¿Qué está pasando entre Pakistán y los talibanes? Las claves del nuevo foco de tensión en Asia

La "guerra abierta" actual deja sin efecto el acuerdo de Doha (octubre de 2025): Afganistán debía frenar insurgentes y Pakistán cesar bombardeos transfronterizos.

Cinco años después de la llegada al poder de los fundamentalistas en Afganistán y de que Islamabad se convirtiera en su primer valedor internacional abogando por el reconocimiento de los talibanes, la escalada militar entre Pakistán y Afganistán han llevado a una guerra abierta entre los otrora aliados.

La ruptura de esta hermandad responde a la negativa de Kabul a neutralizar los santuarios insurgentes que desangran a Pakistán, una demanda muy similar a la que los sucesivos gobiernos afganos hicieron durante años a Islamabad con los entonces insurgentes talibanes en territorio pakistaní.

Con la guerra abierta se pone fin al último pacto de seguridad firmado en Qatar y transforma la disputa en la frontera en un polvorín: Islamabad es una potencia nuclear y los talibanes afganos tienen en sus manos el arsenal militar abandonado por Estados Unidos.

Estas son las claves para entender el estallido.

El pacto roto de Qatar

El actual estado de guerra entierra el acuerdo de seguridad firmado en Doha en octubre de 2025, un fallido intento de tregua donde Kabul se comprometió a neutralizar a los grupos insurgentes que operan desde su territorio a cambio de que Islamabad detuviera sus bombardeos transfronterizos.

El núcleo de esta ruptura es el Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), los talibanes pakistaníes, una facción ideológicamente idéntica a los gobernantes de Kabul que ha disparado la violencia insurgente en suelo paquistaní un 70% desde que sus aliados retomaron el poder en 2021.

La negativa de los talibanes afganos a enfrentarse a sus hermanos ideológicos pakistaniés ha empujado al mando militar de Islamabad a dar por agotada la vía del diálogo, optando por lanzar misiles directamente contra supuestos santuarios del TTP.

Un soldado pakistaní monta guardia en la frontera entre Pakistán y Afganistán en Chaman el 27 de febrero de 2026, tras un tiroteo transfronterizo nocturno entre ambos países.
Un soldado pakistaní monta guardia en la frontera entre Pakistán y Afganistán en Chaman el 27 de febrero de 2026, tras un tiroteo transfronterizo nocturno entre ambos países.
Foto: ABDUL BASIT/AFP

Los bombardeos preventivos de Islamabad

La escalada se desencadenó cuando la semana pasada Pakistán, superado por el goteo de bajas en su propio territorio por ataques insurgentes y dando por inútiles las exigencias a Kabul, lanzó una serie de ataques aéreos directos contra lo que la inteligencia de Islamabad identificó como campamentos clave del TTP dentro de Afganistán, una acción unilateral que cruzó la línea roja de la soberanía afgana.

Tras denunciar el gobierno talibán que estos bombardeos habían masacrado a población civil en lugar de a insurgentes, el Emirato (como se autodefinen los talibanes) lanzó ayer una respuesta armada sin precedentes contra las instalaciones militares paquistaníes en la frontera.

Aviones paquistaníes llevando a cabo ataques en la capital afgana.
Aviones paquistaníes llevando a cabo ataques en la capital afgana.
Foto: @iihtishamm

El contraataque utilizando el arsenal de Estados Unidos

Ejecutando este contragolpe y distanciándose de sus tradicionales tácticas de guerrilla, las fuerzas talibanes lanzaron anoche un asalto contra los puestos fronterizos vecinos desplegando comandos de élite equipados con visores nocturnos y armamento pesado abandonado por la coalición internacional en 2021, logrando desbordar las defensas de Islamabad mediante ataques quirúrgicos que forzaron la actual respuesta aérea sobre Kabul.

La deportación de refugiados

Agravando la crisis militar sobre el terreno, la tensión encontró su combustible social cuando Pakistán presionó la precaria economía afgana acelerando la expulsión forzosa de más de un millón de afganos instalados allí tras décadas de conflictos —que comenzaron al final de los años 70 con la invasión rusa de Afganistán—, una maniobra de castigo demográfico que terminó provocando el efecto contrario al encender un feroz fervor nacionalista.

La destrucción por la fuerza de la valla fronteriza

Alentados por este resentimiento, los combatientes de Kabul han transformado su histórico rechazo a la Línea Durand, la frontera impuesta por el Imperio Británico en 1893, en un frente activo, enviando maquinaria pesada para demoler el costoso vallado de seguridad levantado por su vecino, con la zona convertida en una trinchera que hoy arrastra a la región a una espiral de violencia. EFE

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