La asunción de León XIV lo estableció como el 267° papa en la historia, aunque su origen no nació como una figura formal desde sus comienzos. San Pedro, un pescador que fue uno de los doce apóstoles de Jesús, es reconocido como el primer papa de la historia de la Iglesia católica.
Su designación lo colocó en posiciones de poder y liderazgo entre los primeros cristianos. Más aún tras la muerte de Jesús, donde tomó un rol clave para la expansión del cristianismo durante las primeras décadas.
No obstante, la figura del papa no se originó en base a una estructura formal como sucede en la actualidad. A pesar de la relevancia impuesta por San Pedro, durante las primeras autoridades a cargo, las comunidades continuaban siendo lideradas por obispos.
Sin embargo, tras una persecución por parte del emperador Nerón, San Pedro fue detenido y crucificado boca abajo. Según cuenta la tradición cristiana, esto ocurrió a pedido del propio San Pedro, ya que no consideraba merecedor de ser crucificado de la misma forma que lo había sido Jesucristo.
Qué impacto tuvo el Edicto de Milán en la consolidación del obispo de Roma
La tradición marca que tras su muerte en Roma, el obispo local comenzó a considerarse heredero de Pedro, argumento con el que comenzó a adquirir una autoridad especial. A pesar de que este reconocimiento se incrementó, esto no generó un impacto global en los primeros siglos.
El hecho que modificó realmente la visión del obispo de Roma fue el Edicto de Milán, en el 313 d.C., cuando el cristianismo se legalizó dentro del Imperio romano.
Más cercano en el tiempo, el papa León I en el siglo V fue uno de los que comenzaron a consolidar el rol, tanto religioso como político, de la autoridad que existe hoy. Desde entonces, esta figura fue evolucionando hasta transformarse en una de las instituciones más longevas y poderosas del mundo.