidad única para adquirir una empresa pesquera uruguaya líder", según informó el portal español Faro de Vigo y confirmó El País. Esto no sorprendió al presidente de la Cámara de la Industria Pesquera, Juan Riva-Zucchelli, quien viene reclamando mejoras jurídicas y económicas para el sector y afirmó a El País que “falta voluntad política” para ello.
Belnova pertenece a las empresas gallegas Moradiña, Pesquerías de Bon y Azimut, a la uruguaya Agencia Marítima Barros Lersol y la ucraniana Klion Group. En 2021 adquirió a la firma por US$ 12 millones. Luego realizó inversiones por las que actualizaron su barco Río Solís II, y en 2024 compraron otro barco pesquero y lo renovaron (bautizado como Río Solís IV) para sustituir al Río Solís III, indicó el portal español.
La empresa señala en su página web que opera desde 1974 en Uruguay en la captura y procesamiento de especies clave como la Merluza Argentina, Hoki / Merluza de Cola, Brótola, Pota y Rubio. "En 2021, un consorcio de cinco empresas líderes impulsó una nueva etapa en Pesquerías Belnova. Con una inversión de más de US$ 40 millones, modernizamos nuestra flota y operaciones", remarca.
Riva-Zucchelli dijo a El País que se enteró de la noticia de la venta de Belnova –que es miembro de la cámara- por la prensa española, pero que “la veía venir” porque la inseguridad en temas laborales del sector, los altos costos y varias regulaciones están haciendo "inviable la pesca en Uruguay" -según dijo-, una preocupación compartida por las empresas de la industria, si bien todavía no había hablado directamente con la empresa.
En tanto, otras fuentes del sector apuntaron que la clave para decidir la venta fue el conflicto sindical el año pasado que paralizó durante meses toda la flota pesquera en Uruguay y que otro factor de preocupación han sido las prospecciones sísmicas 3D que aprobó el gobierno uruguayo.
Estas, básicamente, consisten en explosiones de aire en muy altos decibeles y con sensores para identificar si hay posibilidades de encontrar petróleo y gas en el fondo del mar; un proceso que sostienen en el sector ahuyenta a los cardúmenes y afecta a las crías de peces, y por ende a los volúmenes de pesca.
Consultado al respecto, Riva-Zucchelli afirmó que “hay otras formas para buscar petróleo sin tanta afectación a la biodiversidad, nos hablaron de compensaciones pero no alcanza con eso. Las prospecciones son catastróficas. Esto se irá traduciendo en cada vez menos puestos de trabajo”.
Un comentario entre las empresas del sector, es que los dos barcos de Belnova son muy buenos, pero los posibles interesados en comprar saben lo que está pasando en el país, en referencia a los problemas que ha enfrentado el sector, principalmente conflictos sindicales prolongados.
Según datos de la cámara, hace 20 años existían en Uruguay unas 30 plantas pesqueras (que procesan el pescado) y actualmente hay solo seis. Y hace unos 15 años, había 120 barcos en esta industria y actualmente suman 53. Hoy también hay 11 armadoras, tanto de capital nacional, extranjero o mixto.
Como el consumo de pescado en el país es bajo, la medición sobre la productividad del rubro se mide básicamente por las exportaciones, que en el año 2025 estuvieron en el orden de US$ 130 millones. Hace una década atrás, llegaron a los US$ 230 millones y con un amplio margen no explotado, según Riva.
“Hay estudios de que se podría llegar a exportar US$ 400 millones o US$ 500 millones al año, pero se fomenta la industria de la carne vacuna y de la forestación, pero no ésta”, señaló.
Riva-Zucchelli considera que existe, por parte de algunos representantes del gobierno, la voluntad por revitalizar la industria, pero que en los hechos “no se ha hecho nada” y que varias medidas económicas para impulsar al sector que se habían dado, no se renovaron.
Destacó como reclamos los altos costos de los permisos de pesca al año, las medidas burocráticas de los trámites exigidos, las inspecciones “lentas” de los barcos, las tasas de primas de seguros de accidentes de trabajo (que están entre las más altas del país, señaló), las jubilaciones bonificadas que nunca se resolvieron y que “esa plata no llega al trabajador, sino que termina en el Banco de Previsión Social (BPS)”, la presencia de cables submarinos que afectan la actividad, entre otros. Sí confirmó que la rebaja del valor de la energía se renovó para el sector.
“El decreto que regula la actividad pesquera tiene 30 años y no se ha cambiado”, redondeó Riva-Zucchelli, recordando que el sector tuvo un gran impulso hace 50 años y que el potencial (por el buen alimento que llega para los peces al Río de la Plata, entre otros factores favorables) sigue estando y se valora en el exterior, donde la demanda de proteínas está en aumento, pero que no se puede aprovechar en el país.
El presidente de la Cámara de la Industria Pesquera mostró ciertas expectativas sobre la nueva ley de “desempapelamiento” que anunciaron el presidente de la República, Yamandú Orsi y el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone esta semana, pero afirmó que las medidas no solo tienen que ser económicas sino de “mayor voluntad política” para aprovechar más las riquezas del mar.
“Es increíble estar de espaldas al mar”, concluyó, agregando finalmente que el consumo interno de pescado es solo de 6 kilos por persona al año, cuando el promedio mundial es de 20 kilos por persona.