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Tapabocas: las claves de vivir enmascarados

Un pequeño cambio que tiene impacto directo en la vida social, cubrirse el rostro pasó a ser la norma, ¿qué consecuencias tiene?

Un retrato de Edgar Allan Poe vigila la escena cotidiana: el tapabocas en todos los ámbitos.
Un retrato de Edgar Allan Poe vigila la escena cotidiana: el tapabocas en todos los ámbitos.

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Una sonrisa
puede trasmitir muchas cosas: afecto, cortesía, ironía, e incluso desdén. Esos mismos labios fruncidos pueden transmitir tristeza, desazón, contrariedad. Y quien aprecie el gesto no tendrá muchas dudas de qué cosa exactamente significa. Son años de entrenamiento en descifrar las expresiones faciales. Pero, de pronto, llegó el tapabocas (y narices, no olvidar) y todo cambia.

El uso de barbijo se convirtió en el pasaporte al desconfinamiento luego del primer embate de la pandemia. La tríada de medidas recomendadas por médicos y científicos no deja margen a dudas: tapabocas, distancia física y lavado de manos. De las tres, el uso de una máscara es la que termina por enrarecer el ambiente y coloca un nuevo desafío para la vida en sociedad.

Y, tal vez porque está construido con el mismo material (tela), el tapabocas se convierte, entre otras cosas, en una bandera. Activistas antisistema de extrema derecha y de extrema izquierda enarbolan su rechazo al tapabocas como el mayor símbolo de protesta. De todos los colaterales del uso de este adminículo este es por lejos el más inesperado.

Los barbijos de diseño comienzan a ser cada vez más buscados.
Los barbijos de diseño comienzan a ser cada vez más buscados.

Lo cierto es que en el lento reenganche con la vida dentro de la “nueva normalidad” el barbijo se va imponiendo. De manera despareja, es cierto. Basta salir a una transitada calle céntrica para advertir que muchos se resisten a usarlo y no por posturas militantes, sino simplemente porque es una molestia que no están dispuestos a incorporar a sus vidas, por más que insistan médicos y científicos.

Otros, en cambio, tratan de que el barbijo se convierta en una prenda de buen gusto. De hecho, algunas grandes marcas y diseñadores de ropa advirtieron el filón y comenzaron a preparar tapabocas que hacen de la pandemia el mejor momento para la elegancia.

Lo cierto es que el tapabocas se introdujo en la vida social como un velo que deja súbitamente obsoleto aquel refrán que decía “se ven caras y no se ven corazones”. Una nueva incógnita que Revista Domingo propone ver a través de la psicología social, el lenguaje corporal y, por supuesto, la medicina.

Pese a la aparente rareza del uso del accesorio algunos especialistas consultados insisten en que no debemos verlo como otra representación de una realidad distópica. Más bien se trata de la respuesta a una nueva realidad.

El accesorio comenzó a entrar en la vida cotidiana a partir del desconfinamiento.
El accesorio comenzó a entrar en la vida cotidiana a partir del desconfinamiento.

TRADICIONES Y SÍMBOLOS. “El uso de mascarillas faciales o barbijos actualiza experiencias históricas y tradiciones culturales muy diversas”, apunta el psicólogo social y autor de varios estudios Juan Fernández Romar.

El especialista recuerda las máscaras con picos de ave que utilizaban los médicos allá por los siglos XVII y XVIII durante las devastadoras pandemias de “peste negra” y “peste bubónica” que asolaron a Europa en esas épocas. Esas máscaras tenían filtros aromáticos para mitigar los efluvios nauseabundos de los cuerpos de los pacientes, “esas emanaciones fétidas que transmitían enfermedades según la teoría miasmática que antecedió al descubrimiento de la vida microscópica”.

Pero el uso de barbijos se extendió a principios del siglo XX cuando la llamada “gripe española” hizo estragos en el mundo durante 1918.

“No se puede considerar el uso de máscaras faciales como una práctica disociada de las otras que la acompañan como, por ejemplo, el mantenimiento de la distancia social o el evitar el apretón de manos”, señala Fernández Romar.

Sin embargo, el uso de estas medidas combinadas tiene un impacto directo sobre la vida social. Muchas de nuestras costumbres están cambiando en este preciso momento y aún no sabemos qué consecuencias permanentes podrán acarrear sobre la vida en sociedad en un futuro inmediato.

Junto a la distancia física y la higiene de manos es el mejor medio probado en la pandemia.
Junto a la distancia física y la higiene de manos es el mejor medio probado en la pandemia

“Mascarilla, distancia social, evitar el apretón de manos constituyen cambios que, de continuar, van a introducir modificaciones afectivas y simbólicas en los modos de convivencia”, apunta el experto consultado.

Este conjunto de medidas sanitarias apuntan directamente a las relaciones sociales y obligan a cambios drásticos para los que, precisamente, la vida moderna no parecía preparada.

“Tal vez un aspecto más negativo radique en la intensificación de la distancia social generada por el rostro cubierto aunque no se trate solamente de eso sino también del conjunto de restricciones en el contacto físico -reflexiona Fernández Romar-. Evidentemente que de prolongarse e institucionalizarse en el tiempo va a modificar el lazo social ya que aumenta la distancia afectiva y simbólica en todos los intercambios y comunicaciones cara a cara que realizamos”.

