Las peticiones para mover el Guernica al País Vasco han generado en España una confrontación política en torno a esta obra insigne de Pablo Picasso cuando se acerca el 90 aniversario del bombardeo que refleja el cuadro durante la Guerra Civil española.
El ministro español de Cultura, Ernest Urtasun, dijo que su obligación es garantizar la protección del patrimonio, para lo que “hay que escuchar siempre a los técnicos”. El Museo Reina Sofía de Madrid difundió un informe de conservación de la obra en el que “desaconseja rotundamente” llevar el cuadro al País Vasco.
Reclamos del traslado
Todo empezó cuando el presidente del Gobierno vasco, Imanol Pradales, reclamó hace dos semanas que el cuadro más conocido de Picasso pueda dejar temporalmente el Museo Reina Sofía y sea mostrado en el Museo Guggenheim de Bilbao.
Sería para que forme parte de una exposición entre el 1 de octubre de este año y el 30 de junio de 2027 por el aniversario del bombardeo de Guernica, perpetrado el 26 de abril de 1937 por la aviación nazi e italiana en alianza con el franquismo durante la Guerra Civil española (1936-1939).
El Gobierno vasco trasladó la petición al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, asegurando que “este gesto tendría un alto valor simbólico” y contribuiría “a reforzar la memoria histórica y a proyectar, desde el presente, un mensaje claro en favor de la democracia, la libertad y la convivencia”.
“Solo hay una cuestión a responder: ¿Va a tener el Gobierno español la valentía política de traer el Guernica a Euskadi?”, dijo hace unos días Pradales, quien lamentó: “Sacaron a (el dictador Francisco) Franco de su tumba en el Valle de los Caídos ¿y no son capaces de traer un cuadro de Madrid a Euskadi?”.
Con motivo del 90º aniversario del bombardeo de Guernica, “estamos solicitando un traslado temporal” como “una reparación simbólica y política”, argumentó Pradales.
La presidenta de la región de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (Partido Popular), se unió al debate. Defendiendo que el cuadro se quede en Madrid, donde atrae a numerosos visitantes, Díaz Ayuso calificó las pretensiones vascas de “catetas” -rústicas, pueblerinas-, provocando el enfado de los dirigentes vascos. “Lo que no tiene sentido es ir al origen de las cosas según nos convenga, porque entonces llevamos toda la obra de Picasso a Málaga” ahondó Díaz Ayuso, de donde era oriundo el pintor.
Los riesgos
El Gobierno español, a través de su portavoz, Elma Saiz, aseguró ayer martes que su postura será “siempre respetar y analizar los criterios técnicos y profesionales”.
“En cuestiones como esta, hay que escuchar siempre a los técnicos y particularmente a aquellos que llevan más de 30 años cuidando la obra para conservarla como es debido”, dijo por su parte el ministro Urtasun en la sesión de ayer en el Senado.
Agregó que su “obligación como ministro es garantizar el acceso a la cultura, pero también garantizar la protección del patrimonio” y preservar la integridad del cuadro para que “pueda cumplir 90 años más y que siga explicando a las generaciones futuras el horror de la guerra y del fascismo que Picasso quiso denunciar”.
El Guernica “no es un cuadro cualquiera, es probablemente una de las obras más frágiles y complejas de conservar del siglo XX” y, según el ministro, “todos los técnicos y restauradores coinciden en el diagnóstico: no someter la obra a más estrés”.
El Museo Reina Sofía difundió un informe de conservación de la obra en el que “desaconseja rotundamente” el traslado por considerar que las vibraciones del mismo “podrían generar nuevas grietas, levantamientos y pérdidas de la capa pictórica, así como desgarros en el soporte”.
Este cuadro mide casi 8 metros de alto y casi 3,5 metros de ancho y refleja mediante rostros desgarrados, puñales rotos, bebés muertos y animales bramando el horror de la guerra, en el característico estilo cubista del español. Sin embargo, no sería el primer traslado de esta obra en blanco y negro, que Picasso pintó para que formara parte del Pabellón Español en la Exposición Internacional de París de 1937, en plena guerra civil.
De París, la obra circuló entre 1938 y 1939 por varias ciudades europeas como Oslo, Copenhague, Estocolmo, Londres o Liverpool.
Debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial, el artista decidió que la pintura quedara bajo la custodia del Museum of Modern Art de Nueva York pero, tras la victoria de Franco, Picasso renovó el préstamo del cuadro al MoMA por tiempo indefinido.
También entonces la obra fue exhibida en otras ciudades de Estados Unidos y de Alemania, fue llevada a una exposición de Picasso en Milán e incluso a la Bienal de San Pablo en Brasil.
La obra regresó a España en 1981, donde fue primero a la Casa del Buen Retiro en Madrid, y finalmente fue instalada en el Museo Reina Sofía, donde lleva más de 30 años y habilitaron una sala exclusivamente para ella, con bocetos de cómo la preparó Picasso.
Actualmente el Reina Sofía mantiene un programa donde pone a dialogar este cuadro con otras obras con ciertos paralelismos y que tiene como primera entrega la exposición paralela del llamado Guernica africano (1967) del sudafricano Dumile Feni, también en blanco y negro con rostros agonizantes y reses y caballos, que surge del contexto de violencia estatal institucionalizada del apartheid. EFE, AFP
Reclamo de la Villa Gernika
También el Ayuntamiento de GerniKa reclamó el traslado a la villa del cuadro de Picasso, con motivo del próximo aniversario del bombardeo, perpetrado el 26 de abril de 1937, y en homenaje a sus víctimas. El lienzo fue inspirado en la noticia de los bombardeos efectuados sobre la villa por la aviación alemana, de Francisco Franco contra la República.
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