Teorías falsas que circulan contra el uso de los tapabocas por la pandemia del COVID-19

La eficacia del tapabocas contra el COVID-19 está probada. Foto: AFP

LA LUCHA CONTRA EL VIRUS

Algunas de las teorías son que provocan déficit de oxígeno, que desarrollan hongos que causan infecciones y que dejan pasar el coronavirus, entre otras.

Demasiado porosas para retener el coronavirus o al contrario susceptibles de provocar asfixia. Estas y otras teorías sobre los tapabocas siguen exponiéndose en las manifestaciones contrarias a su uso, pese a haber sido desmontadas su eficacia para disminuir los contagios por muchos científicos desde hace meses.

La falsa idea de una “hipoxia” -déficit de oxígeno- es una de las más extendidas. Algunas publicaciones en las redes sociales afirman incluso que las mascarillas pueden matar. Sin embargo, como explicaron numerosos médicos a la agencia AFP, “la mascarilla no es un circuito cerrado, deja pasar el oxígeno”, subraya por ejemplo el doctor Yves Coppieters, médico epidemiólogo y profesor de salud pública en la Universidad Libre de Bruselas.

En cambio puede dar una “sensación de incomodidad, que provoca a la vez una impresión de ahogo, pero es psicológico. En el caso de una persona con buena salud, (los tapabocas) no impide efectuar actividades diarias con normalidad”, agrega Coppieters.

A esta idea se suma la teoría muy popular de que con ella uno respira su propio CO2. Pero, “como no es un circuito cerrado”, “casi todo el aire expirado se escapa”, explica Shane Shapera, director del programa de enfermedades pulmonares del hospital público de Toronto (Canadá).

Otros datos falsos.

“Las infecciones fúngicas graves son raras”, explica Françoise Dromer, responsable de la unidad de Micología Molecular y del Centro Nacional de Referencia de Micosis invasivas y antifúngicas del Instituto Pasteur de Francia. “En las condiciones de uso recomendadas, es imposible que se desarrollen hongos en el interior de una mascarilla”, dice.

“Para que una mascarilla se pudriera, habría por ejemplo que dejarla húmeda en una habitación llena de moho o en un compost, durante semanas”, agrega Dromer, recordando que esta deba cambiarse cada cuatro horas.

Como “los seres humanos tienen bacterias normales en su boca y sus fosas nasales”, “cuando hablamos expulsamos gotitas de saliva y puede ser que haya hongos y bacterias que se queden en la mascarilla”, explica Daniel Pahua, profesor de salud pública de la Universidad Nacional Autónoma de México. Pero “la mayoría de estos agentes no provocan enfermedades, porque son bacterias que (ya) tenemos en la boca” normalmente, subraya.

Niños con tapabocas toman distancia antes de ingresar a una escuela. Foto: AFP
Niños con tapabocas toman distancia antes de ingresar a una escuela. Foto: AFP

La teoría según la cual las mascarillas dejan pasar los virus porque los agujeros del entramado son mayores que los virus también es muy popular.

Primeramente, “el tamaño de la partícula viral no es pertinente. Es el tamaño de las gotitas que contienen el virus lo que cuenta” y las mascarillas las filtran de sobras, explica el doctor Julian Leibowitz, profesor de inmunología microbiana de la Texas A&M University.

Por otro lado, la mascarilla quirúrgica no funciona como un colador sino que filtra según otros príncipios físicos como el efecto de la inercia y la captura electroestática, de manera de frenar al máximo las gotitas, incluso las pequeñas, según Jean-Michel Courty, profesor de física en la Univesidad de la Sorbona de París e investigador en el laboratorio Kastler Brossel.

Y “las mascarillas no necesitan ser eficaces al 100% para tener un papel significativo en la ralentización de la epidemia”, apunta el virólogo Benjamin Neuman, de la Texas A&M University.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) las considera una medida eficaz para limitar la propagación, además de la distancia física y del lavado de manos. Y más cuando se llevan masivamente, puesto que sus portadores se protegen mutuamente.

Contraria a la ley “antiburka” en Francia. Esta afirmación es falsa porque la ley francesa de 2010 que “prohíbe disimular el rostro en el espacio público” prevé que esto “no se aplique cuando ha sido prescrito o autorizado por dispositivos legislativos o reglamentarios” y precisa incluso su excepción, “por motivos de salud”.

Además, según explica el constitucionalista francés Didier Maus, “la mascarilla no disimula todo el rostro”.

El conjunto de artículos de verificación de AFP sobre el COVID-19 son consultables en este link.

Argentina: indignación por quema de tapabocas

Un grupo de personas anticuarentena se reunieron en el Obelisco de Buenos Aires para protestar e hicieron una quema de mascarillas que generó indignación en las redes sociales.

Al grito de “quema de barbijos” y “no a los barbijos”, los manifestantes se grabaron arrojando los barbijos al fuego. El video se viralizó rápidamente en Twitter y el canciller argentino los trató de “primitivos, autodestructivos y mezquinos”. “Quemar barbijos y exhortar a quemarlos es primitivo, autodestructivo y mezquino. Pone en riesgo a los demás y es una falta de respeto al personal de salud que arriesga su vida todos los días”, escribió Felipe Solá.

Como Solá, muchos usuarios también criticaron a los manifestantes, haciendo referencia a la dramática situación que vive el sistema sanitario en el país y las advertencias que la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva hizo días atrás. “Los médicos, enfermeros, kinesiólogos y otros miembros de la comunidad de terapia intensiva sentimos que estamos perdiendo la batalla. Sentimos que los recursos para salvar a los pacientes con coronavirus se están agotando. La mayoría de las unidades del país se encuentran con un altísimo nivel de ocupación. Los recursos físicos y tecnológicos son cada vez más escasos”, explicaba esta gremial médica. (La Nación/GDA)

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