El ocultamiento parcial del rostro, señala asimismo el experto, también puede dar lugar a otros efectos negativos: reduce la capacidad de empatía con el otro y minimiza la comunicación no verbal.

LENGUAJE CORPORAL. Buena parte de nuestra comunicación es, precisamente, no verbal. La importancia del lenguaje corporal es tal que se ha convertido en una disciplina científica, especialidad que ejerce el psicólogo clínico y catedrático Luis Gonçalvez Boggio.

“Tapar parte del rostro en la vida cotidiana nos puede llevar a un mayor estado de desconexión vincular, pero no necesariamente esto sucede con el uso del barbijo, sino que depende de otras variables”, señala el experto.

Ocultar el rostro puede tener también rasgos positivos, observa Gonçalvez Boggio. “El tapar parte del rostro puede ser también una fuente de seducción y/o de curiosidad, de qué hay detrás de esa máscara”, apunta.

Y aquí se encuentran algunas de las claves de esa comunicación no verbal que se hallan en juego. “Dos de los componentes claves de nuestro sistema de conexión social son el contacto ocular a través de la expresión de nuestros ojos y el uso de la voz y su modulación a través de la prosodia, la musicalidad de nuestra voz. Nuestra capacidad de relacionarnos puede estar determinada por lo que expresa nuestra mirada a través de los ojos y por la capacidad de utilizar la prosodia de nuestra voz. Tanto la voz como la mirada comunican una gran cantidad de información, incluso información emocional, y esta no está afectada necesariamente por el uso del barbijo”, explica.

El experto señala, asimismo, que una de las expresiones que sustrae el barbijo de manera irremisible es la sonrisa. Y ello tiene especial relevancia en los niños. En este sentido, Gonçalvez Boggio señala al investigador René Spitz quien argumentó acerca de la sonrisa como “uno de los principales organizadores del psiquismo en el primer año de vida”. Algo parecido apuntó el pediatra Eduardo Regueira en su cuenta de Twitter cuando aseguró que el uso de tapabocas tenía consecuencias inmediatas en sus pequeños pacientes: “El llanto en consulta aumentó un 510%”, escribió.

Y la afirmación parece tener un sustento científico. Gonçalvez Boggio expone esta explicación: “En una sonrisa genuina los ojos se cierran ligeramente, las mejillas se elevan y surgen unas pequeñas arrugas alrededor de los ojos, dándole vida al rostro. Una sonrisa genuina transmite neurocepciones de seguridad al sistema nervioso autónomo de cualquier persona que se encuentre cerca, y la invita a acercarse, a comunicarse”.

Pero la interpretación de una sonrisa está lejos de ser lineal. Cuando es apenas un instrumento de cortesía sus características son bien distintas y también pueden serlo sus significados más profundos.

“En una sonrisa social, no hay movimiento en la parte superior de la cara, los ojos no se arrugan, no se mueven ni el músculo cigomático, ni el músculo orbicular), y en lugar de dar una expresión de bienvenida o de anhelo de contacto, se puede expresar, por el contrario, alerta, desconfianza o advertencia”, señala el experto en lenguaje corporal.

Estas complejas operaciones de decodificación corren casi exclusivamente a cargo del sentido de la vista. “Nuestros ojos (nuestro sistema nervioso autónomo, en realidad), está permanentemente buscando señales de seguridad para poder interactuar amablemente con los otros”, señala el psicólogo.

Y parece estar en nuestra naturaleza el mecanismo compensatorio -ese que ocurre en casos extremos, como cuando se pierde el uso de un sentido y se fortalecen los restantes-, por ello la mirada intensifica toda su capacidad de observación y ayuda a mitigar molestas sustracciones como el tapabocas.

“Cuando estamos interactuando con barbijos, parte de nuestra expresión corporal del rostro se pierde, lo que intensifica la calidad del contacto de la mirada, por ejemplo”, observa el experto.

El encuentro con la mirada del otro está cargado de significaciones, cuando unos centímetros más abajo está colocado el tapabocas. “Si esta invita a interactuar, si es fija y concentrada, fuerte y tierna, cálida y acogedora, o, por el contrario, si es neutra o evitativa, sin transmitir mucha información y con poca carga”, ilustra Gonçalvez Boggio.

Algo similar ocurre con el sentido del oído que buscará interpretar las señales sonoras detrás de la mascarilla. “Los sonidos y las verbalizaciones que emitimos, por detrás de los barbijos, contienen señales de seguridad o de peligro, de atracción o de rechazo, por ejemplo”.

¿UN FUTURO ENMASCARADO? Es previsible que el uso de tapabocas no se prolongue más allá de la existencia firme de una vacuna. Sin embargo, algunos científicos ya advierten que habría que pensar en este accesorio como de uso permanente. Y ello plantea nuevos desafíos.

