Un atentado que la Fiscalía investiga como “terrorista racista” costó la vida a una persona ayer viernes en las afueras de París y heridas a otras cinco y agitó la vida política francesa en medio de las tensiones por las revueltas en varias ciudades y en plena precampaña para las presidenciales del año próximo.
Un individuo armado con una metralleta de tipo Sten disparó varias ráfagas en diferentes puntos de Trappes y La Verrière, poblaciones de alto porcentaje de inmigrantes.
Identificado como Kévin T., nacido en 1987 y con antecedentes policiales, aunque no por radicalismo, fue arrestado minutos más tarde en la vecina localidad de Coignières por agentes de la Brigada Anticriminalidad. La mayor parte de las víctimas fueron heridas de gravedad, incluida una niña de doce años que recibió ocho impactos de bala.
La Fiscalía Antiterrorista señaló enseguida el carácter racista de la acción y puso de manifiesto su premeditación. El sospechoso había preparado en su domicilio un artefacto explosivo casero, con tres bombonas de gas conectadas a un temporizador, aparentemente para hacerlo explotar cuando los agentes acudieran a registrarlo. Aunque por ahora se desconoce si actuó en solitario, la Fiscalía indicó que ha arrestado a un familiar cercano al sospechoso.
El presidente francés, Emmanuel Macron, acudió ayer al lugar del atentado, que consideró “un punto de inflexión”: “Es la primera vez en nuestro país que se comete un acto terrorista planificado para matar a nuestros compatriotas, a nuestros niños, solo por su color de piel o por su supuesta religión”.
“No vamos a ceder ante las ideas que se instalan que justifican este tipo de comportamiento o que crean la atmósfera que puede justificarlos”, dijo el presidente, que envió un mensaje de apoyo a la población de origen inmigrante: “Son franceses, son la juventud de Francia y esa es nuestra suerte. No bajen la cabeza, el país los apoyará”.
Los principales candidatos a suceder a Macron el próximo año también condenaron el atentado. La ultraderechista Marine Le Pen, primero en intención de voto según las encuestas, dijo: “Los primeros elementos de la investigación sobre el asesinato y los intentos de asesinato de Trappes revelan un acto criminal de naturaleza terrorista agravado por el móvil abyecto del racismo. La justicia deberá ser implacable”.
“El racismo mata”, aseguró el líder izquierdista radical Jean-Luc Mélenchon, uno de los que podría pasar al balotaje para definir con Le Pen.
El atentado en Trappes y La Verrière conmocionó estas ciudades situadas al suroeste de París, máxime cuando el hombre atacó a personas de orígenes migrantes africano o magrebí.
El alcalde de Trappes, Ali Rabeh, explicó que “la persona fallecida es de origen africano y (una) persona en estado crítico es de origen magrebí”, y denunció un ataque “racista” e “islamófobo”.
Amenaza elevada. Por su parte, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, consideró ayer viernes que el nivel de amenaza en Francia por las manifestaciones organizadas para este sábado sigue siendo “elevado” por elementos de “ultraizquierda”, tras los disturbios y actos vandálicos registrados hace una semana.
“La amenaza sigue elevada mañana por la ultraizquierda. La vigilancia también se centrará en la delincuencia porque aprovecha los disturbios”, alertó Lecornu en Limoges, en el suroeste del país, donde acudió a conocer de primera mano los daños registrados en el incendio del Ayuntamiento de la ciudad el pasado sábado.
Lecornu aseguró que han sacado las lecciones de los disturbios del pasado sábado y adaptarán las medidas para evitar que se repitan.
Despliegan 70.000 policías para evitar nuevos disturbios
El gobierno francés anunció ayer viernes el despliegue de 70.000 policías y gendarmes para evitar nuevos desórdenes durante las protestas sociales previstas hoy sábado. Francia vivió el pasado sábado uno de los episodios de violencia urbana más importantes de los últimos años, seis meses antes que los franceses elijan al sucesor del presidente centroderechista Emmanuel Macron.
Los desórdenes se produjeron en los márgenes de manifestaciones multitudinarias para denunciar el encarecimiento de la vida, a llamado del movimiento de los “Chalecos Amarillos”, al que se sumaron los estudiantes que reclaman desde finales de septiembre mejores condiciones en los liceos.
Ambos convocaron nuevas protestas hoy sábado. Para evitar nuevas escenas de caos, que dieron la vuelta al mundo, el gobierno prometió un despliegue policial “masivo”. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, anunció la movilización de 70.000 policías y gendarmes, así como una veintena de blindados de la gendarmería, 15 camiones con cañones de agua, helicópteros, drones, etc.
“Constatamos que hay numerosos llamados procedentes del movimiento de la ultrazquierda y de la extrema izquierda radical (...) a cometer abusos” y “saqueos”, declaró. “Seremos intransigentes”, agregó. EFE, AFP