“Nuestra sobrevivencia depende de las grupalidades que podamos construir, de la posibilidad de estar conectados socialmente y de la necesidad de estar en contacto afectivo”, apunta Gonçalvez Boggio. Y, al mismo tiempo, descree de la posibilidad de pasar a vivir en una distopía como la de 1984 de George Orwell, o El Mundo Feliz, de Aldous Huxley. “Es una medida absolutamente transitoria, sanitaria y solidaria”, agrega.

Más cauto, Fernández Romar observa con cierta inquietud la posibilidad de que el tapabocas no desaparezca tan rápido. “Evidentemente que, de prolongarse e institucionalizarse en el tiempo, va a modificar el lazo social, ya que aumenta la distancia afectiva y simbólica en todos los intercambios y comunicaciones cara a cara que realizamos”. De momento allí está. Hoy mismo, antes de salir usted tendrá que chequear si lo lleva puesto. Vivir enmascarados, nuevas señas de identidad que comenzamos a aprender.

“No se puede discutir la efectividad de los tapabocas”

El uso de tapabocas está sustentado en una abundante investigación científica. Recomendado para todas las afecciones respiratorias, lo es aún más en el caso del coronavirus. “Es un virus respiratorio que contagia a través de las gotículas que se esparcen en el aire cuando tosemos, estornudamos y también cuando hablamos”, afirma la médica neumóloga Alejandra Rey, también consultada por Revista Domingo. Otro aspecto que tiene que ver con las ventajas del uso de tapabocas es la cantidad de personas asintomáticas de esta enfermedad, es decir, personas que no saben que están contagiadas. “No se puede discutir la efectividad de los tapabocas. A esta altura está más que demostrado. Es cierto que hay lugares donde son más efectivos que en otros, en lugares cerrados y con poca ventilación, por ejemplo, o de mucha concurrencia”, señala la especialista. Sumado al uso de barbijo la distancia física tiene un papel clave. “El otro tema demostrado es que es necesaria para prevenir una distancia física de unos dos metros, aproximadamente, ya que el riesgo es mucho menor de recibir una de esas gotículas”, explica Rey. Se ha discutido acerca del uso en la calle, pero la neumóloga cree que es recomendable siempre. “Es recomendable llevarlo también en la calle, aunque en espacios abiertos haya menos riesgo. Por ejemplo, si yo voy caminando sola por una playa donde no hay más personas, puedo ir tranquilamente sin tapabocas. Pero si voy caminando por la calle no siempre puedo asegurar la distancia de los dos metros, por eso la mejor medida sigue siendo el tapabocas”, señala.

Los barbijos del MAPI

La diseñadora Natacha Ruth tomó las tradicionales máscaras indígenas para sus barbijos de colección.
La diseñadora Natacha Ruth tomó las tradicionales máscaras indígenas para sus barbijos de colección

El Museo de Arte Pre Colombino e Indígena (MAPI) tuvo la idea de elaborar tapabocas con estampados de las máscaras que conforman parte de su exposición permanente. “Cuando preparamos esta exposición, con las nuevas medidas, se nos ocurrió que una buena idea sería esta de una colección de tapabocas de diseño. Le pedimos a la diseñadora Natacha Ruth que nos elaborara estos barbijos con las imágenes”, dice a Revista Domingo el director del MAPI, Facundo De Almeida. Las máscaras pueden apreciarse (y también adquirirse) en la página de la tienda del museo (mapi.com.uy) “donde van a ver una foto con el tapabocas y la explicación sobre el tipo de máscara que representan y a qué periodo histórico corresponden”. Estas máscaras provienen de distintas culturas indígenas a lo largo de América Latina y pertenecen a la colección de Claudio Rama, donada al museo y ahora en exhibición.

Usos y malos usos del tapabocas

“El tapabocas permite el pasaje de oxígeno y la salida de anhídrido carbónico de un lado para otro, eso está estudiado”, afirma la neumóloga Alejandra Rey, derribando otro mito frecuente sobre el barbijo. Pero en el mismo uso del tapabocas parece haber toda suerte de malos entendidos. El accesorio debe cubrir tanto la nariz como la boca. Es frecuente ver personas que olvidan este punto y que lo utilizan mal. Asimismo, debe ser manipulado exclusivamente por las cintas o elásticos que lo sujetan de las orejas. Y si se trata de tapabocas de fabricación doméstica -se recomienda que tengan doble capa de tela y aún triple- se exhorta por su lavado con agua y jabón después de cada uso. Otros estudios señalan que no es recomendable que se baje la mascarilla para dejarla pendiente bajo la barbilla, ya que de esta manera el accesorio recogerá virus y bacterias que puedan hallarse en el cuello expuesto a estos microorganismos tal como lo están las manos, por ejemplo. Por ello se sugiere colocar y retirar siempre por los elásticos laterales.

El barbijo como bandera política

Tal como parece propio de esta época el tapabocas se convirtió en una bandera política. En algunos países europeos surgieron movimientos de protesta, vinculados tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda, que rechazan su uso. “La mascarilla nos priva de la mayor parte de nuestro oxígeno. Por eso, nos puede matar", afirma Maxime Nicolle, una conocida figura del movimiento de los chalecos amarillos, durante una reciente protesta en Francia.

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